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El Financiero

Escargot Crítica de sobremesa

Taj Majal

Con nombre deslumbrante

Para El Financiero

Nuestro acompañante es experto en la India de las mil y una noches. Ha viajado en riksha, a lomo de elefante y en camello. Quizás hasta en alfombra mágica. Se ha hospedado en antiguos palacios de los marajás, convertidos en hoteles multiestrellas y cocina como los ángeles.

Gran riesgo convidarlo a comer en el que se anuncia como “el único restaurante de comida de la India en Centroamérica”, que con arte y adorno nos invita a viajar al Oriente. Si de día es un sitio agradable, en la noche opera la magia y la tecnologia nos brinda música hindú desde una pantalla.

A nuestro invitado lo mandó a la India, por primera vez, el volcán Irazú. Majestuoso, con Cartago a sus pies, en un biombo que pintó para el Ministerio de Seguridad Pública hace varios años (de rumbo incierto hoy), fascinó al embajador indio de entonces, quien gestionó que fuera como artista invitado. En un mes, con visa especial y en visita oficial, recorrió ciudades, mercados, monumentos. Por supuesto, visitó el Taj Majal. Más tarde regresaría, incluso con más tiempo y, para entonces, ya la poesía, la danza y la gastronomía de aquellas tierras eran su pasión.

Miguel Casafont (pintor, “celebrity chef”-con su programa de TV, “Casafont cocina y color”- y experto en culturas orientales) lo sabe todo sobre esta cocina. En este “Taj Mahal” está como en su casa y casi parece el anfitrión.

Sobre la mesa, tres chatnis (salsas) corom chatni -de mango con chile picante, imli (de tamarindo; ya ven, no solo sirve para fresco...), pudine (de menta fresca) y los papadums, panes redondos, delgados y quebradizos, que en el norte de la India se hacen con harina de lenteja. Primera orden: todos los platillos con picante grado “medio”. Ambos somos valientes.

Entradas

Samosas vegetarianas (pastelillos triangulares similares a las empanadas, rellenos con papa y arvejas, semillas de mostaza y especias suaves). Las Aloo Tikka (papa, queso y especias) son también una opción afortunada. Sabores delicados que resaltan los chatnis.

Pakora de vegetales mixtos (papa en octavos, coliflor y espinaca, rebozados). Espinaca no tanto. ¿Tal vez brócoli? Nunca lo supimos. Duro, casi plástico, resultó incomible hasta con la rayta (salsa de yogur natural y especias suaves; la de pepino supera a la de menta).

Platos fuertes:

Cordero Korma (deshuesado, en salsa cremosa condimentada con semillas de marañón). Pagó el boleto.

Pollo Tikka (marinado en yogur y especias, cocido en pincho, en horno de arcilla). Jugoso, sin “gusto a pollillo”. Suave aroma.

P ollo en curry de coco . A la altura.

Camarones al estilo Taj (en salsa similar a la del cordero, frecuente en el menú). Altamente recomendable para los marisqueros.

Tandoori Nan (pan cocido en tandoor, horno de barro). Distinto.

Arroz basmati. Crecía en las laderas del Himalaya y era regado con nieve derretida, según afirmó Miguel y yo le creo. Enjugó la rica salsa del cordero.

Palak Paneer (queso tipo cottage, cocido con una especie de puré de hierbas y espinacas frescas). Con personalidad propia, sabe mejor que como se ve; pudo haber sido con cero chile. La valentía disminuía.

Mango Lassi , bebida de yogur natural con jugo de fruta. Textura agradable.

Postres:

Gulab Jaman (tradicional en bodas y banquetes). Bolitas dulces, fritas, bañadas en almíbar. Toda la mantequilla del mundo entra en su confección.

Keer. Rico arroz con leche con cardamomo, almendras, pasas, marañón y azafrán. Similar a la versión tica y útil para introducirle modificaciones a esa receta tradicional.

El pintor, hábil, demostró cómo comer con los dedos. Ni atrapando el cordero con el pan, perdió la elegancia. Yo preferí ser espectadora antes que meter...las manos.

Servicio: Muy bien. Camareros dispuestos a aclarar dudas, informar y recomendar, ataviados con traje marrón, tradicional del Punjab. El propietario, David Mander, y el chef, Trepan Singh, son de allí.

Como el Taj Mahal es un ícono de la India, no es extraño que un restaurante lleve su nombre, aunque se trate de un mausoleo. Las pirámides son monumentos funerarios también., después de todo.

A Miguel, que ha preparado banquetes de cocina de la India para diplomáticos y altos ejecutivos de ese país, lo vi satisfecho y dispuesto a regresar. Gran cumplido para el establecimiento.

Restaurante taj majal

Comida de la india

Calificación final: 4 caracoles

Precios: www.thetajmahalrestaurant.com

Dirección: 1 Km. Al oeste del Centro Comercial Paco, carretera vieja a Santa Ana.

Nuestra Escargot

Lo fue. Ella lo reconoce. Hace bastantes años Marjorie Ross fue Escargot en La Nación. No fue la única, eso sí, así que los clavos pasados hay que repartirlos entre varios.

Ahora ella vuelve y también Escargot. En Visto Bueno de EF, ella es Escargot. La Nación solo nos prestó el nombre porque esta vez la crítica gastronómica tiene cambios.

Primero, el autor dejó el anonimato. La verán entrar, acompañada, a los restaurantes. Qué la pueden chinear más que a otro comensal, sí, es posible. Pero preferimos quebrar el anonimato. Además, en www.elfinancierocr.com/vistobueno, usted podrá opinar: si a usted le gustó algo en ese restaurante, o si no le gustó, incluso puede opinar el chef o el dueño del restaurante. ¡Bravo por la interactividad!

Marjorie Ross tiene la máxima autoridad para ser Escargot en Visto Bueno. Periodista, escritora y poeta, además abogada y, claro, para nuestro asunto conoce, y mucho, sobre cultura culinaria. Es autora de seis libros sobre la temática y de artículos en medios especializados.

Visto Bueno se complace en presentarles a Marjorie Ross, su crítica culinaria en Escargot y, claro, lo que sigue, sus apuntes de sobremesa.

Para tener en cuenta: Todo esto ocurrió mientras se realizaban obras de remodelación de terraza y rancho mogul al fondo de la propiedad. No interfirió con la calidad de la atención ni de la comida, pero el montículo de arena al frente puede dar la impresión de que está cerrado y, de entrada, produce una rara sensación de desconcierto. La sección de no fumar y la de fumadores están demasiado cerca y el humo se deja llevar por el viento.

Y esto, ¿con qué se come?

En la India, la mesa es sitio para compartir. Es usual que los platillos, incluso el postre, se desplieguen simultanéamente, como muestra de la hospitalidad de los anfitriones, pero igual se puede ordenar en los tres tiempos de la cocina internacional (entrada, plato fuerte y postre).

Aunque allá se usa comer con tres dedos de la mano derecha y usar el pan como cuchara, siéntanse cómodos de utilizar los cubiertos a la usanza occidental, sin desdeñar coger las samosas con la mano, como si fuera una empanada o un patí.

Si no les gusta el picante, déjenlo claro al ordenar. La cocina de la India le compite a la mexicana en este aspecto.

Algunos vinos blancos y espumantes secos, o la cerveza llevada por los colonizadores británicos, acompañan bien estos platillos.

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