En Portada # 677
Protéjase de la tormenta cambiaria
La ausencia de reglas claras en torno a los parámetros de la banda resta aire al mercado de coberturas
Casi dos años después de vivir con un sistema cambiario más flexible, los instrumentos para protegerse contra movimientos fuertes en el precio del dólar son los grandes ausentes en el viaje.
Más allá de un reglamento que permite a los bancos efectuar operaciones con coberturas y algunas iniciativas dispersas, son pocas las opciones que el costarricense promedio encuentra para lidiar con el dólar.
En todo caso, lo peor en estos momentos es quedarse inmóvil en medio de la tormenta. Tanto para las personas como para las empresas hay una lista de medidas, unas sencillas, otras complejas, que se pueden tomar para evitar el chaparrón y la ventisca.
En un país donde el colón es moneda de curso corriente, la reducción de los gastos en dólares, trasladar las deudas a la moneda local y crear ahorros de largo plazo en dólares, son algunos de los paliativos que varios especialistas en temas financieros recomiendan.
Para los exportadores e importadores de mayor tamaño, una población en constante riesgo ante las devaluaciones y revaluaciones, existen oportunidades más claras, como tomar coberturas en el exterior, e incluso ordenar sus finanzas internas para disminuir el efecto cambiario.
Quizás quienes la tienen más difícil son las pequeñas y medianas empresas, que sin reunir volúmenes importantes de recursos como para montar una cobertura en el extranjero, tienen que optar por métodos más caseros, como la compra financiada de divisas en un banco.
Por otra parte, a través de un puesto de bolsa se pueden adquirir los llamados contratos de diferencia, que se ofrecen en tractos de $10.000. No obstante, el mecanismo aún es poco utilizado, en parte porque es difícil encontrar dos personas que tengan expectativas encontradas en torno a la dirección del tipo de cambio.
¿Miedo a flotar?
Aún así, todas las salidas que actualmente existen son provisionales o muy costosas. Por el contrario, tener un mercado de coberturas local ayudaría a contrarrestar los vaivenes de la moneda extranjera a un costo relativamente atractivo.
Una primera condición para que este tipo de productos surja es que las personas perciban que existe un mayor riesgo de interactuar con los dólares, algo que hoy aparenta ser más evidente.
Desde que comenzó a operar el sistema de bandas cambiarias, en octubre de 2006, el tipo de cambio llegó a cotizarse por debajo de los ¢500 por varios meses y desde ahí pegó dos saltos repentinos. El primero en mayo de este año hasta los ¢525 y otro en julio, que lo llevó hasta los ¢555.
El presidente del Banco Central, Francisco de Paula Gutiérrez, comentaba en junio pasado a EF, que lo positivo de estos movimientos abruptos era que las personas sentían un mayor riesgo.
Sin embargo, otra condición importante es que el sistema financiero perciba que hay un compromiso con la mayor flexibilidad del tipo de cambio y que el sistema ofrece reglas claras.
Hace 10 años el Banco Central de Chile emprendió un estudio en 39 países con el cual se determinó que los mayores mercados de coberturas están en los lugares con los sistemas cambiarios más flexibles y los sistemas financieros más desarrollados.
Por el contrario, la volatilidad del tipo de cambio no es precisamente la variable que más influye en el crecimiento de este tipo de productos. “Quizás lo que importa son las reglas del juego, más que los resultados”, apunta el informe publicado en el 2004.
Luego de varios cambios en los parámetros de la banda y de intervenir con la compraventa de divisas en diferentes momentos del camino, este parece ser uno de los renglones en los que la autoridad monetaria está en deuda.
En Chile, que optó por un sistema de tipo de cambio de bandas en 1984 y uno de flotación en 1999, las coberturas se desarrollaron con fuerza a medida que el país se comprometió con un sistema de flotación más libre.
En Colombia, el mercado de coberturas para el tipo de cambio explotó con la entrada de la flotación administrada en 1999. A la fecha, en esa plaza se suscriben más de 300.000 contratos por mes y la cuenta va en aumento.
Reglas claras
José Rafael Brenes, gerente de la Bolsa Nacional de Valores, reconoce que parte de la responsabilidad de desarrollar el sistema de coberturas está del lado de las entidades financieras, pero que la falta de claridad en torno a las reglas ahuyenta a potenciales jugadores del terreno de juego.
Él explica que una entidad que está dispuesta a asumir el riesgo de entrar en un mercado de esta naturaleza lo piensa dos veces si sabe que le pueden modificar los parámetros de la banda cambiaria. “En el mejor de los casos pierde el trabajo, en el peor, pierde dinero”, señala.
La más reciente modificación al sistema redujo el ancho de las bandas. Se aumentó la banda inferior a ¢500 y la superior se bajó desde casi ¢573 a unos ¢555. En este punto del camino no falta quien afirme que el sistema volvió al punto de partida.