83% de los ticos no hace dieta
Salud es una prioridad, pero alimentación no es balanceada
Edición 713Salud sí; sacrificio no. Recuerde esta frase si le quiere vender comida sana al costarricense. Al tico le gusta cuidarse, pero también desea darse sus gustitos. Su lema es: el que peca y reza empata.
Por eso, hacer “dieta” no va con el tico, aunque verse y sentirse bien sí es prioridad.
El estudio Alimentación, ejercicio y dieta, realizado por la Unidad de Inteligencia Financiera, de la escuela de Estadística de la Universidad de Costa Rica, profundizó en los hábitos alimenticios de los costarricenses.
Se preguntó a 707 jefes de hogar si en el 2008 habían hecho dieta. Un 83% respondió que no.
Sin embargo, un 67% dijo que era prioritario lucir atractivo, y un 72% que era importante verse delgado. Resolver ese dilema entre el deseo y la acción, entre la salud y el placer, es la clave para un buen negocio en el sector de alimentos, conclusión apoyada por los datos del estudio.
La encuesta se realizó durante la primera semana de febrero del 2008. La población de interés fueron los hogares con teléfono en todo el territorio nacional (65% de los hogares).
Buenas intenciones
Dicen que el cielo está empedrado de buenas intenciones. Aunque el estudio demuestra que el tico quiere comer bien lo cierto es que medir porciones y suplir distintos nutrientes no es un hábito adquirido por la población.
Un 49% de los jefes de hogar reconoció que sus comidas son “algo balanceadas”, un 27% dijo que eran poco balanceadas y un 6% nada balanceadas.
La nutricionista Karla Barrenechea, de la Clínica de Nutrición Von Saalfeld, cree que estos datos se explican por la poca costumbre que tiene el tico para medir las porciones de comidas. Facilitarle esta tarea podría ser una buena idea empresarial.
En términos generales, del 100% de alimentos que se comen diariamente del 50% al 60% deben ser carbohidratos; entre un 15% a 20% proteínas y máximo un 30% de grasas.
Para Barrenechea, si bien muchos costarricenses creen que tienen una alimentación balanceada, a la hora de analizar la dieta es común ver que la mayoría de las personas con algún grado de sobrepeso se exceden en las porciones, aunque coman alimentos de buena calidad.
“Es un error pensar que por ser un alimento light este no va a engordar. Estos alimentos también tienen menos calorías, pero no por eso hay que comerlos en cantidades indiscriminadas”, dijo Barrenechea.
Mucho pancito
Además de las porciones excesivas, el hábito de consumir de harinas está muy arraigado en el país.
El estudio de la Unidad de Inteligencia Financiera informa que un 65% de quienes dijeron que su alimentación es poco o algo balanceada tienen como rey y señor de sus platos al carbohidrato. Por ejemplo, más de la mitad de los entrevistados dijo desayunar pan y gallopinto.
Sobre este tema, Barrenechea subrayó la necesidad de poner atención a los hábitos de las personas más jóvenes.
“Un adolescente que está en el colegio generalmente no desayuna, o lo hace de manera poco saludable. En el recreo come frituras, refrescos azucarados o reposterías. A veces almuerza doble: una en el colegio y de nuevo en la casa, al llegar del colegio”, dijo. El trabajo de la Unidad de Inteligencia Financiera confirma esta tendencia.
En los adultos el asunto tampoco es alentador. De acuerdo con Barrenechea, estos por lo general sí desayunan, pero pocas veces de forma saludable.
“No realizan meriendas por falta de tiempo, almuerzan en la calle lo que encuentren más fácil de consumir, sin analizar su calidad dietética, y por lo general hacen cenas fuertes en la noche o pican alimentos con altas calorías. Muchos alegan tener constante ansiedad”, dijo.
El almuerzo es sagrado
Aunque los especialistas proclaman la importancia del desayuno, para los ticos el almuerzo es la comida más fuerte.
Así lo dijo el 69% de los encuestados, un 46% de los cuales lleva a la oficina la comida preparada en su casa, en contraste con un 30% que lo hace en restaurantes, sodas de la empresa, sitios de comidas rápidas u otras opciones. Pero, ¿qué almuerzan?
