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Opinión

Artículos Edición # 675

A evaluar el teletrabajo

El teletrabajo consiste en el desempeño de una actividad laboral, principalmente profesional, sin que medie la presencia física del trabajador en la empresa; la vinculación y la comunicación se mantiene por medios telemáticos.
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Volatilidad cambiaria

Dennis Meléndez

El ambiente económico ha experimentado efervescencia por el tema cambiario. Tras varios meses de apreciación, el tipo de cambio ha mostrado presiones al alza, en las últimas semanas.

El Banco Central, a mi juicio con buen tino, optó por evitar la excesiva volatilidad, vendiendo parte de las reservas acumuladas para frenar el alza desmedida y controlar la emisión. Se ha objetado que esto rompe el esquema de bandas cambiarias, pues mientras no se alcance la cota superior, el tipo de cambio no debería preocupar al Banco. Esto es conceptualmente correcto.

El pragmatismo, empero, debe ser una virtud de las autoridades económicas: a los ticos no nos gustan las fluctuaciones cambiarias. Añoramos los tiempos en que la tasa de cambio era inamovible o, al menos, predecible.

Al elegirse un esquema de bandas, en vez de optar directamente por una flotación abierta, se ha intentado soltar las riendas para que los agentes se acostumbren a cargar con su propio riesgo cambiario. A pesar de que este mecanismo establece topes a las variaciones en el precio del dólar, siempre crea una incómoda y onerosa incertidumbre monetaria que, además, introduce distorsiones innecesarias.

La forma en que opera el sistema monetario internacional excluye cualquier posibilidad de volver a los esquemas cambiarios tradicionales. Más temprano que tarde, habrá que adaptarse a la volatilidad cambiaria, la que puede ser muy alta en un país pequeño.

La única salida, y la más recomendable, para volver a tipos de cambio muy fijos y obviar todos los riesgos y costos de la volatilidad cambiaria, es la dolarización. Persistir en tener una moneda propia dificulta y encarece el comercio, al tiempo que incentiva perjudiciales juegos financieros.

Si nos liberamos de los prejuicios de confundir esto con un sometimiento político o económico a los EE. UU., podremos apreciar, a plenitud, sus múltiples ventajas, aún en el contexto de la actual debilidad externa del dólar.



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