Economía y Política # 677
El contraataque de los incómodos
Diputados que defendieron diferencias con sus jefaturas opinan que falta madurez en Asamblea

Jorge Arce /PARA EF
Se resisten a acomodarse a las disposiciones dictadas desde la jefatura de la fracción.
Independientes para unos, rebeldes para otros, en suma diputados incómodos; son una tendencia que lejos de desaparecer, se fortalece en cada asamblea.
En el periodo 1998-2002 fueron José Merino y Célimo Guido quienes se rebelaron contra José Manuel Núñez y dejaron Fuerza Democrática.
En el 2002-2006, José Francisco Salas dejó el Movimiento Libertario, Gloria Valerín el PUSC, José Miguel Corrales el PLN y Humberto Arce encabezó una salida de ocho legisladores del PAC. Luego dos retornaron.
La actual Asamblea no escapa de esa tendencia. Por ello, EF reunió a tres diputados que, con diferentes grados, defienden su autonomía, al grado de que Evita Arguedas y Andrea Morales ya abandonaron las filas del Movimiento Libertario y el PAC, mientras Bienvenido Venegas permanece en el PUSC, pero el Gobierno tuvo que negociar directamente con él para mantenerlo en el G-38 (diputados que apoyan el Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos). También se invitó al libertario Mario Quirós, quien declinó por no considerarse parte de este grupo de legisladores.
En una conversación estimulada con café, los tres diputados repasaron similitudes y diferencias. Pasaron al contraataque: alegan que han enfrentado fuertes presiones, pero que eso debe servir para buscar una mayor madurez, en la Asamblea y al interior de los partidos políticos.
Sin olvidar uno que otro dardo hacia las estructuras que los acorralaron, en el caso de Arguedas y Morales, o las diferencias de criterio, en la experiencia de Venegas.
¿Incómodos o independientes?
A pesar de sus diferencias ideológicas y advertir que cada caso es diferente, los tres coincidieron en varios puntos.
Se autocalificaron de beligerantes; afirmaron que prefieren votar por principios por encima del partido y rechazan que las críticas les hagan mella.
“Me veo como diputada con convicción, soy consecuente con lo que pienso . Soy muy independiente y no tengo miedo a tomar decisiones ni a ser criticada”, dijo Arguedas.
Morales alegó que en su caso tuvo un calificativo adicional. “Por mi edad, les quedó fácil hablar de rebeldía. Aquí hay un miedo a la diferencia, al que se separa, al disidente, porque se sale del control”.
Venegas fue el que menos se identificó con estos términos, pero afirmó que “de mis antepasados tengo el don de las agallas, para cuando tengo que decir no”.
Sin permiso para discrepar
El corolario de la conversación fue la falta de madurez en los partidos e incluso en el Plenario para debatir y discrepar.
Morales insistió en este punto. “Hacen mucha falta espacios para debatir, los que hay son reducidos, o inexistentes, porque se cae en posiciones recalcitrantes, unos repiten lo mismo, otros no pueden hablar por el tiempo”.
Arguedas acotó que esto se agrava con un reglamento que no llena las expectativas de eficacia, y la ausencia de una voluntad de cambio. “En el debate se ven más los intereses partidarios que los del país”, afirmó.
Sin embargo, Venegas discrepó de las discrepantes.
Para él, es un asunto de tolerancia en cada organización y como ejemplo, aseguró que en varios temas se distanció de sus compañeros, como en las críticas por la ausencia de una agenda social para el Cafta, o el control político.
Los detonantes
Del diálogo se desprende que el mismo sistema político estaría presionando para provocar fricciones en las fracciones.
No obstante, los detonantes en cada caso se asocian a aspectos de forma, que se complementan en el caso de Arguedas y Morales con reclamos hacia los líderes de las agrupaciones.
“Dijimos que íbamos a cambiar el rostro del Movimiento Libertario, esperé 16 meses que esto se resolviera, pero no hubo ninguna acción por las personas que tienen que tomar decisiones”, puntualizó Arguedas.
Morales fue más dramática: “No varié las propuestas ni principios del partido. Creo que en los partidos incipientes falta madurez, se sataniza a los que opinan diferente. En mi caso, se me arrinconó, pero creo que habría continuado de no ser por declaraciones de Ottón Solís de que no se sentía seguro hablando delante de mí”.
Los jefes de fracción apuntan también a aspectos de forma, pero asociados con el carácter.
Lealtad, ¿con quién?
Queda abierto el tema de la lealtad. Venegas lanzó la polémica. “Si un tema se pone a votación en la fracción y la mayoría decide, qué tirada que alguien diga, no, yo voy por acá. Es complejo”.
Al respecto, Morales consideró que el equilibrio se debe buscar con lo que el partido ofreció en campaña.
Arguedas decantó por balancear la lealtad al partido, con la lealtad al país. Pero coincidió en que se debe respetar las promesas de campaña. “Yo fui leal al partido. Más bien es el partido el que debe estar claro, no salirse de esa oferta”, expresó.
El café concluyó con bromas sobre la creación de un nuevo partido, y la invitación de Venegas a que las diputadas se incorporaran al PUSC.
Pero a diferencia de otros debates, este no se levanta. Continúa, al igual que la generación de diputados incómodos crece.



