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Editorial

Inflación y expectativas

Si creemos que algo va a ocurrir, posiblemente ocurrirá. Este es el concepto de profecía autocumplida, de la cual el Banco Central no se escapa en su esfuerzo por consolidar una política monetaria basada en metas de inflación.

Hasta ahora, este esquema no ha tenido mucho éxito porque, entre otras razones, no se han logrado alinear las expectativas. Esta no es una tarea fácil.

En la última encuesta realizada por Inteligencia Financiera de EF a economistas, estos proyectan una inflación de 7,5% para este año, comparada con la meta del 5% del Banco Central (BCCR), así como tasas de interés más altas que las actuales. Varios factores hacen más pesimistas las expectativas: primero, aun cuando la inflación del 2009 fue muy baja, el país tiene una trayectoria de niveles altos (11% en promedio en los últimos 10 años) y lo ocurrido en el 2009 es resultado, en buena parte, de la recesión experimentada en ese año y no tanto de cambios estructurales.

En particular, existe inercia en una serie de precios y las pérdidas del BCCR continúan siendo una fuente de inyección de liquidez en la economía. A ello se agregan dos factores: el mayor déficit fiscal y la incertidumbre sobre el comportamiento del tipo de cambio. Más aún, cualquier noticia económica, como por ejemplo la inflación de 1,63% en enero último, que indique una desviación de la meta, influirá fuertemente sobre las expectativas.

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Así, la proyección oficial de este año es similar a la inflación del 4% del 2009, pero en un contexto diferente. Acertadamente, el BCCR reconoce los riesgos para alcanzarla: primero, una recuperación de la producción mundial más acelerada que impulse el crecimiento económico en el país más allá del 3,2% proyectado en el Programa Monetario, una mayor inflación mundial y mayor aumento en el precio de las materia primas, especialmente del petróleo. Con una economía tan sensible a lo que ocurra en la coyuntura internacional, este es sin duda un riesgo importante sobre el cual no se tiene ningún control. También podría ocurrir que la producción crezca menos de lo proyectado y esto favorecería una menor inflación. El BCCR deberá estar vigilante de su política monetaria a la luz de la evolución de la economía mundial.

Segundo, una política fiscal más expansiva de lo esperado influiría en una mayor inflación. Este es también un riesgo significativo y el Ministerio de Hacienda tendrá que hacer un esfuerzo para que el déficit fiscal –proyectado en un 4% del PIB para el 2010 y 2011– se reduzca en el mediano plazo. Si se produce un aumento en las tasas de interés locales y del premio por invertir en colones, también se corre el riesgo de atraer capitales que obliguen al Banco Central a comprar divisas e inyectar colones para garantizar que el tipo de cambio no baje del piso de la banda cambiaria. Esto podría presionar la inflación hacia el alza. De ahí que se deba mantener una política monetaria consistente con la meta y no acomodarla a la situación fiscal. En el mediano plazo, además, un deterioro de las finanzas públicas afectaría negativamente el crecimiento económico.

Tercero, el BCCR reconoce el riesgo de que la inflación sea mayor si se revalúa el colón por un exceso de divisas como resultado de flujos de capital mayores a los proyectados por el ente emisor. Este riesgo prevalecerá bajo un régimen de bandas cambiarias, aunque también hay un efecto positivo –pero transitorio– en el tanto una caída del tipo de cambio favorece una menor inflación.

Los objetivos del esquema de metas de inflación son mantener una inflación baja y menos variable, así como reducir el impacto inflacionario de los choques a la economía. Para que este esquema sea efectivo, se requiere una política monetaria consistente con la meta, pero también es imprescindible fortalecer las creencias del público de que ella se alcanzará. Para ello, es necesario actuar sobre las pérdidas del BCCR, avanzar hacia fijación de precios de servicios públicos y salarios con menor influencia de la inflación pasada y mejorar la comunicación del BCCR.

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