Opinión
¿Es posible mejorar San José? Sí
Rosendo Pujol M.
Cuando de ciudades se trata, el desafío es mejorarlas, o sea mejorar la calidad de vida de sus habitantes y visitantes pero también la eficacia y eficiencia de su funcionamiento diario.
San José está recuperando el tiempo perdido durante décadas de debilitamiento. Las acciones de política pública dan resultados positivos que se refuerzan. Los esfuerzos pasados y presentes de ampliar bulevares son logros importantes.
Son avances el mejoramiento paulatino de los parques consecuencia de las intervenciones recientes y el crecimiento normal de la vegetación en la Plaza de la Democracia y de las Garantías Sociales. Arborizar San José, y en particular, sembrar especies nativas en La Sabana son también iniciativas positivas.
Las primeras semanas del “desfile de las vacas” fueron un acontecimiento extraordinario en la historia de San José.
“La ciudad necesita y puede densificarse pero hay que hacerlo de manera balanceada”. Director, Programa de Investigación en Desarrollo Urbano Sostenible de la Universidad de Costa Rica
El reto permanente es reciclar la ciudad que fue abandonada por muchos de sus pobladores y sus actividades productivas, recreativas y gubernamentales. Pero para lograrlo habrá que reciclar paradigmas.
A largo plazo, el futuro de San José lo determinará cómo crece físicamente y cómo opera diariamente su sistema de transporte, cuya responsabilidad institucional la tiene el MOPT. Por otro lado, el Área Metropolitana de San José y la región metropolitana necesitan coordinaciones institucionales metropolitanas. Y siempre es mejor tarde que nunca.
Esta nueva coyuntura global, que tiene características de cambio de época, plantea muchas oportunidades a las ciudades. Las ventajas que por décadas tiene el automóvil se reducen. Aumentan las ventajas de vivir cerca del centro y de los trabajos y otras actividades productivas. Los altos precios de los combustibles favorecen la densificación de áreas residenciales y actividades en los centros tradicionales.
Las ciudades medianas y funcionales se vuelven más competitivas y al transporte público se le abren nuevas oportunidades. Hay que mejorar el sistema con nuevas rutas, compra de más y mejores buses y ampliación de horarios. Hay que invertir en infraestructura para el transporte masivo y hay que aprovechar conocimiento, tecnologías y ofertas para reconstruir el transporte por ferrocarril entre los núcleos urbanos más importantes de la región metropolitana.
La creación de las rutas interlíneas fuera del casco central ayuda al conjunto de la ciudad, llevando a las personas adonde quiere ir por rutas más cortas y eficientes. Hay fundamentos técnicos muy sólidos para la creación de esas líneas. Este es un paso insuficiente, pero indispensable para la transformación de la estructura espacial del sistema de buses de radial a uno de rejilla.
La construcción de nuevos edificios en el casco central y en el distrito de Mata Redonda abre nuevas perspectivas a la ciudad. Sin embargo, no poner límites a la altura de los edificios suponiendo que el mercado debe decidir, es renunciar a guiar el desarrollo de la ciudad y suponer que el negocio de los promotores inmobiliarios es seguro, sin competencia, riesgo o especulación. Los edificios muy altos producen sombras y generan tráfico intenso en algunos periodos del día. No es posible que uno o dos edificios de gran altura absorban toda la demanda por apartamentos u oficinas en una zona de la ciudad.
La ciudad no enfrenta una emergencia sino una transformación estructural que podría ser irreversible. Las respuestas deben ser sostenibles. Las ciudades requieren una política de Estado, centrada en el largo plazo y en los intereses de la sociedad. Es posible interesar a las personas en un futuro mejor y siempre es mucho más difícil obligarlas a hacer lo que el Poder ordena sin argumentos adecuados.
