El rompecabezas de la negociación
Edición 756Fernando Zeledón
Un 47,6% de apoyo electoral a la excandidata Laura Chinchilla, electa como primera mujer presidenta en la historia del país, supone una votación que legitima una fuerza de arranque significativa para un nuevo gobierno del Partido Liberación Nacional (PLN).
No hay que olvidar que el PLN cuenta con casi 70 años de permanencia en la competencia electoral, lo cual se traduce capacidad para formar gabinete y poner a funcionar una fracción parlamentaria.
Sin embargo, los votantes han venido entregando un mandato débil al Ejecutivo respecto a las limitadas capacidades de una fracción oficialista que no cuenta con la cantidad de diputados necesarios para lograr mayorías legislativas.
Un mayor número de partidos representados en el Congreso, sin posibilidades de que ninguno tenga mayoría simple, ha significado revisiones de las viejas prácticas parlamentarias del bipartidismo, cambios en el reglamento interno de la Asamblea Legislativa y una valoración del papel de negociador que debe desempeñar el ministro de la Presidencia como jefe de gabinete del Ejecutivo, enlace entre Gobierno y Asamblea y oído atento a las demandas de los grupos de presión y movimientos sociales.
El Gobierno saliente ha ensayado una fórmula comandada por el hermano del Presidente –lo que supone un perfil de mucha confianza– como ministro de la Presidencia, trabajando directamente con los jefes de fracción la priorización de la agenda legislativa y teniendo a su lado, muy de cerca, el acompañamiento de un ministro para la coordinación interinstitucional de las acciones que va ejecutando, muchas de las cuales derivan de la producción legislativa.
Parte de este modelo fue el nombramiento de uno de los vicepresidentes en la cartera de Planificación Nacional, y a la otra cicepresidenta –Laura Chinchilla– en el Ministerio de Justicia, ambas como recargo.
Al mismo tiempo, la presencia del Ministro en los pasillos del Congreso ha sido frecuente para buscar encuentros con los jefes de las otras bancadas legislativas, para construir una agenda parlamentaria negociada, para la consecución de votos para proyectos de ley de interés del Ejecutivo o de prioridad entre los partidos políticos.
Juntando las piezas, ¿se continuará con la misma fórmula y perfil para el ministro de la Presidencia?
“El ministro de la Presidencia debe tener probados atributos en materia de diálogo”.
Centro de Investigaciones y Estudios Políticos de la UCR
¿Cuáles podrían ser las condiciones o criterios para una nueva designación de jerarca de la Presidencia?
¿Cuán distintas pueden ser las relaciones entre del nuevo Ejecutivo y el nuevo Congreso?
Cualquier decisión sobre el nombramiento de este ministro y su papel en esta relación, debe tomar en cuenta una nueva distribución en el número de diputados por fracción y, por lo tanto, una revisión de las fórmulas para “sumar y multiplicar” las posibilidades en el logro de las mayorías simples y calificadas necesarias para aprobar proyectos de ley.
Según los conteos provisionales, el PLN pasa de 25 a 23; el Partido Acción Ciudadana, de 18 a 11, y el Movimiento Libertario, de 5 a 10.
Asimismo, el Partido Unidad Social Cristiana, de 5 a 6; el Partido Accesibilidad Sin Exclusión, de 1 a 4; el Partido Renovación Costarricense, se queda con uno lo mismo que el Frente Amplio, y llega como nueva fracción con un solo diputado el Partido Restauración Nacional. La mayoría de los 57 diputados electos no cuenta con experiencia parlamentaria.
De ser esta la declaratoria oficial del TSE, se podría pensar que algunas de las piezas que le faltaría juntar a este rompecabezas del perfil del ministro de la Presidencia podrían ser las siguientes:
-Experiencia parlamentaria.
-Sólido conocimiento del derecho público y administrativo.
-Probados atributos en materia de diálogo, negociación, conciliación (capacidad de escucha).
-Transparencia en el ejercicio de cargos públicos.
-Capacidad para el logro de acuerdos sostenibles y viables (pragmatismo).
-De mucha confianza para la Presidenta de la República en el desarrollo de los apoyos necesarios por parte de los grupos de presión y otras organizaciones de la sociedad civil que seguirán reclamando una silla en la mesa donde se discutan los temas, problemas y sus posibles soluciones.