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Estilos de Vida

Artículos Edición # 670

Hijos de las estrellas

El Financiero

El doctor Eduardo Fiedler cree que mirar al cielo es verse a uno mismo porque el hierro que llevamos en la sangre y el oxígeno vienen de una explosión estelar.
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Familiares de personajes recreados en el film satisfechos con el guión

Rodolfo González Ulloa

Fue la mano derecha del embajador de Suecia Harald Edelstam, diplomático cuya vida inspira el filme El clavel negro , que se estrena esta semana en Costa Rica. Se trata del mayor Mario Lavanderos, un oficial que ayudó a salvar la vida de civiles uruguayos encerrados por la dictadura de Augusto Pinochet en el Estadio Nacional de Chile, en octubre de 1973. Para sus superiores, esta acción significó una ofensa contra la recién iniciada dictadura y lo asesinaron la madrugada del 19 de octubre de 1973.
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CLASE EJECUTIVA

Hacia un Franco excluyente

Ana Istarú

Cuando viví en París, empecé a sentirme culpable. No había tomado conciencia del espesor de los prejuicios raciales y allí pesaban: el rencor que los sectores más conservadores sentían por sus excolonias árabes se sumaba a su rancio antisemitismo, y tener rasgos mulatos aunque fueras blanco te hacía negro. Y eso sentaba una diferencia.

Me sentí culpable cuando al repasar mi lista de amigos ticos no encontré ni rastros de afrodescendientes. Carajo, yo también era racista. Hasta que caí en la cuenta de que mi única testigo de matrimonio y amiga del alma era negra, protestante y procedente de Limón. Solo que yo no la había clasificado bajo el rubro de “Amigos negros”, sino de “Amigas del alma”, la más paciente y maternal.

Negra es y será y eso se ve, pero yo no me acordaba porque aunque, por ejemplo, los anteojos se vean, ¿cuáles de nuestros amigos que usan anteojos podríamos citar con precisión? Xinia, pues, me salvó del oprobio de ser racista.

Pensé en mi país: el más guapo del colegio era moreno como hindú. Y si ser rubio era un valor agregado, ser rubio, gordito y sin gracia ya no. En Costa Rica convive la diversidad: somos una mezcla caprichosa de rasgos étnicos.

Diversidad racial y social: compartían en mi clase hija de taxista e hijo de ministro, hijo de miscelánea e hijos de doctor. Las mías asisten hoy día al Liceo Franco-Costarricense y el fenómeno dichosamente persiste, pero no por mucho tiempo. El gobierno del Sr. Sarkozy quitó su apoyo a este reducto de intelectualidad, ligamen con la Francia igualitaria que inspiró los fundamentos de nuestra nación, y lo transformó en un colegio privado más, con mensualidades excluyentes, ojalá al oeste opulento de la ciudad.

El hijo del acaudalado no sabrá ya de las dificultades del humilde. Al primero se le privará de la complejidad del mundo y no será sensible, al segundo de la excelencia y no tendrá oportunidad. “El mundo ha cambiado”, nos señaló el Sr. Embajador. “Tal vez Costa Rica también”. Sí, Costa Rica también. Pero para mal.



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