El deber con la democracia
Edición 752Gustavo Halsband
Apegados a la alegría que significa poder elegir gobernantes, muchos comenzamos a seguir los pormenores de la comunicación política de está campaña con el deseo de que se convirtiera en la prolongación fiel del ejemplo de civilismo que da Costa Rica al mundo.
Todo comenzó muy bien. Los principales candidatos prometieron que la contienda sería limpia y sin insultos, a la altura de una democracia centenaria y un pueblo educado. El curso de los acontecimiento fue otro. Ahora hay otra gran deuda política por saldar ante el electorado: la generada por la decepción del incumplimiento de esas promesas de respeto mutuo.
Pero como sin comunicación no existe campaña política, no todo es decepción. También hay sorpresas, vergüenzas y tristezas. Se hicieron notar, principalmente en el medio televisivo, al comienzo del año.
“Esta campaña si bien novedosa por variedad de candidaturas, no ha sido un ejemplo de altura ”.
Presidente HWP Centroamérica
Laura Chinchilla comunica propuestas concretas. Sorprende por su tono fuerte y directo al responder los ataques. Sin aludir a nadie abiertamente, evita que otros ganen exposición en su propaganda. Su comunicación es coherente en la utilización de su imagen, sin llegar a ser muy creativa ni emotiva. Ahora se le ve un poco más suelta en pantalla.
Otra sorpresa la dio Ottón Solís con sus marionetas. Es una buena producción y bien interpretada. Un recurso usado pero creativo. Sin un camino estratégico propio, opta por unirse al carácter de una publicidad que ya se identifica con otro candidato. Ambas apuntan a hurgar en las debilidades del adversario en lugar de resaltar sus propias virtudes. Está sobrecarga de mensajes agresivos no dejan de sorprender al público porque le suman más beligerancia que argumentos para tomar una decisión y ejercer el voto.
Otto Guevara sigue en el 2010 con una línea comunicacional que parece más ocurrente que planificada. Si anteriormente daba un poco de vergüenza ajena o cierto rechazo su publicidad en busca de impacto inmediato, este año trata de orientarse más a la emotividad tradicional con comerciales un poco más elaborados. Su tono agresivo da paso a ilusorias promesas caza votos sobre un tema siempre sensible a la mayoría, como lo es la educación. Cabe destacar que sus mensajes de joven a joven logran rescatar la rebeldía natural de ese sector y su deseo de cambios constantes.
Da un poco de extrañeza y hasta risa que para llamar la atención haya que aceptar que uno es malo y desmerecer a toda su propia clase política. Me refiero al último esfuerzo por sobrevivir en las urnas de Luis Fishman. Aunque la idea se amarra bien en una frase muy popular en estas épocas, da tristeza que se sirvan de ella para promover un candidato serio que prentende ser presidente. Aquí se da el típico caso en donde el mensaje se transforma en el producto y el producto se diluye por sí solo en él. Esta forma burlesca de tratar el tema electoral puede que impacte y hasta convenza a más de uno, pero sin duda va en desmedro de la credibilidad del sistema democrático.
Las elecciones son la vía de participación política más importante de los ciudadanos en la democracia representativa, generar en ella ideas responsables para informar y persuadir a los electores es parte importante de su fortalecimiento.