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El Financiero

2008: el año que sacudió a la economía

Menor crecimiento, cambio de tendencia en el tipo de cambio y aumento en tasas movieron terreno

La amplia distancia que separa a Costa Rica de Wall Street fue insuficiente para evitar que este 2008 la economía del país comenzara a sentir con fuerza el movimiento telúrico que, desde hace meses, sacude al corazón financiero de Estados Unidos.

En los últimos 12 meses, los cambios sutiles que registraban los sismógrafos del Banco Central se transformaron en empinamientos, oscilaciones y puntos de inflexión, en variables como la producción, el tipo de cambio y las tasas de interés.

Con tanto movimiento, el desempeño de la economía del país quedó reprobado. Al menos, eso considera la mayor parte de los 37 profesionales que participaron en la cuarta encuesta a economistas dentro del proyecto Inteligencia Financiera de EF.

En temas como crecimiento de la producción, generación de empleo y pobreza la nota de los consultados rondó los seis puntos de 10. En el caso de combate a la inflación la evaluación fue más enérgica y el rubro apenas alcanzó los tres puntos.

La encuesta, coordinada por el economista Ronulfo Jiménez, y aplicada entre el 28 de noviembre y el 12 de diciembre, recoge la opinión de 37 profesionales independientes, o ligados a instituciones bancarias, puestos de bolsa y firmas de asesoría.

La nota roja para la producción era de esperar. La onda sísmica que se comenzó a propagar con más fuerza durante la segunda mitad del año hizo que la proyección de crecimiento se hundiera al 3,5%, comparado con un 7,3%, en el 2007.

Sectores como la industria y la construcción marchan a la cabeza en el recuento de las víctimas, aunque la mayoría de las demás actividades como hoteles y comercio, muestran señales de contracción en comparación con los resultados del 2007.

Varias columnas externas, que en otro momento aportaron solidez al crecimiento del país, ahora muestran síntomas de desgaste. Una de ellas es la desaceleración de las economías avanzadas, cuyo crecimiento del 2008 terminará por debajo del 2%.

En Estados Unidos, destino de buena parte de las exportaciones del país y emisor por excelencia de la Inversión Extranjera Directa (IED) que llega a Costa Rica, al año nuevo le espera una recesión plantada en la puerta.

Con su principal socio de negocios en apuros, es comprensible que los trazos del sismógrafo empiecen a reflejar mayor actividad sísmica local.

Sin embargo, no todas las sacudidas vienen de afuera. La menor expansión del crédito, acompañada de tasas de interés más altas afectará el gasto interno y esto también se ve reflejado en la producción.

Cimientos fuertes

Hace un año, cuando EF publicó su primera encuesta a economistas, la conclusión fue que el país quedó con bases más sólidas para perseguir en el 2008 una reducción en la inflación, con un Central menos activo en la compra de divisas.

Un año más tarde, el cambio en el panorama fue más radical. El crecimiento de tiempos pasados, la mejor recaudación fiscal y la reducción de la deuda pública como porcentaje del PIB, se convirtieron en herramientas de supervivencia.

La política fiscal del país obtuvo de parte de los economistas una puntuación de 7,6, mientras que la política monetaria reprobó el año, con una nota de 5.

En materia fiscal, el crecimiento de los ingresos, el superávit de ¢97.000 millones y la reducción del peso de la deuda del Gobierno como porcentaje del PIB, se está llevando aplausos por parte de los economistas.

No obstante, a medida que la economía se desaceleró, los ingresos tributarios comenzaron a crecer más lento. En los primeros 11 meses del 2008 el incremento fue del 20%, cuando un año atrás era del 27%.

La relación de la deuda del Gobierno como porcentaje del PIB, este año bajó a 24% (era del 41% en el 2004), un número a partir del cual el Ministerio de Hacienda hace planes para enfrentar la crisis, pues ese espacio ganado le permitiría intensificar la inversión pública.

Buena parte de los economistas coincidieron en que la política monetaria que se siguió, junto con variables de orden externo, fue la responsable de una inflación que termina el año por encima de las estimaciones más pesimistas de finales del 2007.

