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Estilos de Vida

Artículos Edición # 688

La crisis tiene mucha tela que cortar

El Financiero

Rodolfo González Ulloa

Cuentan que durante elcrack financiero de 1929 y en la época de la Segunda Guerra Mundial las faldas se hicieron más largas, casi hasta los talones.
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CLASE EJECUTIVA

Violar es impune

Ana Istarú

Prácticamente. En Costa Rica. Se denuncia poco. Se condena menos. Diez veces menos de lo que se denuncia. Prácticamente. ¿Por qué?

Porque quien viola es muchas veces ese señor decente que es mi papá, o el amigo de mi papá, o el novio de mi mamá. O el vecino o el tío o el cura o el hermano. Porque ni mi mamá ni mi tía ni mi abuela me creen.

Porque mi mamá sí me cree y por eso me castigó. Y si me castigó la culpa debe de ser mía. Porque uso pantalón corto, como dijo papá. Porque no quiero ir a un juzgado y decir delante de todo el mundo una cosa tan asquerosa.

Porque lo que quiero es olvidar. Y es muy difícil olvidar, por ejemplo, las monedas que debajo de la almohada me dejaba mi abuelo.

Porque si cuento que me violó un desconocido me van a achacar la responsabilidad. Va a flotar en el aire esa duda enervante: ¿qué andaba haciendo, en dónde, a qué hora? ¿Tomó, en la fiesta? ¿Cómo andaba vestida? ¿Por qué se expuso? Como si se pudiera ver con desconfianza a alguien que sufrió un bajonazo y decirle: “¿Ah, sí? ¿Y Ud. por qué compró esa marca de carro? ¿No sabía lo que hacía cuando lo sacó a la calle?” Porque si cuento que me violó un desconocido, dependiendo de quién escuche, puedo sentirme de nuevo degradada, imaginada, vista ahora con codicia como pasto de lujuria. Porque a veces provoca una sonrisa mezclada con desprecio. Porque más violentas serán las dudas si soy un varón violado.

Porque una madre que tácitamente accede a la violación sistemática de su hija por parte de su pareja, ve el sexo como una condena, como un trámite, como un “servicio” inevitable que tributan las mujeres para conservar a su hombre. Y siendo ella misma una mercancía deteriorada, ya sin valor, debe renovarla con la carne fresca de su niña. Ella que ahora es su instrumento y su rival. Su odiada imprescindible.

Violar es impune, prácticamente. Porque no sólo debe cambiar el violador. También la sociedad que, con su actitud, lo produce, lo tolera, lo legitima y lo indulta.



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