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Finanzas # 678

Si no son las bandas, ¿qué?

Ocho economistas no apoyan el sistema, pero el Central sigue defendiéndolo

Édgar Delgado Montoya

El aumento abrupto del tipo de cambio entre el 10 y 16 de julio pasado (¢34 por dólar) empañó más la credibilidad del sistema de bandas entre un buen sector de economistas.

El régimen no le gusta a ocho de doce analistas consultados la semana anterior por EF, a pesar de que el Banco Central lo sigue defendiendo a morir.

Sin embargo, al consultarles sobre cuál alternativa podría adoptar el país para tratar de ganar credibilidad y tranquilizar a los inversionistas las respuestas son variadas.

De los doce entrevistados, cinco proponen continuar con las bandas, pero haciéndoles ajustes, para luego aplicar una flotación administrada; tres plantean regresar a las minidevaluaciones de forma temporal; a tres les gusta la dolarización y uno apoya la flotación libre de la moneda.

Cada régimen, al igual que las bandas, tiene techo de vidrio, por lo que su implementación requeriría de mucho análisis, algo que se ve factible a nivel académico, pero no a nivel político.

Entre los que rechazan las bandas están Alberto Trejos, Ronulfo Jiménez, Alberto Franco, Jorge Guardia, Alvaro Saborío, Luis Mesalles, Andrés Volio y Juan Muñoz.

Mientras tanto, Herman Hess, Isaac Castro, Carlos Arguedas y Eduardo Lizano (expresidente del Banco Central) aún le dan un voto de apoyo, pero sugieren cambios. Lizano favorece una discusión de otros régimenes.

El actual jerarca del Central, Francisco de Paula Gutiérrez, indicó que la entidad ya ha dado múltiples explicaciones sobre por qué escogió las bandas como un esquema de transición a una flotación administrada y que esas razones se mantienen hoy.

Confirmó que la meta es migrar a una flotación administrada a más tardar en el 2010.

Alternativas en el tapete

EF consultó a los doce economistas si creen que el sistema de bandas funciona para una economía como la nuestra y, si no es así, qué alternativa se puede aplicar.

Lizano, Castro, Arguedas, Saborío y Hess insisten en que es mejor continuar con las bandas, pero introducirle mejoras.

Entre ellas, darle más tiempo para que los agentes económicos se acostumbren a los cambios, ampliar más la banda para permitir la flotación de la moneda y permitir una mayor participación de intermediarios en el mercado cambiario para hacerlo más competitivo.

Saborío propuso, por ejemplo, dejar que el Central venda dólares directamente al público para evitar que los grandes intermediarios definan el precio con los requerimientos de sus clientes.

Otros plantean que los dólares que necesitan instituciones públicas como Recope sean subastados en el mercado y no solo manejados por el Central.

Trejos, Jiménez y Volio creen conveniente regresar a las minidevaluaciones para darle estabilidad al mercado, o estrechar más la banda para ir a un esquema similar. Sus detractores recordaron que este sistema favorece la dolarización (pues se hace predecible el tipo de cambio) y añade cierta inercia a la inflación.

Mientras tanto, Franco, Mesalles y Muñoz prefieren la dolarización, pues permitiría reducir la inflación y las tasas de interés.

En su contra está el hecho de que imponer el dólar como moneda de curso en el país que requeriría un cambio legal y algunos no ven factible su paso por la Asamblea Legislativa.

“Ese es un sueño de opio. No es realista”, aseveró Saborío.

Finalmente, Jorge Guardia prefiere caminar hacia una flotación limpia del tipo de cambio.

De momento, el Banco Central sigue casado con las bandas, a pesar de que sus críticos le ven muchos lunares.

Las bandas no gustan por...

Cuando se preguntó a los analistas porqué las bandas no funcionan en un país como el nuestro, el consenso es claro.

Dicen que nuestro mercado cambiario es muy pequeño y cualquier variación en la oferta o la demanda de divisas provocan variaciones abruptas en el tipo de cambio, además que hay participantes muy grandes cuyas transacciones pueden guiar al dólar en una dirección u otra.

Otros opinan que el sistema no ha fallado, pero sí el manejo por parte del Banco Central.

“Conceptualmente, ha sido un fracaso”, comentó Jorge Guardia.

“Se adoptó el sistema de bandas buscando una solución a un problema potencial y se terminó provocando un problema real. El cambio resultó ser un sacrificio insensato”, agregó Andrés Volio.

Gutiérrez respondió que la reciente reducción en el ancho de las bandas (aplicado el 16 de julio) da espacio para el desarrollo de mecanismos de estabilización (coberturas y la participación de más intermediarios en el mercado mayorista) y mantiene espacios para la fluctuación de la moneda cuando las condiciones macroeconómicas lo requieran.

Insiste en que el sistema requiere más tiempo y recordó que las bandas no son algo rígido sino que debe adaptarse a las condiciones económicas.

Habrá que ver hasta dónde le alcanza el capital político del Central para seguir apoyando un sistema que cada día pierde más adeptos.

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