
Frank guevara /Para EF
Una silla muy cómoda para el ambiente
Muebles de cartón reciclables, sólidos y compactos
Edición 705En la acogedora galería de la Boutique Kiosco SJO en el barrio Amón, San José, sobresale una silla y su butaca.
Todos los muebles que las rodean tienen algo (o todo) de madera, pero ellas están hechas con 60 capas de cartón “virgen” y pegamento tipo cola blanca. Nada más. No hay pintura, clavos, perillas barniz, tornillos, lacas... y su precio es de $340.
El diseñador y constructor de este mueble es Luis Velásquez, de 29 años, estudiante de diseño industrial del Instituto Tecnológico de Costa Rica.
Sus diseños siguen una filosofía simple: usar materiales de fuentes orgánicas, como la cola y el cartón, con métodos de relativamente menor consumo de energía y aprovechando al máximo los materiales.
Él diseña a mano sus muebles, procurando hacerlos multifuncionales. Lo que su mano dibuja lo plasma en un software llamado Inventor y el resultado final lo envía vía Web a la empresa Corrugados del Guarco, donde una máquina especial corta cada uno de los perfiles de cartón que luego Luis pegará con cola.
El resultado es un mueble macizo, fuerte y liviano que puede durar años (en su cuarto tiene uno con tres años de vida); eso sí, si se moja alguno, se puede declarar su muerte.
Velásquez forma parte de una línea de diseñadores costarricenses que siguen la vía de los productos ecoamigables y salen con ellos al mercado, logrando posicionarse en otros países.
Alternativa
Velásquez, con su microempresa K9, ha vendido exhibidores para ofrecer en tiendas, revistas que promueven prácticas ecológicas y hasta camisetas.
Sus diseños son también mesas, tocadores, mecedoras, estantes, libreros y más.
“Se trata no solo de usar materiales buenos con el ambiente, sino con alta calidad visual”, dice Velásquez.
Natascha Moscoa, con 32 años, es dueña de la microempresa Hip n Verde. Ella vende en Costa Rica y California bolsos creados con retazos de telas que usualmente se desperdician en las fábricas. Emplea a mujeres sancarleñas en su creación y las etiquetas son marcadores reciclables de libros.
Fuente Natascha Moscoa.


