Estilos de Vida # 676
VINOS
125 años brindando
Concha y Toro, el gigante vitivinícola chileno está de fiesta

Foto /Jupiterimages.com
La osadía de Don Melchor de Concha y Toro en 1883 de atreverse a llevar uvas de Francia y plantarlas casi al fin del mundo, en un país que recién echaba las primeras semillas de una industria, sellaron para siempre el negocio del vino en Chile.
De esa travesía han pasado 125 años y la bodega Concha y Toro no es sólo un símbolo de los vinos de su país, sino de muchos de los mercados donde tiene presencia.
Son 125 años y más de 300 millones de botellas repartidas en 125 países de todos los continentes cada año. Una variedad de cepas de calidad y precio para todo gusto y muchos bolsillos.
En Costa Rica está desde hace 37 años, y hoy día ocupa el primer lugar en la preferencia del consumo de vino.
Por ello, y como una forma de celebrar, el actual presidente de la Compañía, Alfonso Larraín Santamaría decidió como el mismo dice “visitar a lo amigos para elevar una copa y ofrecer un brindis”.
Con 40 años en la empresa, Alfonso Larraín lleva en la sangre el negocio.
Ha sido promotor del impulso exportador del vino y cuenta que en aquellos países no productores, como el caso de Costa Rica, “el gusto por el vino es un hecho, se habla del tema, de los beneficios del vino tinto por ejemplo, de la cada vez mejor calidad y al alcance de cada vez más gente”.
“Me dicen que los vinos de Concha y Toro son la tercera bebida más consumida después de la cerveza y el guaro”, comenta con orgullo.
Don Alfonso, como oigo le dicen quienes lo han recibido en Costa Rica, la familia Holtermann, empezó a los 32 en el directorio de la Bodega, aunque ya a los 15 había metido las manos en la viña y participado de una vendimia.
En la actualidad preside la compañía y aunque ya cruzó la barrera de los 70, afirma que tiene cuerda para rato. “El vino me mantiene”, dice riendo.
De hecho, el plan es seguir visitando amigos. En el itinerario de estos meses de celebración, siguen Shangai, Londres y Nueva York, todos mercados donde Concha y Toro ya tiene presencia y prestigio.
Vinos de medallas
Año tras año los vinos de la Compañía han recibido reconocimientos internacionales que elogian su estilo y el sello de cada una de sus líneas de vinos.
En 2006, Don Melchor cosecha 2003, obtuvo la histórica calificación de 96 puntos en la prestigiosa revista Wine Spectator , con lo que se situó, por segundo año consecutivo en el cuarto lugar del ranking de vinos del año.
En 2007, Carmín de Peumo 2003, alcanzó 97 puntos en The Wine Advocate , influyente publicación del crítico Robert Parker.
A esto se suma la opinión internacional para los vinos Amelia, Terrunyo, Marqués de Casa Concha y Trio.
Sin embargo, el indiscutible personaje de la trama sigue siendo Casillero del Diablo, un vino que se ha transformado en una marca global, con ventas que superaron los 2,7 millones de cajas en 2007.
Cuenta la leyenda que Don Melchor, el político y empresario de fines del siglo XIX, decidió guardar algunos de los mejores vinos que había producido con las cepas traídas de Burdeos, en un sitio elegido con cuidado y muy especial dentro de la bodega, un casillero.
Sin embargo, misteriosamente algunas de esas botellas empezaron a desaparecer. Para detener la fuga de esas buenas cepas, no halló mejor idea que echar a correr el relato que en el casillero donde habitaban esos vinos, la figura del diablo se hacía ver. De inmediato cesó el robo de botellas.
Pero esa leyenda que duró unos buenos años fue utilizada más de un siglo después, en 1963, para lanzar toda una línea de vinos que hoy día gozan del mayor reconocimiento y quizás son la marca más popular que Concha y Toro ha desarrollado.
“Es a todas luces un ícono para la compañía”, dice Alfonso Larraín.
Como la principal productora y exportadora de vinos de Latinoamérica y una de las diez mayores empresas del mundo; Cocha y Toro promete alguna sorpresa para este año, secreto que no pudimos sacarle a Don Alfonso, aunque todo parece indicar que la apuesta será por vinos premiun . Habrá que esperar entonces para llenar la copa.