Scientia
Alarmas químicas
Rodrigo Gámez
El uso de señales de alarma como método de defensa es común entre animales, quienes emplean para ello los sentidos de la vista, oído y olfato.
Las plantas usan sustancias químicas para producir una “alarma” que desencadena un proceso de defensa.
Tal y como sucede con el sistema inmune de los animales, las plantas producen dichas sustancias sólo cuando las necesitan, como sucede con la papa y el tomate.
En ambos casos, cuando una hoja es herida por un mordisco de un depredador, se activa la “alarma”, la cual consiste en una sustancia química (una enzima) que actúa como un mensaje y que viaja rápidamente por toda la planta.
De inmediato, se empiezan a producir y acumular proteínas que interfieren con la digestión en el tracto digestivo del atacante.
Igual sucede con los hongos y las bacterias, parásitos comunes de las plantas, las cuales se defienden produciendo sustancias que provocan un retardo en la infección.
Existen también otros mecanismos sorprendentes.
Por ejemplo, hay árboles que al ser atacados por larvas de insectos, envían una señal de alarma a árboles vecinos de su misma especie. La señal pareciera ser una sustancia química volátil que llega a los que están más cercanos. Al recibirla, el árbol empieza a producir sustancias que hacen que las hojas sean cada vez menos nutritivas para los gusanos.
Estos descubrimientos nos demuestran la complejidad asombrosa del mundo natural que nos rodea y nos dan pistas sobre aplicaciones prácticas de estos descubrimientos. Emulando a la naturaleza podemos desarrollar nuevos insecticidas para proteger cultivos de importancia agrícola y alimentaria. Serían insecticidas naturales, seguramente menos tóxicos o inocuos a otras especies, permitiéndonos así producir alimentos de mayor calidad y cantidad.