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Opinión

¿Y las condiciones mínimas?

Adolfo Rodríguez

Recientemente, se ha abierto el debate sobre las actuaciones del Banco Central en relación con el cambio de la política cambiaria: de un sistema de minidevaluaciones a un sistema de bandas como antesala de la liberalización del tipo de cambio.

Tras 18 meses de implementado, aumenta el consenso tanto sobre el fracaso del nuevo esquema en su objetivo de controlar la inflación como sobre los perjuicios que ha conllevado para el sistema financiero y el ahorro nacional.

Al mantener negativos los rendimientos del dinero para conducir el tipo de cambio a los niveles deseados por el Banco Central, se ha propiciado un crecimiento del crédito que compromete la estabilidad de las instituciones financieras y se ha despojado a los ahorrantes de parte de sus ahorros, lo cual es especialmente grave en el caso de los fondos de pensiones.

Omisión seria

No juzgaré ahora si fue correcto o no abandonar el sistema de minidevaluaciones en ese momento. A posteriori, siempre es fácil hacer valoraciones.

Sin embargo, debo mencionar una omisión seria que en su momento fue señalada en repetidas ocasiones a las autoridades monetarias y que posiblemente está a la base del fracaso del sistema de bandas cambiarias: el Banco Central no se ocupó de que en el mercado financiero se dieran las condiciones mínimas para que el nuevo sistema funcionara.

Pasar al sistema de bandas cambiarias va en la dirección de otorgar al mercado un mayor peso en la determinación del precio de nuestra moneda.

No obstante, el mercado cambiario solo puede operar eficientemente si existen mercados para los activos financieros (mercados monetarios y de deuda pública) en las monedas que se intercambian, pues de lo contrario el mercado cambiario estará sometido a vaivenes sin fundamento y será fácilmente manipulable, como ha ocurrido en los últimos meses.

¿Se cumple esta condición en nuestro país?

Solo a medias: el mercado del dólar es muy eficiente, pero el de activos financieros en colones es escuálido, poco líquido y fácilmente manipulable, como consta a los intermediarios e inversionistas que tienen que padecerlo.

“El desarrollo del mercado cambiario no se logra solocon un reglamento de coberturas”.

Economista

Exjerarca de la Superintendencia General de Valores

Tratar de decretar la existencia de un mercado cambiario sin contar con un mercado monetario, es una inconsistencia difícil de disculpar.

El desarrollo del mercado cambiario no se va a lograr con la simple emisión de un reglamento de coberturas cambiarias, sino que requiere una serie de reformas de fondo en los mercados monetarios para que estos funcionen.

Estos mercados no solo son indispensables para el funcionamiento del mercado cambiario, sino igualmente para que el Banco Central cumpla adecuadamente con sus responsabilidades.

La ausencia del mercado monetario y de un mercado de deuda pública reduce la eficacia de la lucha contra la inflación, pues las señales de la política monetaria no se transmiten adecuadamente, y aumenta la vulnerabilidad del sistema financiero, pues deja a sus entidades sin mecanismos para una gestión activa de sus riesgos y de su liquidez.

El desarrollo de los mercados monetarios, simiente y eje de todos los mercados financieros de una economía, depende en todo país de acciones que solo la autoridad monetaria puede acometer.

Entre dichas acciones se encuentran una política de emisión con visión de largo plazo, una estrategia de gestión de la liquidez responsable con los mercados y el desarrollo de infraestructuras financieras que promuevan un marco de seguridad para la iniciativa y la creatividad del sector privado sin sustituirlo.

Esas son condiciones básicas para que un cambio tan radical en la política cambiaria tenga alguna probabilidad de éxito, sobre todo dada la coyuntura internacional tan compleja que se escogió para implementarlo.

Desinterés del Central

Los tropiezos de la política cambiaria y gran parte de la inflación son dos de las consecuencias del desinterés que ha mostrado el Banco Central frente al desarrollo de los mercados financieros.

Es cierto que no todos los problemas del mercado financiero son achacables al Banco Central, ya que algunos de ellos se vienen arrastrando desde hace muchos años; pero eso no lo exime de su responsabilidad por no haber mostrado mayor diligencia en su gestión ni por el estancamiento que su solución ha sufrido.

Por el contrario, las deficiencias de los mercados se han agravado con el nuevo esquema cambiario y con otras medidas impulsadas en el último quinquenio por el instituto emisor, algunas de la cuales han malogrado los avances de años anteriores.

Si quiere avanzar hacia mecanismos de mercado, el Banco Central debe ocuparse un poco más de los mercados y de su desarrollo.

Esperemos que el trago amargo de este fracaso sirva para que la autoridad monetaria aprenda a ser más sensible al funcionamiento de los mercados y más consistente en sus políticas, pues solo así podrá preservar la credibilidad que todos necesitamos y merecemos.

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