¿Quién es? Calufa pasa la prueba del tiempo
El 21 de enero se celebra el centenario del nacimiento de este escritor
Edición 701Sergio Ramírez me dijo una vez que Calufa es “un escritor aquí y en cualquier parte del mundo”. Fallas es el único autor costarricense que es una referencia indispensable en la historia de la literatura latinoamericana.
No ocurrió lo mismo con José Marín Cañas o Yolanda Oreamuno, debido al silencio de 30 años del primero y la muerte prematura de la segunda. La lección más importante que se aprende de la obra de Calufa es que la literatura costarricense tuvo una ambición continental, latinoamericana e internacional, hace 50 años, que no tuvo después, y que recuperó apenas con la crisis de 1980 y el fin del Estado benefactor, en la década siguiente.
Calufa demuestra que un gran escritor es capaz de serlo en cualquier circunstancia personal e histórica y sobreponerse a las limitaciones que le imponen su clase social, su falta de educación, su compromiso ideológico, su militancia partidaria y los vaivenes de su vida. Fallas es el único gran escritor costarricense que también fue un hombre de acción y un héroe militar.
La tercera lección es que la literatura de un gran escritor no puede reducirse a una visión limitada de la realidad: la obra de Fallas es de una extraordinaria variedad e incluso se permite escribir una novela de aventuras adolescentes comoMarcos Ramírez y una pequeña “comedia humana” comoGentes y gentecillas .
Literatura verdadera
A este respecto, Fallas nos recuerda que la literatura verdadera es más inteligente que su autor y que no debe reducirse jamás a sus convicciones políticas e ideológicas. Calufa fue un escritor comunista, pero sería un error reducir su obra literaria a esta etiqueta simplista.
Lo que hace extraordinario a Calufa es su capacidad de observación, que se traduce en un conocimiento insustituible del ser humano. Calufa no es un autor de lenguaje, estilístico, preocupado por una narrativa artística o literaria, sino un gran cronista de los acontecimientos cotidianos y de la forma de dotarlos de vida propia mediante un notable y desarrollado oído para el habla y para la caracterización de personajes de todas las clases sociales, y de modo particular de las populares.
Fallas es un narrador nato, dotado de una aguda sensorialidad para crear situaciones que atrapan al lector .
El peso de su obra
“Calufa fue, sin duda, el novelista costarricense más importante de la primera mitad del siglo XX y su impacto se dio en toda la región Latinoamericana”.
La novela más conocida de Calufa es Mamita Yunai, y probablemente esa será la obra que se siga mencionando en el ciclo de la novela bananera, de la narrativa social y de la literatura latinoamericana anterior alboom y al realismo mágico.
Pero las grandes obras de Fallas son Gentes y gentecillas, que considero más compleja y totalizadora, en la que tuvo oportunidad de madurar su experiencia de vida y su estilo narrativo, y la saga juvenil Marcos Ramírez, a menudo comparada con Tom Sawyer y Huckberry Finn, de Mark Twain.
Calufa vivió menos de 60 años, peleó una guerra civil y múltiples huelgas y conflictos sociales, tuvo muy poca educación formal y en la revolución de 1948 perdió todos sus manuscritos, incluyendo la segunda parte de Mamita Yunai y una novela comenzada.
Su última década la pasó cansado y enfermo, con menos ánimo para dedicarse a obras de gran envergadura.
Vivió con urgencia y escribió con la misma precipitación. Le robó tiempo a la vida para escribir y tiempo a la literatura para vivir. La vida que vivió fue al mismo tiempo su mayor límite y su mayor libertad. De haber vivido de otro modo hubiera escrito de otro modo, quizá mejor o quizá peor, probablemente hubiera publicado mucho más, pero seguramente con menos impacto político y literario del que gozó. A menudo pienso que, como lectores, como críticos, como parricidas, no hemos sido dignos de él.
De mayor impacto
Calufa fue el novelista costarricense más importante de la primera mitad del siglo XX, y su impacto se dio en toda Latinoamérica. Le puso nombre al tópico de la literatura bananera al crear el apelativo “Mamita Yunai” (para señalar la relación ambigua de Latinoamérica con la United Fruit Company y Estados Unidos).
En el ámbito nacional, es indudable que su obra caracterizó la narrativa social costarricense de 1940 a 1970, hasta que emergieron autores urbanos como Carmen Naranjo y Joaquín Gutiérrez. Fallas fue publicado por la editorial Gallimard en francés, en un momento en que solo habían sido traducidos autores como el venezolano Rómulo Gallegos y el cubano Alejo Carpentier.
Hasta los años sesentas, Fallas fue el novelista centroamericano más reconocido después de Miguel Ángel Asturias y uno de los paradigmas del escritor latinoamericano comprometido, como es evidente en el poema que le dedica Pablo Neruda en elCanto general , en 1950, y en la célebre foto en la que se ve a Neruda, el poeta cubano Nicolás Guillén y Fallas, en Moscú, en los años cincuentas, entre los principales escritores comunistas del mundo. Es cierto que Calufa no fundó la tradición de la literatura costarricense combativa, contraria a la imagen de la “Suiza centroamericana”, lo hizo Carmen Lyra, pero sin duda él le dio su carácter definitivo y, hasta la década de 1970, la llevó a su mayor expresión y vitalidad. Calufa sigue vivo en su literatura e incluso en la actual novela costarricense, que ha recuperado su aliento subversivo.



