Negocios # 687
Diminutos hoteles ahora serán posadas
Rige nueva categoría de hospedaje

Actuar /Para EF
La familia francesa apenas cupo en las siete habitaciones de Casa Calateas. La aventura de hospedarse en esta posada fue apenas el arranque de un viaje por el bosque tropical húmedo en el Caribe Sur del país.
Por las mañanas, observaron aves, insectos y la naturaleza de Cahuita. Al mediodía, almorzaron rondón y otros platillos típicos del caribe y por la noche disfrutaron de la música calypso.
La experiencia de estos franceses que visitaron recientemente Costa Rica es poco usual si tomamos en cuenta que encuestas del Instituto Costarricense de Turismo (ICT) revelan que solo el 7,5% de los turistas dijeron haber hecho turismo rural.
El grueso de los 2,1 millones de pasajeros que ingresaron en el último año se hospedó en hoteles, villas o albergues y no en posadas, la nueva categoría de alojamiento creada por el Estado.
Desde principios de setiembre rige un decreto que creó esta nueva modalidad, que les permite a los empresarios de pequeños alojamientos optar por la declaratoria turística.
El decreto define posada como aquel alojamiento con un mínimo de tres habitaciones (dotadas de baño privado) y servicio de alimentación, características propias del turismo rural comunitario.
Este mercado lo conforman alrededor de 170 empresarios, según estima la Asociación Costarricense de Turismo Rural Comunitario (Actuar).
Dentro de este sector está el ecoturismo, el cual según Gonzalo Vargas, presidente de la Cámara Nacional de Turismo, fue practicado por 733.000 personas el año pasado y generó $986 millones en divisas.
Todos por la declaratoria
La declaratoria turística es el primer paso que necesitan los empresarios de turismo rural comunitario para acceder a incentivos turísticos, dijo Kyra Cruz, de Actuar.
Por eso, muchos de sus afiliados gestionan ante el ICT este reconocimiento.
Tres ejemplos son la Asociación de Conservación y Desarrollo del Carbón Dos; la Asociación Conservacionista Albergue Ecológico Tesoro Verde y la Asociación Ecológica Paquera, Lepanto y Cóbano (Asepaleco).
La primera, está compuesta por 11 personas quienes operan Casa Calateas, el lugar donde se hospedó la familia francesa, informó Sandra Villalobos.
En Tesoro Verde, los viajeros pueden ir a Isla del Caño, ver delfines, ballenas, caminar por senderos, observar aves e insectos y hasta compartir con las familias vecinas la labor del ordeño y el cuido de cerdos, comentó Mayra Salazar, una de sus afiliadas.
La asociación opera una posada de ocho habitaciones.
Por su parte, Asepaleco tiene más de 100 socios, quienes aprovechan una reserva con más de 900 hectáreas en la península de Nicoya, camino a Jicaral.
Dos cabinas con capacidad para 20 personas sirven de posada a los turistas que desean visitar la catarata, el bosque primario y secundario y observar las ranas durante la noche.
También hay empresas familiares o comunidades organizadas que ofrecen este tipo de turismo. Por ejemplo, en Monteverde, una familia opera el hospedaje Olivos Santa Elena y guía a sus visitantes por un rancho agropecuario, lechería y procesamiento del café.
La comunidad indígena de Yorkín se organiza para llevar por canoa a los turistas interesados en conocer la cultura bribri.
Sin duda, legalizar la posada como una nueva forma de hospedaje, incentivará a otras comunidades y grupos del país a desarrollar un negocio turístico que sea amigable con el ambiente.