La empresaria Glenda Peace contó a EF que un 75% de las veces lleva almuerzo de su casa y un 25% sale a comer cerca de la oficina, donde busca un casado, una hamburguesa o un sándwich.
“Yo solo almuerzo, y muy rara vez desayuno. Cuando lo hago como cereal frío y una fruta. Almuerzo casado y para la cena soy un poco desordenada: como lo que se me antoja, desde un sándwich hasta un panqueque”, relató. La publicista Viviana Jiménez, de Desyfin, también lleva el almuerzo desde la casa.
“Normalmente acostumbro traer al trabajo el almuerzo desde la casa. La mayoría de las veces desayuno en ella y después, a las nueve de la mañana tomo una taza de café en la oficina. Mi desayuno es un sándwich de pan cuadrado de jamón de pollo y café negro. Almuerzo arroz, porción de carne y algún vegetal. En la noche como una porción de carne, picadillo y ensalada”, contó.
Una vida agitada
Como ellas, muchos profesionales viven entre las presiones de una agenda apretada, la necesidad de comer sano y la recomendación de sacar tiempo para cuidar de la propia salud.
Sin embargo, no todos encuentran un espacio en su horario para complementar la buena alimentación con el ejercicio.
De acuerdo con la encuesta, el deporte no es una medida popular. Apenas el 24% dijo que le preocupaba mucho hacer ejercicio, y un 25% dijo que le importaba “algo”.
Al restante 51%, sudar un rato y quemar grasa le importa poco o nada.
Aún así, el 57% dice preocuparse por reducir el consumo de carbohidratos y grasas, especialmente las mujeres.
La nutricionista María Paz Jiménez, explica este acento en que la constitución corporal femenina retiene más grasa en el cuerpo, por lo cual en la mujer existe una mayor tendencia a engordar que en el hombre, el cual tiene más músculo.
“Es por esta razón que nos toca esforzarnos más para lograr estar delgadas. Alimentos como el pescado y los vegetales tienen propiedades nutricionales tan destacados que siempre son incluidos en las dietas o programas de alimentación saludable. Por eso es más lógico que sean más consumidas por las mujeres que por los hombres”, dijo Jiménez.
Para ella, los hombres tienden más a buscar el sabor de las comidas, y por lo tanto es más probable que se privilegie en ellos el consumo de carnes rojas, arroz y frijoles.
Sin embargo, en lo que Jiménez nota coincidencia en los sexos es no quitarle a la comida su elemento placentero.
Apelar al placer
Por eso, quienes venden comida saludable apelan al placer en los nombres de los productos para mercadear sus bebidas y platillos bajos en calorías.
Jiménez experimentó esta estrategia en su restaurante Green Delights, en Santa Ana.
En vez de vender “batidos de banano y manzana” los ofrecía en el menú con el nombre “pecado original”.
La empresaria cambió recientemente su estrategia de vender comida saludable en un restaurante para probar la comercialización de alimentos a la medida de cada consumidor, y a la puerta de la oficina o el hogar. Sin embargo, los nombres de los platillos en su nuevo negocio siguen siendo sugestivos.
“Un negocio de comida saludable tiene que ir contra la idea de que la comida sana es fea, sin sabor o solo para mujeres, gente obesa o enferma. A la gente le gusta el morbo, lo pecanimoso, lo que engorda. Las campañas deben dirigirse hacia el placer”, dijo Jiménez.
Para ella, el nicho de mercado ideal está en el área metropolitana, segmentos de ingresos medio altos en adelante y con estudios superiores.
La misma estrategia recomienda Randall Alvarado, especialista en mercadeo y socio de Stop & Go Jugos naturales exóticos. Alvarado encontró que hay que ofrecer buen sabor y no solo salud si uno quiere ganarse el paladar y la conciencia del tico.
“Hay personas que pueden desayunar muy poco y almorzar ensaladas con tal de ir en la tarde a “darse un lujillo”, explicó Alvarado.
Para este socio de Stop & Go los jugos naturales son una manera de aprovechar ese dilema tico de cuidarse sin sacrificarse.