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El Financiero
Jorge Arce EF

Empresaria del año: Analía García Elizondo

Pocas entrevistas duran dos horas y media, pero la que realizamos a Analía García y a Domingo Argentini de la empresa El Ángel se prolongó ese tiempo porque –para entender cómo habían salido adelante luego del terremoto del pasado 8 de enero– era necesario conocer 32 años de trabajo duro y solidario.

Además, había que conocer la filosofía de vida que los llevó a tomar decisiones que iban a más allá de obtener solamente una rentabilidad.

El pasado 24 de noviembre la presidenta de El Ángel resumió estos años de actividad en Costa Rica y detalló las razones por las que decidieron seguir adelante y apoyar a casi 300 trabajadores, las cuáles se podrían sintetizar en una palabra: compromiso.

García y sus 19 socios siguieron fieles a su filosofía de vida y seguros de que hacían un bien mayor si continuaban con su fábrica a pesar de los riesgos.

Este grupo llegó al país desde Argentina en 1977 y sigue la filosofía Cafh, la cual pretende que las personas sean conscientes de que, cualquier acto que parta de uno mismo, debe tener una consecuencia positiva en el entorno.

Las acciones de García y sus socios, liderados por José Luis Kutscherauer, en favor de la localidad de Cinchona, iniciaron desde que llegaron al país.

“Ir a la zona de Sarapiquí era como ir a una safari en África, era muy alejado y el camino era muy malo”, recordó este empresaria.

Crearon un consultorio médico gratuito, impulsaron el asfaltado del camino, llevaron la electricidad a los pueblos cercanos y apoyaron la educación de los hijos de sus empleados.

Comenzaron de cero pues de jaleas, dulce de leche o salsas no sabían absolutamente nada, pero antes del sismo fabricaban 98 productos diferentes en 380 presentaciones.

Luego del terremoto, las ideas de cerrar, trasladarse a otro sitio o dedicarse a otras actividades fueron barajadas. Pero, al igual que hace tres décadas, pensaron que lo mejor era continuar y respaldar a las personas que en ese entonces los ayudaron a crecer y alcanzar el tamaño que la empresa tenía antes del 8 de enero del 2009.

Ese día, todos los socios estaban en la empresa y vieron como el espíritu colaborador de sus trabajadores sería lo que levantaría a El Ángel de nuevo. Nadie salió de las instalaciones hasta asegurarse del buen estado de sus compañeros.

Días después del terremoto, los socios buscaron a sus trabajadores en los albergues para comunicarles que mantendrían su pago por dos meses y que levantarían la planta de nuevo.

Si las empresas no cumplieran con nuestros objetivos –que sean lugares aptos para trabajar y que la gente esté bien–, preferimos no tener empresas”.

Antes de que concluyera ese periodo, algunos colaboradores llegaron a la fábrica y voluntariamente se dedicaron a desarmar, trasladar e instalar una planta provisional.

Las mujeres se encargaron de pintar y acondicionar la bodega para la nueva planta y de instalar la maquinaria, mientras que los hombres desmontaban y trasladaban los equipos con enormes dificultades de transporte.

En abril pasado la fábrica estaba operando y hoy producen el 95% de los productos que elaboraban antes del terremoto.

Una cadena de favores

El constante interés por el bienestar de las personas les fue recompensado con la lealtad de sus empleados y una cadena de favores de sus proveedores y clientes.

Los trabajadores iniciaron labores antes del tiempo concedido, parte de ellos se ofrecieron para venir a San José a elaborar productos para los clientes en Productos Negrini, también propiedad de El Ángel.

Según García, los clientes respondieron de inmediato, y de los 44 pedidos del exterior que había al momento de la catástrofe, el 90% fueron pagados por adelantado.

Por parte de los proveedores, hubo ampliaciones en el periodo de pago y en unos casos, cuentas por pagar que de un día para otro fueron canceladas.

También hubo ofrecimientos por parte de otras industrias de alimentos para prestarles sin costo sus instalaciones.

Uno de sus principales proveedores, la Liga Agrícola Industrial de la Caña de Azúcar (Laica) amplió los plazos de pago y se adecuó a la entrega de materia prima según las nuevas necesidades de El Ángel.

¿De dónde salió el dinero?

Mantener los pagos de los trabajadores, desmantelar la antigua fábrica y acondicionar la provisional tenía un costo. ¿De dónde salió el dinero para todo eso?

Una porción provino de préstamos bancarios de corto plazo por una suma cercana a ¢975 millones. Otra parte importante salió de una indemnización, pues El Ángel poseía una planta hidroeléctrica cerca de sus instalaciones que fue arrasada por el río El Ángel en las avalanchas.

Las reservas de los socios para situaciones de emergencias, cerca de ¢150 millones, también tuvieron que salir de las cuentas bancarias.

Actualmente el desmantelamiento de la antigua instalación está suspendido, el dinero es poco y existen otras prioridades en la producción. Además, el espacio es reducido.

Sin embargo, la decisión es que una vez con el financiamiento bancario se construirá una nueva y mejor planta cerca de la localidad de Cariblanco en la finca Noble, propiedad de los socios. Esperan iniciar la edificación en el 2011.

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