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¿Quién defiende a las plantas?
Rodrigo Gámez
Si hay un ser digno de reconocimiento por darnos de comer son las plantas. Son la base de la alimentación no solo de los humanos sino de por lo menos dos millones más de especies de seres que habitan la Tierra.
Al inventar la agricultura, cambiamos la dependencia de plantas silvestres a plantas cultivadas (arroz, maíz, papas, etc.) que nos suplen la mayor parte de nuestros alimentos.
Los restantes dos millones o más de organismos herbívoros (que se alimentan de plantas) no practican la agricultura; dependen de las plantas que viven en condición natural, en tierras y aguas.
Como las plantas no pueden moverse y escapar, ¿cómo hacen para no ser comidas en su totalidad, y asegurar su existencia? Lo logran con mecanismos de defensa asombrosos. Gracias a esto abundan sobre el planeta.
Una estrategia de defensa física es la de producir espinas, púas o cáscaras y cortezas.
Un caso ingenioso es el de las papas silvestres en las que se han encontrado pelos que las protegen de los insectos: un tipo de pelo se quiebra al contacto con el insecto, atrapándolo en una sustancia pegajosa. El otro tipo es más sofisticado pues, al romperse, libera una sustancia semejante a la producida por los insectos como mecanismo de alarman la cual los espanta.
Pero quizá el mecanismo más importante y conocido es el de las defensas químicas. Las plantas producen compuestos que por su mal sabor, olor, toxicidad u otros, disuaden al depredador de comerlas (El sabor que nos gusta de la mostaza o el rábano o el repollo se lo da un aceite, que es tóxico para muchos insectos).
Pero siempre alguna especie herbívora (no todas) logra vencer esas defensas y alimentarse de alguna planta.
Esta relación entre plantas y herbívoros es un ejemplo más de los asombrosos balances dinámicos que encontramos en la naturaleza.