Opinión
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Autopista y sentido común

Henning v. Koeller

El actual Gobierno se ha propuesto lograr importantes avances en materia de concesión de obra pública, y como ciudadanos debemos reconocer que lo está logrando.

Sin duda, el proceso de construcción de la Autopista a Caldera ha sido doloroso para todos los implicados, aunque ha afectado especialmente a quienes transitamos con frecuencia por la autopista Próspero Fernández.

Luego de varios meses de presas impresionantes, generando un desperdicio de tiempo y combustible sin precedentes, nos hemos maravillado con un tránsito mucho más fluido y con algunas secciones de tres carriles.

Ahora podemos ir del parque metropolitano La Sabana a Multiplaza del oeste en cinco minutos, en lugar de los 45 minutos que se demoraba en ese recorrido unas semanas atrás.

Nuestra sabiduría popular dice que “el sentido común es el menos común de los sentidos”, y desgraciadamente esto parece confirmarse con cierta frecuencia en las obras públicas de nuestro país.

La obra en proceso presenta importantísimas oportunidades de mejora en cuanto a la seguridad que debe ofrecer.

Pobre rotulación

No es necesario ser experto en seguridad vial para darse cuenta de que la salida hacia Escazú (en sentido La Sabana-Escazú) toma por sorpresa a muchos conductores y carece de una adecuada rotulación, así como una extensión adecuada que permita tanto verla a distancia como maniobrar con seguridad.

Ahora, lo anterior no pareciera ser una solución final, pero de cualquier forma, y en especial durante la fase de construcción, es necesario aplicar altos estándares de seguridad.

Si queremos construir un país de primer orden, también debemos trabajar en primer orden, de la mejor forma posible.

En consecuencia, un debido señalamiento vial debe garantizar que los conductores sean guiados adecuadamente para no exponer a los demás ni a ellos mismos a peligros viales innecesarios.

“Si queremos construir un país de primer orden, debemos trabajar de la mejor forma posible”.

Jefe de Desarrollo

Color Visión

Tanto los desvíos temporales durante la construcción, como el producto final deben mantener este norte.

Grave error

El “producto final” que pareciera ofrecer el desarrollador, actualmente cuenta con varias secciones donde el carril de avance rápido (entiéndase carril para rebasar en países desarrollados, ya que en Costa Rica es cualquier otro menos el rápido) “muere” o se une al carril central, constituyendo un gravísimo error de diseño y sometiendo a los conductores a un riesgo absolutamente innecesario.

Esto sucede frente a Office Depot y constantemente pone en riesgo a muchas personas y vehículos.

Es sabido que nuestro país cuenta con expertos en diseño y seguridad vial. Me pregunto si el proyecto contempla una evaluación de acuerdo con normas internacionales y a la calidad de la obra final.

Otro importante peligro para la seguridad es la constante presencia de pequeñas piedras sobre el asfalto, sea por desidia de los operarios o por la de los camioneros que transportan materiales sin los cobertores indicados.

Cuando las llantas de algún vehículo levantan pequeñas piedras y estas caen sobre el vehículo que circula detrás, circulando en un mismo sentido, el asunto no pasa de un susto.

El riesgo surge en el momento que una piedrita es atrapada por las llantas de algún automotor y lanzada por las fuerzas de Einstein, Newton y Murphy a la vía con sentido contrario, convirtiendo el impacto sobre los parabrisas en “graffitis” no aprobados por Riteve.

Allí comienza un vía crucis que requiere todo un artículo por sí solo.

Rescato que no todo son desaciertos.

Sin embargo, la obra tiene importantes oportunidades de mejora, para convertirla en otro “trapito de dominguear” para nuestro lindo país.

Pero no se trata de “tener para rajar”, sino de que también en los detalles hagamos las cosas mejor y juntos construyamos el país que queremos.

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