Opinión
Otras voces
¿Un tercer gobierno de Álvaro Uribe?
El segundo día de libertad de Íngrid Betancourt fue tan intenso y agitado como el primero. Luego de un emocionante encuentro con sus hijos, Lorenzo y Melanie, después de más de seis años de secuestro, la exrehén de las FARC dio una rueda de prensa en la Embajada de Francia en Bogotá, donde confirmó la lucidez política de sus primeras declaraciones en libertad.
Para los colombianos que buscaban en las primeras declaraciones de la excandidata presidencial indicios para tratar de intuir su futuro en la actividad política, sin duda alguna es muy pronto para afirmar cualquier cosa.
Sin embargo, al merecido reconocimiento hecho al presidente Álvaro Uribe, al ministro Santos y a los militares responsables de su liberación, Betancourt sumó un tácito apoyo al posible tercer mandato: "¿Una tercera reelección? ¿Por qué no?"
El posible regreso de Íngrid a la actividad política –de la que fue protagonista apasionada hasta el día de su secuestro– no por prematuro de comentar deja de abrir interesantes e inesperados escenarios en el futuro.
El Tiempo Colombia
Creciente deterioro de las FARC en evidencia
Haber conseguido que las FARC, infiltradas, cayeran como borregos para concentrar a los 15 secuestrados liberados en un mismo lugar y que se montaran en un helicóptero “de una organización ficticia” que creían amiga, cuando en realidad se trataba de una aeronave del Ejército Nacional, demuestra una planeación de un profesionalismo nunca antes visto aquí.
Ya habrá tiempo de conocer en detalle cómo se pudo lograr tal nivel de engaño y cuál fue la participación internacional en la operación, pero por lo pronto es un gran alivio para la ciudadanía conocer el altísimo nivel de infiltración en que se tiene a la guerrilla y el creciente deterioro de su poder.
Las liberaciones constituyen una gran noticia, no solamente para las familias de los secuestrados liberados que después de tantos sufrimientos vuelven a la vida, sino en general para todos los colombianos que aspiramos a que este delito sin nombre que es el secuestro sea erradicado definitivamente de nuestro conflicto. En medio de la celebración, la preocupación está ahora en la suerte de quienes continúan condenados a morir en vida en la selva.
El Espectador Colombia
