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Opinión

Artículos Edición # 677

Un proceso complejo

La semana pasada se llevó a cabo en Bruselas una ronda más de la negociación tendiente a la firma de un “acuerdo de asociación” con la Unión Europea (UE). Se trata, como es usual en estos convenios, de una negociación compleja pues involucra una gran cantidad de temas, participan muchos actores, y hay diversos niveles de acción; además, necesariamente se entrecruza con otros procesos de negociación: la Ronda de Doha o el que los europeos llevan adelante con la Comunidad Andina.
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Mala economía

Dennis Meléndez

Los medios de prensa de diversos países dan cuenta de una proliferación de remedios caseros, como intento para proteger a la población de los efectos de la actual crisis.

Y es que la gente se siente desorientada a raíz de la amenazante recesión, entremezclada con aceleración inflacionaria, volatilidad cambiaria, desorganización de los mercados financieros y fuertes variaciones en los precios relativos.

La desesperación, no obstante, es mala consejera y si se cae en la trampa de reincidir en los pésimos errores del pasado, es posible que se termine por empeorar las cosas.

En algunos países se ha planteado la posibilidad de poner impuestos a las importaciones suntuarias y emplear lo que se recaude para subsidiar los bienes, mal llamados, estratégicos. Supuestamente, eso aliviaría la carga para los grupos de menores ingresos.

Baste mencionar que tal distorsión puede resultar absolutamente contraproducente, pues, al encarecer relativamente ese tipo de bienes, desestimula su consumo y el gasto que se deja de hacer en ellos, se traslada a los demás bienes. Al incrementarse la demanda por esos bienes, presiona sus precios: exactamente lo opuesto a lo que se pretendía.

En general, cualquier tipo de medidas que distorsione los precios relativos, a contrapelo de la tendencia internacional, agrava los problemas y termina beneficiando a quienes no se pretendía proteger.

Si los precios relativos están cambiando en todo el mundo, lo correcto es no intentar aislarlos de los locales. Lo menos traumático es permitir que todos los precios varíen concomitantemente y dejarlos que transmitan los mensajes correctos a los consumidores. Eso estimula el uso austero de los bienes que se encarecen y reajusta todas las cadenas de consumo. Si lo que preocupa es la eventual insolvencia de los grupos más pobres, es mejor buscar mecanismos no distorsionantes para mejorar sus ingresos, siempre que no dañen el sistema de precios. Esa es la única estrategia sana.



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