3,5%

Crecimiento d el PIB del 2008, versus un 7,3% del 2007.

1,1%

Crecimiento de la actividad económica.

16%

Inflación esperada al cierre de diciembre de 2008.

11,5%

Tasa Básica Pasiva. En diciembre de 2007 cerró en 7%.

20,9%

Tasa activa promedio. En diciem- bre de 2007 fue de 16,26%.

¢553,5

Tipo de cambio (compra) en el 2008. En el 2007 fue ¢495,23.

El pronóstico inicial del Central de coronar el año con una inflación de 8% (+/- 1%) fue revisado a mitad de año y llevado a 14,2%. En estos momentos se espera que el indicador finalice bastante cerca del 16%.

La mayoría de los profesionales estima que el nivel de tasas de interés en colones debería ser mayor al actual. Es decir, aún con una Tasa Básica Pasiva que pasó de 4,5% en abril, a 11,75% al cierre de esta edición, el costo del dinero en la economía permanece bajo.

Es claro que uno de los temas discutidos durante los últimos 12 meses es la necesidad de que los rendimientos reales de las inversiones vuelvan a ser positivos, una meta que quedó inconclusa frente a tasas de interés de captación que permanecen por debajo de la inflación acumulada.

Remezón cambiario

El tipo de cambio pegado a la banda inferior, cotizándose por debajo de los ¢500, el Banco Central comprando divisas y los análisis de bancos de primer orden que pronosticaban el dólar a ¢450, era parte del aire que se respiraba a inicios de abril del 2008.

Tal escenario quedó hecho añicos en cuestión de unas pocas semanas. La divisa comenzó a subir de precio, el Central a intervenir dentro de las bandas cambiarias, mediante la venta de dólares, y logró estabilizar el precio de la divisa alrededor de los ¢520.

No obstante, en julio los dólares lanzaron una arremetida al superar los ¢550 y la autoridad monetaria decidió hacer una nueva cirugía en los parámetros del sistema cambiario.

Con el tipo de cambio pegado en el cielo por varios meses el Central comenzó a desacumular Reservas Monetarias Internacionales (RMI) para defender el techo de la banda, otro cambio de tendencia que marcó el 2008.

La autoridad monetaria llegó a acumular más de $4.100 millones de RMI netas a finales de 2007 y para finales del año siguiente esa suma bajó a cerca de los $3.900 millones.

Noviembre y diciembre fueron atacados por un enjambre sísmico, de caídas y aumento en el precio de la moneda doméstica; durante estos episodios las fluctuaciones fueron de hasta ¢40 y se han formado diferenciales entre precio de compra y venta de ¢12.

En medio de toda esta volatilidad en el tipo de cambio, los economistas terminaron por reprobar la política cambiaria, con una nota de 4.

Crédito se falsea

Todavía los datos de la actividad crediticia del 2008 son pocos, pero con solo los que el Central muestra hasta ahora hay material suficiente para percibir una desaceleración en el sector.

Los datos del crédito del sistema financiero al sector privado indican que a julio la cifra se acercó a ¢7,1 billones (millones de millones), un crecimiento real del 24%.

Con todo y ello existen matices entre los distintos segmentos. Mientras para la industria el crecimiento era del 8%, en vivienda la cifra alcanzó el 24%.

Buena parte del aumento en las tasas de interés en colones, la menor liquidez en el sistema financiero, así como las nuevas políticas para el otorgamiento de créditos quedan fuera de ese comportamiento de la cartera de préstamos. A estas alturas la desaceleración de la actividad podría ser más severa.

La mayoría de los 37 economistas también coinciden en que las autoridades del país no han planteado en forma clara y oportuna las políticas para enfrentar crisis internacional.

A la postre, este factor será una limitación para reparar la principal grieta que ha quedado con la crisis financiera: el deterioro de la confianza de los consumidores.

El Índice de Confianza del Consumidor (ICC), de EF está en 3,6 puntos de 10, cuando hace un año alcanzó niveles de optimismo de 6,3 puntos.

Cuando pasen los peores sismos y las réplicas pierdan fuerza, lo que más podría tomar tiempo es convencer a las personas de que es buen momento para volver a gastar.

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