¿Por qué apoyar a Franklin Chang?
Edición 721Oscar Luis Chaves
Tuve el agrado de conocer a Franklin Chang en junio del 2006 con un puñado de apuntes sobre sus experiencias en la NASA con la física del plasma.
Su larga trayectoria en la carrera espacial, tras alcanzar la órbita de la tierra en siete ocasiones, le había dado la visión necesaria para desarrollar nuevas ideas sobre la evolución de la propulsión espacial; sí, una nueva era viene a desarrollarse en el la exploración del espacio.
Su espíritu de lucha, formado años atrás, después de haber trabajado 25 años en la NASA, le hacían ver que en adelante existiría un camino de lucha para convertir la visión del motor de plasma, en los cimientos de una nueva empresa (Ad Astra).
Por lo tanto, Franklin inicia su sueño en compañía de un equipo de altísimo nivel científico-tecnológico, la patente del motor de plasma (Vasimr) de la NASA y el ideal de insertar a Costa Rica en un nuevo mercado: la industria espacial.
De esta industria, se derivan múltiples productos y servicios de alto valor agregado (geoinformática y cobertura satelital), sus colaboradores reciben unos de los salarios más altos del sistema y educación especializada.
Además, la infraestructura espacial y el fuerte aporte de los presupuestos estatales (NASA, Departamento de Defensa y comunidad internacional, entre otros) representan un importante incentivo económico cuyo impacto directo, indirecto e inducido, sobrepasó en el 2008 los $250 billones (ocho veces nuestro PIB).
En su mayoría, los orígenes y aplicaciones de estos ingresos son redistribuidos entre las economías desarrolladas: Estado Unidos, Japón, Europa, y pocos países emergentes (Brasil, Rusia, China, India y Corea del Sur). Imagínense ahora a nuestra pequeña nación frente a una especial y única oportunidad de insertarse en este club de naciones espaciales.
Proveedor competitivo
En el 2004, después de las frustraciones ocasionadas por los desastres de los trasbordadores Challenger y Columbia, el entonces presidente Bush sentó las bases para el desarrollo de una nueva era espacial. Bajo esta iniciativa, la NASA, con el apoyo de las naciones espaciales y por primera vez, con la ayuda de la inversión privada, brindarían colaboración para desarrollar tecnología de punta, volver a la luna, conquistar Marte e ir aún más allá.
De seguir el equipo de Chang alcanzando sus metas, es muy probable que las aplicaciones del motor de plasma coincidan con esta nueva era espacial. Ahí sería de esperar que Ad Astra se proyecte como un competitivo proveedor de servicios de desplazamiento, porque para hacer viable la vida en el espacio es imperativo transportar tripulación, carga y sondas robóticas mucho más rápido que la tecnología de los motores químicos. Actualmente, única opción de la NASA en el trasbordador espacial.
Se preguntan algunas personas: ¿Por qué destinar enormes presupuestos al programa del espacio con tantas necesidades planetarias?
La idea de esta nueva era espacial es aplicar los últimos avances de la ciencia a nuevas tecnologías, nuevos prototipos serían expuestos a ambientes extremos y de ello se derivarían mejores productos para solucionar problemas recurrentes para nuestra vida en la tierra, como el calentamiento global y la energía.
La razón principal: abrir oportunidades para el futuro profesional de nuestros hijos.
“Mucho me agradaría que la Sugeval aproveche la iniciativa que representa Ad Astra” .
Economista
Director de Banca de Inversión, Grupo Aldesa
Desde un punto de vista económico, la idea de Franklin está todavía en su fase preoperativa (antes de ingresos sostenibles) pero el desarrollo de la fase inicial, el prototipo VX-200 (motor de plasma) está en sus pruebas finales. Como muchas otras iniciativas exitosas, se ha necesitado mucho tiempo para desarrollar esta tecnología. No obstante, como dice el viejo refrán, “a toda idea le llega su hora”.
Calificada por la misma NASA, el prototipo VX-200 ha alcanzado un índice de madurez TRL (Technology Readiness Level) de seis unidades, de una escala mínima de siete, que es la necesaria para que el Vasimr esté listo para volar.
Aunque es posible identificar patrones en la evolución de la industria espacial que podrían ser convertidos en flujos de caja y medir con esto la tasa teórica de retorno de esta inversión, la razón más importante para apoyar hoy a nuestro astronauta es proyectarse positivamente sobre las bases de la educación de nuestros hijos. Abrir oportunidades para que en pocos años, estos futuros profesionales puedan colaborar con servicios de altísimo valor agregado. Una clara estrategia país para mejorar la diversificación económica, incrementar la hora de trabajo exportable, e insertar nuestra economía en la nueva era espacial.
$80 millones
A la fecha, la iniciativa privada de Costa Rica, en unión al capital externo han invertido en el proyecto cerca de $20 millones. El plan de inversión de los próximos tres años requiere capital adicional de $80 millones. Para ayudar con esta inversión, la NASA ha firmado tres acuerdos de colaboración con Ad Astra.
El primero, contempla la patente de la tecnología Vasimr ahora propiedad de la empresa. El segundo, es un acuerdo sombrilla para explorar nuevas ideas que se derivan del propio desarrollo tecnológico como son el magnetismo, el plasma y la termodinámica, y, el tercero, quizás el más importante, instalar en la Estación Espacial Internacional el motor de plasma antes que finalice el 2012.
Lo interesante de esta última iniciativa, es que cinco pequeñas empresas costarricenses se han unido en Coraal ( Costa Rica Aerospace Alliance) para diseñar, en conjunto con la empresa norteamericana ATK, Ad Astra y la NASA la plataforma en la que se instalará y lanzará al espacio el motor de plasma. Este esfuerzo nacional, es un primer ejemplo del potencial exportador de nuestro país y un verdadero orgullo que un producto de bandera nacional, esté unido con la estación internacional.
Como parte de la iniciativa para lograr incrementar el capital de Ad Astra, se ha solicitado a la Sugeval una revisión de sus reglamentos de oferta pública para conocer la disponibilidad de sus autoridades a inscribir una inversión de esta naturaleza.
A pesar de que a la fecha, la Sugeval ha recibido la solicitud para listar acciones comunes bajo el régimen de oferta pública restringida, preocupa de antemano que, en la historia reciente, la autoridad reguladora no ha encontrado aún el camino definitivo para regular el mercado de iniciativas conocidas como capital de riesgo.
Aunque la historia ha sido clara y el proceso ahorro-inversión no puede concebirse sin riesgo, sobreproteger al mercado, no es la solución indicada. “El frío no está en las cobijas.” Si la autoridad reguladora no aprueba el registro del motor de plasma, sus potenciales beneficios podrían esfumarse de nuestro país, en perjuicio de la riqueza nacional y de los sanos principios de desarrollo que deben seguir los emprendedores.
Mucho me agradaría que los funcionarios de la Sugeval aprovechen la iniciativa que representa Ad Astra y, en este caso, renueven, impulsen y fortalezcan, como lo hicieran nuestros abuelos en el campo del cooperativismo, los sanos principios para promover el proceso ahorro-inversión, en beneficio económico de nuestro querido país.
No olvidemos que el control, como el agua, es muy necesario; pero en exceso ahoga.