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Opinión

Sí: Banca para el Desarrollo

Jorge Edo. Sánchez

Edna Camacho arremete contra la recién promulgada Ley del Sistema de Banca para el Desarrollo en EF, tal vez en virtud de prejuicios adquiridos, de lo que no la culpo, exclusivamente, vista ya la cantidad de prejuicios que ciertos sectores quieren difundir contra la Ley, sin siquiera estar reglamentada.

No distingue la economista entre beneficiarios, en general, y sectores prioritarios en particular. En una simple relación de género especie.

Al querer hacer una ley que fungiera como marco regulatorio general para potenciar nuestro capital e infraestructura financiera en servicio del acceso al crédito, quisimos concentrarnos en una “banca por proyectos” y no en una “banca de personas”.

Siendo así, no define la Ley sectores particulares a los que se destinarán los beneficios (créditos, garantías y acompañamiento) sino que tales beneficios son en general para proyectos productivos viables y factibles técnica y financieramente.

En virtud de que los fondos que se destinarán a tales fines son fondos públicos, el Estado, en atribución de sus facultades constitucionales puede, eventualmente, orientar tales a sectores claves de interés objetivo para asistir al desarrollo nacional.

Y aquí es donde se establecen sectores prioritarios, queriendo fomentar el emprendedurismo, entre los sectores poblacionales que más asisten a la distribución de riqueza (madres jefas de hogar), a la potenciación de capacidades (jóvenes profesionales), o a la distribución de riqueza y de capacidades empresariales (empresas nuevas en las zonas de menor desarrollo relativo).

Lo anterior en ejercicio de las facultades y obligaciones propias de los entes políticos y repito insistente: sin generar ninguna distorsión sobre los mercados financieros en virtud de la naturaleza pública de los fondos destinados a Banca para el Desarrollo.

No son subsidios

No sé dilucidar la contradicción de Edna al criticar la Ley señalando la mayor pertinencia de buscar el acceso al crédito por sobre los subsidios de tipo financiero. Cuando precisamente es eso lo que hace la Ley del Sistema de Banca para el Desarrollo .

“Esta banca conjunta fondos públicos anteriormente dispersos y muy mal administrados”. Diputado, Partido Unidad Social Cristiana

La Ley no se basa en subsidios. Se concentró, por el contrario, en conjuntar fondos públicos anteriormente dispersos y muy mal administrados, destinados a subsidios con fundamento en decisiones políticas y ponerlos a disposición de un sistema que evalúe la viabilidad de los proyectos productivos.

Precisamente la creación de fondos de garantía, que tanto critica, supuestamente basada en la experiencia internacional, son las herramientas de política pública más racionales para lograr acceso al crédito de aquellos que no lo tienen; cuando precisamente la mayor limitante al acceso del financiamiento, no son las malas expectativas de los proyectos productivos, sino la falta de garantías reales de los deudores.

Coincidirá la exministra de Hacienda conmigo en que la transparencia de los fondos tomados de los antiguos fideicomisos casuísticos creados con criterio político coyuntural es mayor ahora, en un sistema que es dinamizado no oólo por oficinas de Gobierno sino por el propio sistema financiero que canalizará estos fondos públicos o simplemente los requerirá para respaldar operaciones de crédito con propios recursos.

De la cita que hace la economista sobre la prioridad a los sectores agropecuarios o comerciales asociados, subrayo que el artículo 34 refiere a la necesidad de demostrar la demanda de los mismos, lo que hace que, en definitiva, se extingan las razones de preocupación de Edna Camacho.

En otro orden de cosas, estoy seguro de que el hecho de que el Sistema de Banca para el Desarrollo no sea copiado de otro modelo extranjero no lo desmerita en absoluto.

Me alegra muchísimo que se rescate que el Sistema de Banca para el Desarrollo incluye mecanismos varios de evaluación periódica de desempeño y resultados del propio sistema, por cuanto eso ayuda a demostrar mi punto original de que esta iniciativa ordena de manera más adecuada recursos públicos dispersos y los sujeta a un programa de financiamiento objetivo para el desarrollo.

Además, entenderá Edna, la mayoría de las instituciones o sistemas organizacionales, como es el caso de Banca para el Desarrollo, requieren de la puesta en práctica para poder cuantificar sus resultados concretos y de la “evaluación permanente” para el mejoramiento de los esquemas ideados.

Lo anterior confirma mi consejo de que le demos tiempo a Banca para el Desarrollo, consejo que no aplica a quienes tengan intereses particulares en que no funcione o a los prejuiciosos dogmáticos, que sé no es el caso de Edna.

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