Opinión
Artículos Edición # 689
Lecciones de la crisis
Al escribir este editorial, las bolsas de valores del mundo entero se encuentran en caída libre. De poco han servido para calmar a los mercados el paquete de salvamento aprobado por el legislativo de los Estados Unidos, la acordada baja en las tasas de interés con Europa y otros países, el incremento en el monto de los depósitos garantizados, los préstamos y las extendidas nacionalizaciones bancarias.
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Inconsistencias financieras
Dennis Meléndez
La severa crisis que afecta los mercados financieros internacionales parece no tener fondo. Las dudas de que los montos aprobados por el Congreso de EE. UU. sean suficientes, especialmente después de las restricciones que se les impusieron, y la posición dubitativa de las autoridades de la Unión Europea para respaldar a sus respectivos sistemas, siguen golpeando los mercados.
La opinión pública internacional ha sido implacable con los agentes financieros que siguieron políticas muy alegres en la concesión de créditos. Tal negligencia debilitó, sensiblemente, la solidez bancaria. Y es que, en el mercado estadounidense, en los últimos diez años, hubo una creciente euforia por colocar recursos masivamente, lo que condujo a los bancos a llenarse de créditos “Ninja”, es decir, con modestas garantías y, principalmente, de deudores de dudosa capacidad de pago.
Las reprimendas están más que justificadas, pues quienes manejan recursos ajenos deben ser muy responsables. La mayoría de esos recursos, directa o indirectamente, pertenecen a pequeños ahorrantes, pensionados, entidades sociales o gobiernos de países pobres. Lo que es peor, las consecuencias de una debacle como ésta impactarán la economía mundial y repercutirán en el sector real, aumentando el desempleo y la pobreza en el tercer mundo.
En muchos casos, esas severas críticas provienen de individuos que, en otras épocas, enfilaban baterías contra los intermediarios financieros, a quienes siempre acusaban de insensibles y de querer prestar solo a quienes no lo necesitan. Y eso es contradictorio con una sana política de manejo financiero y acarrea serios cuestionamientos sobre la mal llamada banca de desarrollo.
Si las lecciones se aprenden, lo que veremos en el futuro serán bancos extremando medidas para verificar la capacidad de pago de los prestatarios, y exigiendo mucho mayores márgenes entre créditos y garantías. El acceso a los créditos será más difícil y su costo, más alto.