Opinión
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Decálogo para un presidente

Jorge Mora A.

Resulta pertinente tratar de esbozar diez cualidades que, desde nuestra perspectiva, debería reunir quien ocupe la silla presidencial en el periodo 2010-2014, que vayan más allá de las demandas ciudadanas de un simple administrador, claramente surgidas a la sombra de la crisis global y sus consecuencias en el país (edición 738 de EF, 5-11 de octubre del 2009).

Para delinear las siguientes diez virtudes, fue primordial recurrir a la visión propia sobre algunos de los desafíos enfrentados por la sociedad costarricense en la actualidad, pero sin circunscribirse meramente a ellos:

I. Actuar con buen juicio político y con talante de estadista ante las circunstancias surgidas en un momento de crisis y de manifiestos desacuerdos, en relación con el rumbo a seguir por la sociedad costarricense.

II. Disposición a adoptar las políticas públicas requeridas para revertir las crecientes desigualdades sociales y las situaciones de exclusión social vivida por numerosas familias costarricenses, cuyas consecuencias se traducen en inestabilidad e inseguridad.

III. Operar con eficacia ante los acontecimientos inmediatos, pero enmarcándolos en una visión de mediano y largo plazo, en las cuales se fundamenten sus propuestas de política y transformación productiva e institucional del país.

IV. Defender con pasión sus propuestas, pero actuar de cerca a la gente, escuchando con serenidad sus demandas y los puntos de vista divergentes sobre los asuntos públicos relevantes.

V. Capacidad para la apertura de espacios de diálogo y negociación con los diversos actores sociales y las distintas fuerzas políticas nacionales.

VI. Experiencia en la dirección y gestión de la institucionalidad pública y disposición a asumir responsabilidades, tomar decisiones, promover el trabajo en equipo y a delegar funciones, en un marco de competitividad, planeamiento, evaluación y búsqueda constante de la calidad.

VII. Destreza para fomentar alianzas público-privadas y la participación ciudadana para solventar algunos de los problemas más agudos vividos en el país y para enfrentar los principales desafíos del desarrollo nacional.

“El próximo presidente debe tener capacidad para abrir espacios de negociación ”.

Director Flacso-Costa Rica

VIII. Autoridad para exigir probidad y transparencia a sí mismo y a sus colaboradores, y requerir una efectiva rendición de cuentas en todos los ámbitos de la función pública.

IX. Disposición y visión para fortalecer la integración del país en la economía global, estrechando los vínculos con los sectores productivos nacionales y ampliando y reforzando los mercados locales.

X. Competencia para fortalecer la presencia y el liderazgo del país en los principales foros internacionales y proyectar la cultura y los valores que identifican a la sociedad costarricense, tales como la paz, la democracia y la sostenibilidad ambiental.

Visto este decálogo, hay que reconocer que la motivación del concurrente a las urnas electorales y su decisión sobre una u otra candidatura, está condicionada por múltiples causas y circunstancias.

¿Cómo decide el votante costarricense?

¿Qué peso tienen los medios de comunicación, la familia y su entorno inmediato en la formación de sus resoluciones?

¿Cuáles son las características del aspirante presidencial más influyentes en su decisión?

¿Tienen igual relevancia las propuestas de los candidatos y candidatas o su imagen y cualidades individuales?

Estas preguntas, por lo general, no tienen respuestas fáciles. Una combinación de estos y otros elementos, contribuyen a moldear las preferencias del votante costarricense.

En sociedades cada vez más complejas, como la nuestra, las fuentes en que se nutre la formación de los criterios son muy diversas y con frecuencia esta se sustenta en imágenes, más que en contenidos.

Solo basta mirar los mensajes publicitarios de quienes pretenden ocupar la silla presidencial, para constatar la brevedad y superficialidad a la que los obliga el uso preferente de los medios de comunicación, como nexo primordial con los electores.

Estos factores ayudan a configurar el conjunto de características esperadas y los atributos deseados del presidente a elegir en febrero del 2010. No se trata de una lista uniforme, pues cada ciudadano que acuda a las urnas tendrá en mente su propio decálogo de cualidades presidenciales.

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