Preguntas, respuestas y bemoles
Edición 735Danilo Montero
Al visualizar el futuro que espera al próximo (o próxima) presidente de la República, cabe preguntarse por las posibles bases para el crecimiento económico, más aun si estamos partiendo del escenario de una crisis muy peculiar.
Al respecto, me parece útil plantearse, y responder, las siguientes tres preguntas:
Primera: ¿Es posible el crecimiento?
Segunda: ¿Qué factores pueden ser determinantes?
Tercera: ¿Qué clase de crecimiento queremos?
En cuanto a la primera interrogante, me parece que la respuesta es que sí es posible, pero con reservas.
Seguiremos siendo un país cuya dinámica está altamente condicionada por factores externos, por lo que nuestro crecimiento depende de lo que le pase a los principales socios comerciales.
En la medida que ampliemos, intensifiquemos y sofistiquemos nuestras relaciones con el exterior, más probabilidad tendremos de sacar mayor provecho de ellas.
Mejores puertos o carreteras, instituciones más eficientes o flujos de información más oportunos, son solo ejemplos de cómo podemos hacer posible el crecimiento.
Respecto a los factores determinantes del crecimiento, tres me parecen esenciales en el contexto actual y en un horizonte de 4 a 5 años:
Primero: La política fiscal.
“Con un título u oficio en la mano, los costarricenses encontrarán la senda del crecimiento”.
Gerente de Interbolsa y exjerarca de la Superintendencia General de Valores
Segundo: El sistema financiero.
Tercero: la política en educación.
Aunque prefiero un Estado pequeño, me temo que las condiciones actuales demandan que el Estado apoye la recuperación económica.
Mi impresión personal es que la salida de la crisis mundial será lenta, de forma que las exportaciones o el turismo tomarán su tiempo para volver a los niveles previos a la crisis.
La inversión pública tendrá que ser un soporte para la actividad económica local, al menos por dos años más.
Un segundo factor determinante será plantearse un total re-enfoque de los mercados financieros, si se quiere explotar el potencial del ahorro nacional, en especial de los regímenes de pensiones.
Mi impresión es que en Costa Rica estamos avanzando precisamente hacia atrás en este campo, cerrando toda posibilidad de contar con un mercado de capitales profundo.
La anterior situación conducirá a una irremediable migración de ahorro de largo plazo al exterior.
Al respecto, alguien tendrá que indicarle al Banco Central de Costa Rica la importancia que tiene un buen mercado de capitales para el desarrollo económico, y la responsabilidad que tiene de promoverlo.
En tercer lugar, como ya dije, una política agresiva en educación será esencial, en la visión de más largo plazo.
El país no puede pensar solo en el crecimiento de los próximos cuatro años, sino que debe ver a 10 y 15 años.
En ese sentido, debemos aspirar no solo a la cobertura más amplia sino a la excelencia en la educación, en todos los niveles.
Para ello se ocupa un Estado focalizado en esos objetivos. Creo que el actual Ministro está dejando parte del trazo.
Finalmente, qué crecimiento queremos.
Me parece que debemos pretender no solo tasas de 5% a 7% del PIB, sino que las metas debieran incorporar indicadores como cantidad de ingenieros o mecánicos, de maestros y de cocineros. Y calificaciones altas para obtener estos grados.
Con un título u oficio en la mano, no tengo duda de que los costarricenses encontrarán la senda del crecimiento. Siempre lo han hecho.