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Opinión

Artículos Edición # 678

Días duros, liderazgo claro

Nadie puede negar que vivimos días difíciles, que el futuro es incierto y que la crisis presente es de origen externo: el alza inusitada del precio del petróleo; el incremento en los precios de los alimentos, metales y minerales; y la debacle en los mercados inmobiliario y financiero de los EE. UU. y otros países desarrollados, son fenómenos sobre los que no tenemos ningún control pero que, en una economía globalizada, nos afectan de forma directa e intensa.
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Asamblea y reforma política

Constantino Urcuyo

Ingenuamente, algunos piensan que los problemas de la Asamblea Legislativa se resolverían con un nuevo reglamento. No obstante, el problema es más profundo y se relaciona con las funciones de la institución.

El reglamento regula una institución marcada por la estructura cambiante del sistema de partidos. Bajo el bipartidismo el reglamento funcionaba porque los acuerdos copulares adaptaban la normatividad a los hechos políticos; por el contrario, en el multipartidismo, los acuerdos son más difíciles, aunque no imposibles, tal como lo demostró el G-38.

El sistema de elección de los diputados y la no reelección restan autonomía a los legisladores y los sujetan a las dinámicas partidarias o de los poderes fácticos, en vez de a las bases electorales. La calidad de la representación debe mejorarse, eso daría más dinamismo a la asamblea: el problema es político.

Las reformas pueden agilizar el trabajo, si se conciben como reformas estratégicas, acordes con la realidad del multipartidismo. Por ejemplo, podría estudiarse el otorgamiento del uso de la palabra a los grupos parlamentarios y no al diputado, en debates calificados.

Por otra parte, el cambio debe involucrar a todas las fuerzas y no solo a los expertos, si no esas reformas no serán viables.

La redefinición de las relaciones entre el Ejecutivo y el Legislativo en temas como iniciativa de ley, las sesiones ordinarias y extraordinarias, la rendición permanente de cuentas del gabinete, la censura con separación del cargo para los ministros, la revocatoria del presidente y posibilidad de convocar a elecciones anticipadas redefinen las funciones de la institución, mejoran su responsabilidad, su capacidad de respuesta y aumentan la calidad de la representación.

Los problemas van más allá de un nuevo reglamento o del cambio de unos artículos del actual.

Estas reformas políticas son urgentes.



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