ENTREVISTA
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El Financiero

Frank Guevara /para ef

Bajar encaje es contraproducente

Ecoanálisis estima que reducción del 5% implicaría un déficit del 1,25% del PIB para el Banco Central

En medio de un pulso entre empresarios y Gobierno para reducir el costo del dinero, la voz del grupo de asesores Ecoanálisis coincide con la de las autoridades estatales sobre el riesgo de bajar el encaje mínimo legal.

El economista Norberto Zúñiga, quien ha estado ligado al Banco Central desde 1985 en diferentes puestos, fue el designado por Ecoanálisis para conversar con EF.

Zúñiga defiende que el encaje, reservas obligadas de los bancos, debería bajar a largo plazo, pero que en estos momentos de crisis sería contraproducente.

En esta entrevista, el economista también se refiere a los riesgos de las economías abiertas en la actual coyuntura, las condiciones que rigen la asignación de crédito para salvar empresas en problemas y las prioridades de la inversión gubernamental en el contexto actual.

Además, comenta la economía estadounidense, en especial el plan de salvamento para el sector industrial impulsado por el presidente Barack Obama.

¿Qué le hace pensar que es contraproducente bajar el encaje mínimo legal?

Si tenemos un desequilibrio externo muy grande –que se refleja en un déficit de cuenta corriente– y, al mismo tiempo, hay salidas netas de capital o menores ingresos –que es una situación como la que tenemos en Costa Rica–, bajar los encajes para estimular el crédito puede ser contraproducente en el corto plazo.

¿Qué podría suceder?

Que la gente no necesariamente dedique los recursos a producir, sino a adquirir moneda fuerte. En este caso estaría exacerbando el desequilibrio externo del país.

“Esto se vería reflejado en el déficit de cuenta corriente y en menores ingresos de capital”.

¿Entonces, se proclama adverso a reducir el encaje?

En el corto plazo sí, pero me parece que debería haber un plan a futuro para reducirlo, porque todos sabemos que el encaje en el país es muy alto y distorsionante. Es un impuesto que ni siquiera tiene aprobación legislativa y ya sabemos que vale la pena reducirlo, pero no ahorita.

¿Qué datos respaldan su posición en este sentido?

En Ecoanálisis estimamos que bajar el encaje aumentaría significativamente el déficit del Banco Central. Hoy el encaje es de 15%.

“Si se bajara a 10%, representaría un déficit de 1,25% como porcentaje del PIB para el Banco Central. Si la reducción fuera del 15% a un 5%, el déficit representaría un 1,5% del PIB.

Algunos empresarios quieren que se baje el encaje para reducir el costo del dinero. Si eso no aplica, ¿qué se puede dar a las empresas? ¿Otras ayudas?

Para las empresas, me parece bien que se esté aplicando una depreciación acelerada, pues permite disminuir los impuestos.

“Aparte de estas medidas no quisiera ver mayores favores a grupos. Sería crear distorsiones en el mercado y eso pasa la factura a futuro. No creo que sea conveniente”.

¿Qué debe hacer el Gobierno entonces? ¿Qué margen tiene para actuar con sus instrumentos monetarios?

No es mucho lo que podemos hacer ahora. Hubiera sido ideal tener grados de libertad para tener una política monetaria más expansiva y ayudar en el ciclo recesivo; sin embargo, las condiciones no nos permiten hacer mucho en ese campo específico.

¿La crisis nos sorprendió en curva?

Creo que nos estalló en la cara. Tenemos que reconocer como país que no hicimos la tarea, en el periodo de prolongado crecimiento mundial y de ingresos de capital que tuvimos.

¿Algo hicimos bien?

Sí. Tuvimos por dos años consecutivos superávit fiscal. Esto nos permitió bajar la deuda pública en más de 10% del PIB. Esto, de hecho, fue histórico, pero la política monetaria no fue óptima.

“Es decir, aplicar políticas procíclicas en momentos en los cuales la economía estaba creciendo mucho propició un mayor desequilibrio. Disminuyeron las tasas de interés a niveles nunca vistos, se apreció la moneda y aumentó el crédito bancario”.

¿Qué hacer entonces de cara al presente?

No debemos descuidar el sistema financiero. El cambio que ha tenido nuestra economía en 12 meses es muy significativo, y este sector no necesariamente va a quedar inmune.

“Las tasas de interés han aumentado mucho, la devaluación se ha desacelerado, el crecimiento se ha estancado y yo me temo que los precios de los bienes raíces deberían disminuir.

“Todo esto hace que la capacidad de los prestatarios se vea afectada. Ya hemos empezado a ver cifras de aumento en la morosidad”.

¿Hay alguna oportunidad en este contexto? ¿Algo que se pueda o deba hacer?

La prioridad ahora es invertir en infraestructura. Costa Rica está atrasadísima en esto, pero los precios del petróleo están bajos y es difícil que esto se pueda mantener por un largo periodo, especialmente si en el 2010 empieza a reactivarse la economía. Entonces hay que aprovechar.

¿De dónde obtener recursos para invertir en infraestructura en tiempos de crisis?

El país se puede endeudar para financiar inversiones de largo plazo, que resulten rentables en términos productivos y sociales.

“Se puede hacer con préstamos externos a plazos lo más largo posibles, con tasas bajas, con periodos de gracia.

“Sin embargo, también podemos recurrir a recursos que tenemos en el país, a través de fondos de pensiones y fideicomisos bien administrados y de manera transparente”.

Quizás Costa Rica está más expuesta a la crisis que otras economías no tan abiertas. En la revista The Economist leí un artículo sobre el siguiente debate: ¿está en entredicho la globalización económica o integración global de mercados? ¿Usted qué piensa al respecto?

Creo que algunos adversarios de la integración de mercados aprovecharán para exponer sus puntos de vista al respecto.

“No obstante, en términos muy sencillos, sabemos que la especialización, las economías de escala, la división del trabajo, siempre van a aumentar el nivel de eficiencia y de productividad.

“En este momento, las economías más abiertas reciben más impacto, pero es posible prepararse para eso. Un ejemplo es Chile. Este país, durante la época de bonanza aplicó políticas anticíclicas y además formó fondos.

“Ahora, en la época de vacas flacas, puede aplicar políticas expansivas, porque antes tomó previsiones. Esa es una lección que debemos aprender”.

¿Es posible aprender a evitar una crisis?

Son cíclicas, la próxima gran crisis será en 70 años. Aunque es posible que veamos mayor control sobre los mercados, no sabemos si será permanente.

Nombre: Norberto Zúñiga Fallas Formación: Doctor en macroeconomía, finanzas y teoría monetaria en Ohio State University. Trayectoria profesional: Director del Departamento de Análisis y Control de Riesgos del Banco Central (2001 a 2007).

Sobre EE. UU.

¿A cuáles empresas debería salvar Obama? Las que generen mayor empleo. Sin embargo, es muy probable que el cabildeo sea decisivo a la hora de inyectar recursos.

¿Si se reactiva el mercado financiero lo hace simultáneamente el industrial? Tardará un poco más. Los bancos deben empezar a prestar y de ahí generar la sangre que ocupan las industrias.

¿Qué experiencia histórica puede iluminar los pasos? La de Japón y Suecia. El primero se retrasó en atender la crisis financiera y se profundizó el problema. Suecia actuó rápido y sin miedo, nacionalizó bancos, inyectó recursos. Les fue mejor.

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