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El Financiero
Alexánder Salazar ef

Un presidente que resuelva problemas

Se busca más un administrador que un estadista

Los costarricenses se preparan para elegir más un gerente general que un presidente en los próximos comicios de febrero.

Quieren un mandatario que por encima de todo, tenga habilidad para negociar, capacidad para administrar y para lograr acuerdos. Además, con conocimientos en economía.

Aspectos políticos como su trayectoria en este campo y logros concretos quedan relegados en las cualidades que los ticos buscan para el futuro ocupante de Zapote.

Por si fuera poco, se le pide una elevada dosis de pragmatismo: debe mirar a la actualidad en lugar de enfocarse en el largo plazo, concentrarse en el país y no en el exterior, destacarse por la acción antes que por su pensamiento.

A los diputados también se les piden altas cuotas de acción, pero el énfasis pasa de lo económico, a la capacidad para lograr acuerdos.

Ese diagnóstico se desprende de la encuesta realizada por la Escuela de Estadística de la UCR para EF, en el proyecto de Tribuna Pública-Perfiles del poder.

Se realizaron encuestas telefónicas a 709 personas, como muestra representativa de todo el país, con edades entre 18 y 90 años, con un margen de error de 3,7 puntos porcentuales, y un nivel de confianza del 95%.

Así, en la semana del banderazo oficial para la carrera política que el Tribunal Supremo de Elecciones (TSE) dará este 7 de octubre, puede decantarse el perfil que los electores buscarán para el inquilino de Zapote.

La encuesta fue presentada a dirigentes políticos el pasado 1° de octubre, en el auditorio deLa Nación . En la actividad participaron como oradores Luis Antonio Sobrado, presidente del Tribunal Supremo de Elecciones, quien expuso el tema “Perfil del proceso electoral de nuestro país: cómo ha evolucionado y hacia dónde se enrumba”, y Carlos Sojo, presidente de Socioanálisis América Latina, quien disertó sobre el “Perfil electoral de la sociedad costarricense”.

Diseccionando este voto

Historiadores consultados por EF concluyeron justamente en la dirección contraria el reportaje “Costa Rica necesita estadista, no un gerente”.Ahora, la encuesta revela que los votantes buscan lo opuesto.

Sojo destacó que para elaborar un patrón de las tendencias de voto, se deben tomar en cuenta gran cantidad de influencias, desde emotivas a racionales, desde individuales a colectivas, históricas y del contexto actual.

La actual crisis financiera internacional podría ser uno de los elementos para considerar la tendencia a buscar un mandatario con rasgos de administrador.

La sombra de la crisis también podría ser uno de los elementos para que se quiera un mandatario que resuelva problemas, que actúe y se concentre en el ahora, antes que reflexivo y enfocado en el largo plazo.

El perfil del mandatario

Al preguntar por los aspectos prioritarios que debe tener un presidente, siete de cada diez encuestados consideran que es muy importante la habilidad para negociar.

Además, esta cualidad es la primer mención de mujeres, las personas de más ingreso, los jóvenes y universitarios. Fue la que más veces apareció en ese puesto.

Esta condición fue seguida por la capacidad para administrar y para lograr acuerdos, con muy poca oposición: apenas un 3% consideró que estos tres requisitos eran poco relevantes.

El principal recelo a estas exigencias gerenciales se registró fuera del Valle Central. Conforme se alejaba de la zona metropolitana, crecía la impresión de que no eran condiciones imprescindibles.

Un segundo bloque estuvo integrado por habilidades económicas: los conocimientos en esta materia y en política económica registraron niveles por encima del 60% en la categoría de mucha importancia, prácticamente sin distinción de género, edad, ingreso o educación.

En el otro lado de la moneda, más de un 25% de los entrevistados declaró que daba poca o ninguna importancia al seguimiento que el mandatario hiciera de los planteamientos de su partido, seguido por el apoyo que haga a la globalización y su trayectoria política.

Esto sugiere que, al votar, hay una tendencia general que le da más peso para llegar a Casa Presidencial a una persona con aptitud para negociar y administrar, antes que un dirigente de gran trayectoria política.

