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Opinión

Ideas no se matan... se roban

Arnoldo Bonilla

A brincos y saltos, con días malos y buenos, la legislación costarricense en torno a la propiedad intelectual y las marcas avanza, se aprueba o revisa.

Así ocurre como parte del conjunto de normativas que sufren variaciones con el advenimiento del Tratado de Libre Comercio entre Estados Unidos, Centroamérica y República Dominicana (Cafta, por sus siglas en inglés).

Las modificaciones en este sentido vienen a reforzar nuestro de por sí completo sistema jurídico, que engloba todo lo necesario para que el dueño de una marca ejerza con fortaleza todas las acciones legales tendientes a proteger los signos que identifican sus productos, sus servicios, y también, su negocio como tal.

Estos cambios permiten que nuestro país se adecúe a la normativa internacional en torno a propiedad intelectual y marcas.

Asimismo, las transformaciones procuran lo siguiente:

—La simplificación de los trámites para la inscripción de marcas y otros signos distintivos.

—La incorporación expresa de las marcas sonoras.

—Y el fortalecimiento en las penas impuestas a los infractores de marcas.

No en vano el mundo entero camina por este sendero.

¿A quién se protege?

Al proteger las marcas y en general cualquier producto o servicio que nazca del ingenio y el trabajo de una persona o grupo, en realidad se protege a la sociedad misma al salvaguardar uno de los motores más potentes del desarrollo.

La propiedad intelectual estimula la creación de bienes y servicios, favorece la investigación y promueve el crecimiento social.

“Las marcas constituyen un bien que encierra trabajo e inversión, y que debe ser protegido”.

Abogado

Bufete Arnaldo Bonilla y Asociados

Además, es germen de nuevas creaciones e innovación constante.

Los ataques a este derecho amenazan, por tanto, a quienes vivimos en un mundo cambiante y deseamos que el ingenio y el trabajo humano sigan procurando el avance y no el estancamiento.

¿Por qué razón para algunos es tan díficil este concepto?

Al igual que una casa, un carro, una finca y en general todo lo concreto que poseemos, las marcas constituyen un bien que encierra trabajo, esfuerzo, inversión, empleos, creatividad y que debe ser protegido.

Acción urgente

¿Y quiénes son, entonces, los llamados a ejercer esta salvaguarda?

La respuesta es fácil de encontrar, pues pasa por la pequeña empresa de garaje, la finca del productor, la computadora del joven desarrollador de software , la oficina del representante de la compañía internacional.

Es urgente, entonces, que los empresarios y gerentes nacionales, se informen, se asesoren adecuadamente, y conozcan todas las alternativas que la ley ofrece actualmente.

Lo anterior incluye también los proyectos de ley que próximamente se estarán aprobando, para que pongan en práctica todas estas útiles herramientas en resguardo de lo que tanto les ha costado.

Reza un viejo refrán: “Las ideas no se matan, pero se roban”.

Es justamente en razón de este principio de protección al intelecto, que Costa Rica desde hace varios años, ha promulgado legislación tendiente a buscar y brindar esa protección.

Es hora entonces de poner manos a la obra, valorar y apreciar de forma adecuada lo que representan los activos intangibles dentro de nuestras empresas, y emprender la importante tarea de registrar y proteger todo ese inventario intelectual, que al final será lo que permita defenderlo administrativa o judicialmente.

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