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Solidarismo siembra en otros campos

Asociaciones ahora desarrollan urbanizaciones, descuentan facturas y hasta administran hoteles

El Financiero
Asobancosta (BCR) vendió los lotes de lo que hoy es la urbanización Villa Hortensias, en San Francisco de Heredia.

Frank Guevara /PARA EF

Édgar Delgado Montoya

Sergio Morales Chavarría

Inconformes con administrar una parcela financiera que estaba generando poco rendimiento, varias asociaciones solidaristas decidieron brincarse la cerca y explorar nuevos campos empresariales.

Desarrollos inmobiliarios, descuento de facturas, venta de seguros y hasta la administración de hoteles de playa son algunos de esos nuevos cultivos.

Aunque los resultados aun no son abultados –esos negocios apenas representan el 19% de los ingresos anuales– estas empresas quieren diversificar sus entradas y buscar una forma de mantener un rendimiento atractivo para sus asociados.

No es un fenómeno reciente, pero ha tomado fuerza en los últimos años debido a la caída en las tasas de interés en el mercado.

Las asociaciones solidaristas tienen como principio administrar parte del salario de los trabajadores y del auxilio de cesantía del patrono, por lo que su negocio matriz es la inversión en títulos valores y (generalmente) la colocación de préstamos entre los asociados.

Sin embargo, la caída en las tasas las obligó ser creativos para mejorar su rentabilidad.

Un ejemplo de ello es que en noviembre anterior ocho agrupaciones se unieron para comprar el 60% de las acciones de la comercializadora de seguros Correduría y Servicios de Seguros S.A.

Pero ese es solo un caso.

EF consultó a las diez asociaciones más grandes del país por su número de afiliados y descubrió que al menos seis están desarrollando urbanizaciones y cuatro ofrecen el servicio de factoreo a proveedores de las empresas a las que pertenecen.

“Nadie esperaba la baja tan fuerte en las tasas y las asociaciones han buscado diversificar su cartera. Los rendimientos no pueden caer, pues todo mundo espera su chequecito al final del año”, comentó Wálter López, director ejecutivo del Movimiento Solidarista Costarricense.

López se refiere a la distribución de dividendos que hacen las asociaciones en diciembre de cada año. Solo en el 2007 el monto fue de ¢155.000 millones, un 25% más que un año atrás.

Abonando el terreno

En el país existen unas 400 asociaciones con 425.000 afiliados, es decir, la sexta parte de la fuerza laboral del país.

Estas entidades administran un patrimonio de $2.800 millones, un 50% más del patrimonio que tienen todos los bancos del país.

Buena parte de estos recursos se destinan a adquirir títulos valores, pues estas entidades deben tener ciertas reservas en caso de que los empleados se vayan de la empresa o institución a la que pertenecen.

Pero otra porción de los recursos se coloca en créditos. La cartera actual de todo el sector es de ¢650.000 millones, principalmente en consumo y vivienda. Es apenas la cuarta parte de lo que la banca presta en esos rubros.

Sin embargo, la caída en las tasas ha afectado los ingresos por esas dos vías, aunque siguen siendo las más importantes.

En promedio, un 81% de los ingresos de las asociaciones viene de los rendimientos por las inversiones y de los créditos y solo un 19% por sus otros negocios empresariales que incluyen –además de los mencionados– tiendas comerciales, transporte de mercancías, entre otros.

Sin embargo, no solo se trata de la caída en las tasas sino que los instrumentos financieros no convencen.

“Creo que ahora sí hay más instrumentos financieros para invertir, pero no estamos cómodos con la oferta por las tasas de interés y el tipo de cambio”, señaló Raúl Espinoza, gerente de Asintel (de Intel).

Precisamente, el plan de estas agrupaciones es aumentar el ingreso por otros negocios aunque no existe una meta global de la industria.

El gerente de Asebancosta (Banco de Costa Rica), Claudio Arroyo, reveló que los negocios paralelos representan hoy entre un 12% y 15% de sus ingresos, pero la meta es subirlos hasta el 30%.

Mientras tanto, en Asedem (de Wal-Mart) estas entradas aun no son representativas, pues apenas está arrancando con un proyecto inmobiliario en Alajuela en conjunto con Asepipasa.

La asociación espera que sus desarrollos le generen el 20% de sus ingresos el próximo año.