A pesar de eso, se le pide al presidente enfocarse en el país (84%), ser realista (82%), tener criterio propio antes que el de su partido (77%) y ser conciliador (76%).

Esto último es interesante, ya que aunque se le demanda firmeza (69%), son más lo que solicitan flexibilidad (26%), que quienes le piden que sea confrontativo (19%).

El reclamo de firmeza y de actitud confrontativa es similar en los diferentes grupos, aunque es ligeramente superior en las personas jóvenes.

Entre tanto, la inclinación por la flexibilidad y la conciliación presenta mayor respaldo en las personas con mayores ingresos, y se profundiza conforme aumenta el nivel educativo del entrevistado.

Es decir, luce más arraigado el deseo de un negociador, antes que un “hombre fuerte”, que llegue a tratar de imponer sus criterios. De nuevo, la conciliación aparece en línea con la alta valoración de la habilidad para negociar.

Son los campos en los que la diferencia es apreciable. En otros, no se generan grandes brechas y se producen empates.

Por ejemplo, al explorar si se espera un líder centralizador o delegador, una ligera mayoría avala la delegación (52%), pero un porcentaje importante se inclina por la centralización.

Más parejo es el panorama al preguntar por el énfasis económico o social, lo que genera casi una división en dos mitades.

Esto remite a los debates aún sin resolver en el país. Principalmente el tema de la delegación evidencia posibles resistencias a la hora de tener que poner en práctica las acciones que tanto reclaman todos.

En síntesis, se quiere que se actúe para resolver problemas, pero no existe consenso de la forma en que debe manifestarse esa eficiencia.

El retrato del líder

11%

considera que la trayectoria política no es relevante al elegir en el mandatario.

47%

manifestó que el presidente debe enfocarse en la situación económica.

42%

opinó que el gobernante debía concentrar su atención en la situación social.

No es de extrañar que las cualidades más valoradas sean la humildad y la paciencia, con menciones arriba del 90%, seguidas de la calidez.

Empero, los electores los prefieren religiosos, mayores de edad y casados.

Siete de cada diez lo visualiza en la Iglesia, antes que tocando las puertas de un Estado laico. La valoración de la religiosidad es una condición que en ninguno de los grupos baja del 60%.

A pesar de ello, alrededor de una cuarta parte de la población asegura que la faceta espiritual le resulta indiferente.

Un poco más abajo, casi la mitad de los entrevistados lo visualiza mayor de edad y casado.

Sin embargo, en estas preguntas ya la mayoría de los entrevistados empieza a alegar que se trata de factores que no inciden en su decisión.

Ocurre también con el género, que no es una barrera: un 58% dice que es indiferente a esta condición.

Es una situación que varía en las mujeres. Un 31% de ellas quiere una dama en Zapote, frente a solo un 18% en ellos. Es solo una de las variadas diferencias entre los sexos.

Restando puntos

La carrera electoral no se trata solo de cumplir con las aspiraciones, sino de evitar los resbalones.

En esta materia, los antecedentes judiciales son el tema más sensible. Un 75% lo consideró muy importante en su decisión, por encima de los estudios del aspirante (70%) o su carrera. Sin embargo, al sumar las manifestaciones de muy importante e importante, los estudios son el punto superior.

Los antecedentes judiciales son más preocupantes para las personas de mayores ingresos y estudios, pero en los demás grupos ninguna categoría obtiene más menciones de muy importante.

Llama la atención la presencia de ciertos temas tabú sin superar. Por ejemplo, casi un 60% considera relevante la preferencia sexual, mientras apenas un 50% cita como elemento para tomar en cuenta la publicación o no de libros.

El nivel socioeconómico es uno de los factores que menos peso tienen en esta valoración.

Sin embargo, entre las personas con menores ingresos, su peso es casi diez puntos mayor que entre personas con salarios mayores.

La agenda nacional

¿Cuáles son los problemas que debe resolver el presidente? Al consultar a los entrevistados por las prioridades, no hay ninguna duda: la educación es la principal inquietud, sin diferencia de género, edad ni condición.

Esto sugiere que los debates sobre temas como destinar el 8% del Producto Interno Bruto (PIB) para financiar la educación, así como la deserción de secundaria o la infraestructura educativa se deberían mantener en el centro de los debates electorales.

