Estilos de Vida
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CLASE EJECUTIVA

A 15 minutos de la Edad Media

Intento explicar a mi hija cómo diantres funcionaba el Medioevo. Cómo el noble feudal era amo y señor de almas y de haciendas. –“¿Y si una campesina se casaba con un millonario, era libre?”–se le ocurre. Suspiro. Intento explicarle cómo funciona una sociedad en la que la permeabilidad entre clases no funciona. No me cree mucho. Encontrará que miro el pasado con pesimismo. Intento hacerle comprender cómo actualmente nos encontramos en un estado de derecho. No obstante, ahora soy yo quien no me creo mucho.

¿Es realmente posible salir de la pobreza extrema? ¿Se casará alguien nacido en un precario con un millonario? ¿Será libre? Quienes se protegen hoy en las ciudadelas amuralladas, ¿se protegen? ¿No volverá a existir el derecho de pernada? ¿Cuando, por ejemplo, los narcotraficantes que avasallan a las humildes familias fronterizas, compran munícipes rurales, corrompen jueces de poca monta (dejémoslo así), se instalen y envíen a sus hijos a los colegios de postín y no haya quien pueda rechazar, sin exponer la vida, el cortejo a una de sus hijas?

“Una sociedad es excluyente hasta que aquello que excluye le revienta el parabrisas”.

Próxima semana

Anacristina Rossi

Revientan a golpes la cabeza al inmigrante secuestrado camino del sueño americano, si su familia no paga un rescate. En México. Pero, ¿de dónde es el inmigrante? ¿De dónde las jóvenes raptadas para ser violadas? ¿Son menos peligrosas nuestras calles que los bosques medievales? ¿En qué se diferencia el destino de la cruzada de niños que partió en 1212 a recuperar Jerusalén, del de los niños violados, vendidos, muertos para arrancarles las entrañas?

El crimen organizado nos invade. La inequidad social es su mejor caldo de cultivo. Una sociedad es excluyente hasta que aquello que excluye le revienta el parabrisas. Mis respetos a las empresas que, en medio de la crisis, evitan despedir a sus empleados. A los esfuerzos del Gobierno por que los jóvenes no abandonen las aulas. Al fiscal general Dall’Anese, por su integridad y lucidez. Que sus palabras no queden en clamores de Casandra.

Viajamos todos en el mismo barco: o nos salvamos todos o no se salva nadie.

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