Negocios sobran

Quizá la principal ventaja que tienen las asociaciones solidaristas para desarrollar sus proyectos es que están exentas de pagar el impuesto sobre la renta.

Esto les permite entrar en cualquier negocio que les parezca rentable.

Sin embargo, los gerentes afirman que lo hacen de forma muy conservadora y después de valorar todos los riesgos posibles.

Una manera en la que están tratando de minimizar el riesgo es buscando alianzas con otras asociaciones. Prueba de ello fue la compra compartida de la comercializadora de seguros.

Rafael Guillén, gerente de la ASDP (asociación de Dos Pinos), comentó que estas ocho organizaciones conforman el llamado “Equipo Solidarista en Acción”, el cual se reune una vez al mes y valora una serie de opciones de negocios.

Sin embargo, la mayoría de los proyectos empresariales siguen siendo en solitario.

Algunos tienen ya varios años de manejar un negocio.

Uno de los casos más representativos es el de la Asociación de Empleados de la Caja Costarricense del Seguro Social (Aseccss), la cual maneja el hotel y la villas Nacazcol, en Guanacaste.

Otro de los negocios rentables para las asociaciones es el factoreo, principalmente para aquellas ligadas a empresas del sector industrial y comercial.

De las diez más grandes, cuatro están en este negocio: la de Wal-Mart, Pipasa, la de Importadora Monge y Asebancosta.

El negocio es redondo: le compran las facturas a los proveedores de estas empresas y luego se las cobran a la compañía.

Pero la moda es el negocio inmobiliario, principalmente, el desarrollo de urbanizaciones.

Opera así: las asociaciones compran un terreno, lo acondicionan para convertirlo en urbanización (hacen las calles, instalan el alumbrado eléctrico y las tuberías de agua), luego separan los lotes y los venden al público o a sus asociados.

Asebancosta ya tiene cierta experiencia en este tema. Recientemente terminó de vender 81 lotes de la urbanización Villa Hortensías, en San Francisco de Heredia, y ahora tiene varios proyectos en el tintero.

Asedem (de Wal-Mart) da sus primeros pasos y ya tiene un proyecto en Carbonal de Alajuela (con Asepipasa) de 60 lotes.

Asepipasa ya ha realizado ocho proyectos urbanísticos y en este momento está concluyendo dos más: Uno en Tobosi de Cartago (140 lotes) y el mencionado en Alajuela. Pero también ha incursionado en el negocio de compra de vehículos.

La asociación de la Compañía Nacional de Fuerza y Luz (Asefyl) también tiene un proyecto residencial en Grecia e, igualmente, da el servicio de factoreo.

Por su lado, la Asociación Solidarista de Empleados del Poder Judicial (Asesojud) le dio giro al negocio inmobiliario: adquirió un edificio para instalar sus oficinas y luego alquiló la mayor parte a una institución estatal y una empresa privada.

Ahora está valorando otros inmuebles cerca de la Corte Suprema de Justicia no solo para alquilar espacios y ofrecer parqueo a sus asociados.

Con prudencia

Otras agrupaciones prefieren seguir en la parcela financiera y de forma conservadora.

Asemina (del Instituto Nacional de Aprendizaje) tenía una gasolinera y la vendió en febrero del año pasado, según su gerente, Rafael Hernández. Este confirmó que no tienen interés de ingresar a ningún nuevo negocio.

Sandra Dormond, gerente de Aseflorida (de FIFCO), comentó que el sector comercial no está del todo vedado para el solidarismo, pero en el caso de una tienda se requiere de mucha eficiencia y volumen para poder competir. Para ella, el negocio inmobiliario es más atractivo.

Otra que buscó nuevas formas de invertir fue Asintel (de Intel de Costa Rica): en el 2000 y 2001 compraron participaciones en índices accionarios de la bolsa de Nueva York, pero se salieron tras la volatilidad de los mercados a finales del 2001.

Hoy están invirtiendo en un condominio en Alajuela.

Está claro que las semillas en el campos inmobiliario germinan con éxito, pero también que las asociaciones quieren seguir cultivando en otros campos.

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“El futuro del solidarismo no es solo invertir, sino otros negocios que den rentabilidad a sus asociados”. Wálter López, director Movimiento Solidarista 
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