Opinión

El mito del colón fuerte

Luis Loría

No me hace sentido la recomendación de “colonizar” para tener un colón fuerte. No veo ninguna señal en el entorno económico que haga pensar que la caída en el tipo de cambio del colón por el dólar sea sostenible. Todo lo contrario, considero que todo apunta a una devaluación.

Si se observa el comportamiento –la manipulación– del tipo de cambio desde que inició el sistema de bandas cambiarias, en octubre de 2006, lo que vemos es un comportamiento en “manada” de la gente confundida que no sabe qué hacer cuando empieza a moverse el tipo de cambio. Por ejemplo ahora, que el tipo de cambio baja, aparecen voces que dicen: nos llegó a todos la hora de “colonizarnos”.

La gente piensa que se trata de una tendencia y cambia sus dólares a colones, hasta que unos días más tarde viene la sorpresa: se disparó el tipo de cambio. Entonces, se presenta, nuevamente, un movimiento en “manada”, pero en la dirección contraria y aparecen otros expertos a decir que hubo un cambio en las expectativas y que, ahora, lo que conviene es pasar los colones a dólares.

Lo ocurre en este mercado cambiario ineficiente es que la gran mayoría de la “manada” desinformada es manipulada y pierde cada vez que cambia sus colones a dólares o sus dólares a colones. Unos pocos grandes especuladores, con acceso a mejor información y con suficientes recursos para mover el tipo de cambio, están ganando mucha plata con este jueguito.

La solución definitiva para eliminar el riesgo cambiario local es la dolarización oficial de la economía. El colón jamás llegará a ser una moneda fuerte que mantendrá su valor en el tiempo y nunca será una moneda de aceptación internacional. Además, su uso eleva, innecesariamente, los costos de transacción y, por lo tanto, resta competitividad.

Utilizar el colón implica una decisión que permite a la junta directiva del Banco Central –que actúa sin transparencia y que no rinde cuentas– despojarme legalmente de mi salario, mi pensión, mis ahorros y mis utilidades denominadas en colones. Se trata de firmar un “cheque en blanco” para que puedan transferir el fruto de mi trabajo a alguien más.

Por esto, recomiendo a todos que “se dolaricen” y que permanezcan así hasta que Costa Rica se dolarice oficialmente.

Algo que me resulta sorprendente –y que vale la pena investigar– es por qué existe una diferencia tan marcada entre las preferencias por dólares y colones entre bancos privados y bancos del Estado. Alguno de los dos grupos ha hecho muy mal su tarea de análisis. En mi opinión, los privados no se han equivocado y van a ganar, nuevamente, cuando suba el tipo de cambio. En contraste, sería terrible si a los bancos públicos los han obligado a mantener sus patrimonios en colones para que pierdan cuando suba el tipo de cambio.

Los dejo con esa terrible inquietud.

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