Opinión
Artículos Edición # 685
Desafío y oportunidad
El Gobierno se encuentra sacudido por una serie de denuncias, que angustian al país, y por la crisis mundial, que a todos nos agobia. La administración Arias solo puede recuperar la confianza de los costarricenses si decide regirse por el buen juicio, en el hablar, y hablar con resultados visibles y concretos. El desafío es complejo, pero debe asumirlo ya.
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ENFOQUES
Inflación, ¿mundial?
Dennis Meléndez
La turbulenta situación internacional, marcada por la crisis en los mercados financieros externos, los altos precios del petróleo y otras materias primas, incluyendo algunos alimentos, y los síntomas de recesión en los principales países desarrollados, inevitablemente tiene implicaciones, en mayor o menor grado, en todas las economías.
Es claro, también, que el fenómeno inflacionario se ha acelerado en casi todo el mundo. Italia (4,1%), España (4,3%), Gran Bretaña (4,4%) y Estados Unidos (5,6%), acostumbrados a tasas por debajo de 3% anual, han duplicado el crecimiento de los precios. Sin embargo, hay países, importadores netos de petróleo, que aún tienen inflaciones bajas, como Francia (3,6%), Alemania (3,3%) y Japón (1,9%).
En el caso costarricense, la inflación que, hasta octubre del 2007, se había reducido a un solo dígito, retomó fuerza a partir de noviembre y alcanza, 15,4%, solo superada en Latinoamérica, por Venezuela (30,5%, anualizada) y Argentina (20%-30% estimada).
En buena medida, ese comportamiento de los precios obedece al aumento en los precios externos del petróleo.
Eso no quiere decir que debamos aceptar nuestro destino. Si el país lo quisiera, los efectos de los precios externos podrían neutralizarse con una adecuada política monetaria. La pregunta no es si lo podría hacer, sino hasta qué punto le convendría hacerlo. Podría ser que una muy estricta política monetaria, de por sí muy costosa, tuviese efectos indeseables, de corto plazo, en la producción y empleo, lo que sería una opción menos aceptable.
Muchos países han demostrado que es posible mantener inflaciones no tan altas sin provocar efectos perniciosos en el sector real. Pero, parece no haber conciencia en la población, de que para eso, hay que eliminar el déficit del Banco Central, lo que requiere trasladar las pérdidas acumuladas al Presupuesto Nacional y minimizar los costos de la política monetaria, y darnos cuenta de que esta es un costoso lujo para un país como el nuestro.