Opinión
La migraña de las economías desarrolladas

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Ronulfo Jiménez
Las economías desarrolladas pasan por un mal momento. Están al borde de la recesión y ante fuertes presiones inflacionarias.
Varios factores se han combinado para llevarnos a estos resultados.
Crisis hipotecaria
La economía de Estados Unidos venía creciendo relativamente bien hasta el año pasado.
Sin embargo, durante lo que va del 2008 el panorama ha cambiando claramente.
Ahora, los optimistas hablan de una desaceleración y los pesimistas de una recesión.
¿Qué ha pasado para estar en esta situación?
Las turbulencias del mercado financiero han golpeado a la economía real, es decir al sector productivo y a los hogares.
La historia viene de años atrás.
En la época de las bajas tasas de interés, las instituciones financieras buscaron nuevos clientes en sectores de mayor riesgo para expandir sus negocios.
Las instituciones financieras apostaron a nuevos mecanismos de ingeniería financiera para financiar las hipotecas de los clientes marginales.
Sin embargo, la competencia por los clientes llevó a un relajamiento de las reglas del negocio hipotecario de la vivienda.
Se otorgaron préstamos a muchos hogares que no tenían realmente capacidad de pago, sin mucha información, sin contemplar los riesgos de aumentos de tasas de interés y bajo el supuesto de una tendencia alcista en el mercado inmobiliario.
Cuando las tasas de interés empezaron a subir, algunos clientes no pudieron hacer frente a sus deudas, aparecieron los problemas de morosidad, las instituciones redujeron el crédito hipotecario, se redujo la demanda de viviendas, con lo que el precio de las viviendas disminuyó, lo que hizo más grave la crisis, pues los deudores tuvieron menos incentivos para pagar sus hipotecas.
Al caer el precio de las viviendas, se redujo la riqueza de las familias y el consumo –que es el principal componente del gasto en Estados Unidos–.
Todo hizo que la economía de Estados Unidos llegara a su actual situación: crisis de su sector financiero y debilidad de su sector productivo.
Las autoridades norteamericanas han tomado diversas medidas para sacar a flote la economía.
Incluso han intervenido para salvar instituciones financieras en problemas.
La Reserva Federal ha establecido mecanismos de liquidez para enfrentar la crisis financiera y ha reducido las tasas de interés para reactivar la economía.
Sin embargo, esta política monetaria más laxa para impulsar el crecimiento puede llevar a mayor inflación, especialmente por las expectativas que genera.
Alza en productos
Como si la crisis financiera norteamericana y su transmisión a la economía mundial no fuera suficiente, se juntó con el alza mundial en los productos básicos.
Durante el presente año se ha acentuado el incremento del precio del petróleo, el trigo, el maíz y de otros productos básicos.
El aumento de los precios de los productos básicos se debe fundamentalmente al incremento de la demanda en los países emergentes, especialmente China e India.
El vigoroso crecimiento del ingreso de los habitantes de estos países ha permitido mejores condiciones de vida, especialmente mejoras en la alimentación y en transporte. Casi se puede decir que la escalada de precios es el resultado del éxito de algunos países emergentes.
“La política monetaria más laxa, de EE. UU., para impulsar el crecimiento, puede llevar a más inflación”. Ronulfo Jiménez, economista, profesor universitario.
Otros factores también han presionado el aumento del precio de los productos básicos. Entre estos se pueden mencionar la producción de biocombustibles que ha aumentado la demanda de productos agrícolas específicos, la debilidad del dólar frente a otras monedas y la lentitud de las ofertas de los diversos productos para responder ante los incrementos de las demandas.
Para aumentar la oferta de petróleo se necesitan cuantiosas inversiones, pero aun y cuando se hicieran, hay fuertes controversias de las posibilidades reales de aumentar la oferta petrolera.
¿Y Costa Rica?
Costa Rica no es ajena a estas fluctuaciones de la economía mundial.
En el 2006 y el 2007 pasamos por una buena situación económica en cuanto a crecimiento, resultado de aspectos externos: el mayor crecimiento mundial y los mayores flujos de inversión hacia países en desarrollo.
También contribuyeron los aspectos internos: el país supo aprovechar la buena situación mediante el crecimiento de las exportaciones y la atracción de inversión externa.
Entre los aspectos internos también hay que destacar el adecuado manejo de la política fiscal de la administración del presidente Pacheco y del actual Gobierno.
Durante la bonanza, el país logró acumular divisas y reducir el peso de la deuda pública.
Las circunstancias externas ahora son adversas. Hay un clima internacional de menor crecimiento económico, de retraimiento de las inversiones extranjeras y de mayor inflación.
Esto lo sabemos desde finales del año pasado.
Ahora hay que ajustarse a las nuevas circunstancias.
Lo anterior quiere decir que el país deberá reducir el consumo de las familias, la inversión de las empresas y el gasto del Gobierno.
Esto incluye reducir las importaciones para ajustarlas a las nuevas posibilidades.
Los instrumentos para realizar el ajuste son los de siempre: política fiscal, política monetaria y política cambiaria.
Para hacer el ajuste, es necesario devaluar el colón y aumentar las tasas de interés.
Los incrementos en el tipo de cambio y en las tasas de interés de las últimas semanas van en la dirección requerida para enfrentar las nuevas circunstancias
En una economía pequeña y abierta a la economía mundial el tipo de cambio es la variable clave para realizar el ajuste.
A partir del comportamiento del tipo de cambio se establecen las expectativas más importantes del futuro de la economía.
Sin embargo, el sistema adoptado y la forma de administrarlo no ayuda a realizar un ajuste ordenado.
El sistema cambiario es como la embarcación que usamos para realizar el ajuste.
Toda la operación de hacer el ajuste siempre tiene riesgos, es como pasar un río crecido de lado a lado, pero en este caso, la embarcación usada para realizar el ajuste se ha vuelto riesgosa, es de dudosa calidad y hay que irla remendando en la travesía.
En otra palabras, hay riesgo porque el río está “crecido” y hay riesgo porque la embarcación es riesgosa hasta en aguas tranquilas. Las decisiones del Banco Central durante la semana pasada, de reducir el ancho de las bandas, remiendan la embarcación, pero no resuelven los problemas de credibilidad y de transparencia que padece el Banco.
En conclusión, el aumento del tipo de cambio de la semana pasada forma parte del ajuste requerido por las nuevas circunstancias externas. Pero se está realizando con un mal sistema cambiario que amplifica los riesgos.
Pero también habrá que esperar otros ajustes en las tasas de interés compatibles a las mayores expectativas de devaluación.