En segunda posición se encuentran las preocupaciones sobre la seguridad, lo que hace suponer que no se trata de un mero asunto de percepción.

En todas las categorías recibe al menos un 80% de menciones como un asunto muy importante, e incluso entre las personas de edad intermedia (entre 35 y 49 años), se convierte en la principal preocupación.

Sin embargo, la salud tiene menos unanimidad que la instrucción: en algunos sectores (los más jóvenes, los mayores de edad y los estudiantes de secundaria) ocupa el tercer puesto, lo cual puede tener vinculación con las inquietudes vinculadas con la gripe AH1N1.

La cuarta posición es para el empleo, el que parece más ligado con la crisis económica: de hecho, se han perdido más de 50 .000 empleos desde octubre en el sector privado, según los datos de asegurados de salud en la CCSS.

Temas que han estado en el centro de la agenda, como la apertura de mercados, la atracción de inversión externa o la reforma fiscal, aparecen hacia el final de la lista.

Inquietudes que en el mundo se convierten en grandes centros de debate, como las energías alternativas y el desarrollo de tecnologías, todavía no seducen lo suficiente a los costarricenses, o al menos, no lo tienen entre sus principales expectativas.

Llama la atención que la tramitomanía es el menos relevante en la escala consultada, a pesar de ser uno de las principales reclamos del sector privado costarricense en los últimos años.

¿Quo vadis, Costa Rica?

No solo se debe analizar este termómetro para los problemas nacionales.

El politólogo César Zúñiga considera que existe un “terrible peligro” en la tendencia a huir de lo político, que se manifiesta en situaciones como el aumento del abstencionismo.

Precisamente es fue uno de los comportamientos del electorado que Carlos Sojo analizó en su construcción del perfil electoral nacional.

El presidente del TSE confía en que el abstencionismo disminuya en la próxima elección; para asegurar esto, aludió a los resultados de las encuestas.

Por ejemplo, de acuerdo con los resultados de una encuesta de Unimer, paraLa Nación , publicados el 24 de setiembre pasado, mientras que en setiembre del 2005 (a cinco meses de los comicios del 2006), el 50% de los ciudadanos dijo estar desilucionado de la política, actualmente solo el 30% se manifiesta así.

Sin embargo, el abstencionismo no es el único gran reto que tendrán los partidos políticos.

Perfilarse como el presidente y el diputado que los costarricenses quieren es una inmediata tarea de los aspirantes a los puestos de elección popular en la campaña que arranca esta semana.

Ellos por acuerdos, ellas por prudencia

Los varones buscan dirigentes que sean capaces de lograr acuerdos, y son muy exigentes a la hora de pedir atestados para dar su voto; ellas prefieren ser más conservadoras y destacan más la flexibilidad y el realismo.Para los hombres, lo esencial en un presidente es su habilidad para lograr acuerdos, algo que para las mujeres está en una cuarta posición. Para las damas, lo más notable es la habilidad para negociar. Solicitaron más religiosidad a los dirigentes, y aunque en su mayoría prefieren un mandatario modernizador, se declararon más dispuestas a un dirigente conservador que los hombres (36% frente a un 29%).Al pensar en diputados, las diferencias se mantienen. Sin embargo, destaca que ellas solicitan más flexibilidad a los legisladores, y en general le dan más peso a los reconocimientos como factores importantes.

El bolsillo cambia el enfoque para votar

Las personas que ganan más de medio millón de colones al mes desean “contratar”, mediante su voto, a un negociador, mientras los que reciben menos de ese ingreso esperan ubicar en Zapote a un economista competente.Los que tienen billeteras más abultadas tienen casi diez puntos más de porcentaje en la valoración de condiciones como la habilidad para negociar y concretar acuerdos, muy por encima de otras cualidades. Además, exigen logros concretos, pero quieren más firmeza en el presidente, que en los diputados En cambio, los que ganan menos se muestran más decididos a solicitar a los dirigentes seguir los postulados de su partido.Se declaran menos impactados por aspectos como los antecedentes judiciales, pero en cambio valoran más la situación socioeconómica de los dirigentes: un 26% dice que es importante, ante un 17% de los que tienen más salario.

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