Scientia
Iluminación ¿“biológica”?
Rodrigo Gámez
En columnas anteriores hablábamos de la capacidad de algunos organismos terrestres y marinos de producir y emitir luz, mediante una reacción en la que la energía química es convertida a energía lumínica. Un fenómeno que los científicos denominan bioluminiscencia.
La bioluminiscencia se emplea ya como marcadora de ciertos genes y reacciones químicas. Cuando un gen marcado entra en acción o una reacción química de interés ocurre, el gen o el producto de la reacción se iluminan. Así se ubican los genes o se sabe que una determinada reacción ocurrió.
La imaginación de algunos biotecnólogos es ahora estimulada por la necesidad de encontrar nuevas fuentes energéticas baratas, amigables con el ambiente. Por eso piensan que la bioluminiscencia podría ayudar a ahorrar energía eléctrica.
Las herramientas científico-tecnológicas para hacer modificaciones genéticas en seres vivos existen y se emplean para diversos fines. Es posible transferir a otras especies la información genética que le permite producir luz a luciérnagas y otros organismos. En Asia, se hizo luminiscente, para fines comerciales, un lindo pez de acuario.
Algunos proponen mediante esta modificación genética producir cosas como árboles luminiscentes para delinear calles y carreteras, o árboles de Navidad “autoiluminados”, lo que sin duda economizaría electricidad y dinero. Se podrían marcar organismos cuyos movimientos conviene seguir, o que cuando requieran algo, como agua, “enciendan la luz” para avisarnos.
Ciertamente, la naturaleza puede ayudarnos a solventar problemas prácticos, pero es igualmente cierto que requeriremos un riguroso código ético y moral para no desvirtuar las cosas y emplear para fines ilícitos “invenciones” de la naturaleza, como esta de la bioluminiscencia.