Opinión
Editorial
Un alto en el camino
El Gobierno y las autoridades monetarias enfrentan retos vitales en lo que resta del año, dado el deterioro en algunos de los indicadores económicos del país. En el 2008, la actividad económica se ha debilitado, la inflación ha aumentado a niveles altos y la incertidumbre continúa en virtud del entorno internacional y de la volatilidad en el mercado cambiario.
Después de crecer a un ritmo superior al 7% en el 2007, el Banco Central proyecta un aumento de la producción del 3,3% para el 2008. En el primer semestre hemos visto un crecimiento cada vez más lento del Índice Mensual de Actividad Económica (IMAE) afectado principalmente por la desaceleración de las exportaciones de empresas en zona franca. A esto se sumará el efecto de la política monetaria más restrictiva sobre la demanda interna.
Debe señalarse, sin embargo, que los economistas continúan con relativo optimismo en relación con la tasa de crecimiento del PIB como muestra la reciente encuesta de EF. De hecho, la economía costarricense ha mostrado cierta resistencia a la desaceleración de la economía mundial, en buena parte porque los flujos de IED han continuado creciendo a un ritmo favorable pero también porque no todos los sectores de actividad económica se han visto igualmente afectados por el entorno mundial.
Desafortunadamente, se permitió que la liquidez de la economía creciera mucho en el 2007 y aún en esta primera parte del 2008, lo que ahora obliga a un ajuste fuerte en la política monetaria.
Contrario a lo que esperaba el Central con la adopción del sistema de bandas cambiarias, la autoridad monetaria perdió capacidad de controlar la inflación en tanto no ajustó las tasas de interés para evitar mayor entrada especulativa de capitales. De ahí que la inflación ha crecido más de un 14% en lo que va del año, como consecuencia no solo del crecimiento del precio de los combustibles y de los alimentos, sino también del gasto interno.
Las autoridades económicas –fiscales y monetarias– deberán actuar con mucha cautela en cuanto a la dosis de las medidas económicas en los próximos meses pues enfrentan el constante dilema de cómo controlar la inflación sin debilitar excesivamente la actividad económica. Los empresarios ya han comenzado a sentir la restricción crediticia y eso les pone freno al rápido crecimiento que traían. Esto afecta no solo el crecimiento de la producción sino también la calidad de la cartera de los bancos. El sistema bancario enfrenta el reto de distinguir con claridad la coyuntura de cada actividad económica dado que no todas están enfrentando las mismas condiciones. De esa lectura dependerá en alguna medida la posibilidad de mantener una tasa de crecimiento de la producción favorable, además de lo que ocurra en los mercados mundiales.
Autoridades económicas y empresarios deben estar preparados para enfrentar diferentes escenarios y riesgos del entorno internacional, dado que aún existe incertidumbre sobre su evolución.
Escriba sobre el editorial
Una gran interrogante para el sector privado es cómo tomar decisiones frente a un mercado cambiario muy volátil. El primer semestre presentó movimientos importantes del tipo de cambio y pérdidas en las reservas monetarias internacionales. Si bien es cierto los flujos de inversión extranjera directa mantienen su ritmo de crecimiento, estos serán muy sensibles a las medidas que tome la Reserva Federal en los Estados Unidos. En ese sentido, vemos con preocupación el alto déficit en la cuenta corriente que presentan nuestras cuentas externas y lo que ello puede implicar sobre el comportamiento del tipo de cambio.
Una lectura precisa del acontecer económico y una respuesta clara, oportuna y atinada serán las mejores compañeras de las autoridades económicas y del sector privado en lo que resta del año para mantener la economía a flote y sin grandes vaivenes. Es una tarea compleja pero indispensable.