Estilos de Vida
El Financiero
Horacio Marín para EF

Vali Forrister

Palabras para curar sentimientos

La literatura es herramienta útil para mejorar la vida

Hay ocasiones en las que el arte no es catarsis, ni la expresión individual del talento, el pensamiento, la posición existencial o ideológica de un profesional de la expresión.

Esos son los momentos en los que las herramientas de la plástica, la música, la literatura, la danza y el teatro le prestan recursos a estudiantes, profesionales de distintos campos y trabajadores de empresas, comunidades y privados de libertad, sin pretender que estos sean artistas, pero sí que logren beneficios en la salud.

En Costa Rica hay varias iniciativas de este tipo. Una de ellas es el Sistema Nacional de Eduación Musical (Sinem), cuyo objetivo es poner un violín o un clarinete en manos de jóvenes en riesgo social.

Otra iniciativa, es el Laboratorio de investigación teatral 4 Lunas y su proyecto Actúa Mujer. El proyecto lo impulsa un grupo interdisciplinario de actores, antropólogos, sicólogos, administradores de empresas y comunicadores, que utilizan el teatro como experiencia interactiva para promover valores, como la equidad de género, en distintas comunidades.Ahora este grupo ofrecerá los beneficios del arte a los trabajadores de las empresas, como un recurso para ayudar en su vida familiar.

Este equipo, fundado por los profesionales de las artes escénicas Rachelle Esna y Horacio Marín, ha trabajado en promoción de valores en alianza con la Embajada de Alemania, el Fondo de Población de Naciones Unidas y la Fundación Fútbol por la Vida.

Ahora acaba de formar una alianza con el proyecto Act like a Grrrl, de Nashville, Tennessee, taller de escritura y producción artística que trabaja en el fortalecimiento de la identidad personal y la autoestima a partir de la escritura y las artes escénicas.

Su fundadora, Vali Forrister, estuvo en Costa Rica del 14 al 16 de julio y EF aprovechó para preguntarle sobre los beneficios de la escritura autobiográfica y creativa en la salud.

Forrister es una reconocida directora teatral en Nashville, cofundadora del grupo artístico Actors Bridge Ensemble.

¿Por qué una reconocida directora de teatro de Nashville de pronto decide enseñarle a escribir a mujeres de 11 a 19 años?

Se lo debo a mi sobrina. Una tarde me mostró un poema que ella había escrito. A mí me gustó mucho, y le dije que su escrito era bastante bueno. Entonces, ella me contestó que no era así, porque en el colegio los profesores le habían dicho que su escrito era “bastante oscuro”. Cuando le pregunté a mi sobrina qué quería ser cuando fuera adulta, ella me dijo que quería ser escritora, pero que en Nashville tenía dos opciones: convertirse en maestra o en secretaria. Entonces decidí hacer algo por ella. Empezamos con seis muchachas un taller de escritura.

¿Por qué usted, que es directora de teatro, eligió un taller de escritura y no uno de actuación?

Bueno, el taller tiene distintas fases, el primero es de escritura, el segundo es mostrar lo que escribo a las compañeras del taller y el tercero es unir esos elementos para hacer un performance o un espectáculo que integre lo trabajado, y que se muestra a la comunidad.

¿Qué beneficios encuentra en la escritura? ¿Cuál es su encanto?

Estoy convencida de que si uno cuenta una historia personal puede cambiar el mundo.

¿Una historia personal?

Sí, porque no se trata de cualquier historia. Cuando uno relata una historia real no solo toma control sobre la propia historia, sino que conecta con otras personas a las que les puede estar sucediendo lo mismo.

¿Se escribe sobre uno mismo, no tanto sobre lo que hay alrededor?

Claro, y si se escribe sobre lo que pasa alrededor, así sea un tema político o algo que hay en el barrio, se hace a partir de cómo esto lo afecta a uno.

¿Cuál es el objetivo de esto?

La escritura ayuda a ver la propia vida, mirar nuestro pasado, lo que nos ha hecho lo que somos, y nos da luces para proyectarnos en el presente y hacia el futuro.

¿Cómo distingue entre un taller de escritura de este tipo y una terapia de grupo?

No somos profesionales de la sicología, pero si surgen temas en la historia personal de las talleristas que reflejan la necesidad de tratamiento, el taller es una toma de conciencia para ellas, para que lo trabajen con un profesional del campo. No somos tampoco un grupo convencional de terapia.

¿Cuáles ejercicios propone?

Partimos definiendo el tipo de grupo que somos. Por lo general, las muchachas hablan de la necesidad de encontrar un lugar en el que sus palabras no sean juzgadas. Quieren que el equipo sea un soporte para ellas, un lugar de cariño, no de competencia.

¿Cómo empiezan a escribir?

A veces empezamos con una fotografía, una Polaroid personal. Cada uno toma una fotografía de sí mismo y escribe lo que le transmite la imagen: lo que le gusta y lo que no le gusta de sí mismo. Luego se comparte. Es interesante la reacción del grupo. A veces hay muchachas que dicen tener ojos feos, y las otras reaccionan y le hacen ver que no opinan lo mismo.

¿Son cuatro semanas de sesiones diarias?

Sí, y se trabaja escribiendo letras de canciones, poemas, textos. También se les da clases de danza y todo esto ayuda a ir preparando un espectáculo final, que se presenta a la comunidad.

¿Por qué tiene ese orden? ¿Hay alguna razón específica?

Sí. El taller está pensado en tres momentos. En el primero yo pongo en un relato, de mi puño y letra, mis propios sentimientos. A veces el relato contiene los recuerdos primeros, lo que decían nuestros padres de nosotros, cuando éramos niños. El segundo momento es compartirlo con los otros compañeros del taller. Esto es importante porque recibimos retroalimentación, y nos ayuda a tomar control de la historia. El tercero termina por consolidar la experiencia. Cuando yo soy capaz de asumir mi experiencia, mi historia, y presentarla artísticamente al público, a la comunidad, saco lo que muchas veces llevo escondido para mí y que me afecta. Tomo control de la vida.

¿De verdad funciona?

Le voy a contar una experiencia muy personal. De joven yo sufrí una violación, y sentía terror hasta de pasar por el sitio en el que había ocurrido. Si bien el agresor terminó en la cárcel y yo pude contribuir con mi declaración a que se hiciera justicia, esa experiencia me acompañó y afectó por muchos años. No fue sino hasta cuando la presenté como un monólogo de teatro, y lo hice ante la gente de la comunidad, que logré liberarme de ese peso. ¿Pero cómo lo hice?

“No como una víctima si no como una guerrera. El punto de vista con el que conté mi historia no era del de la víctima a la que hay que tenerle lástima, sino el de la guerrera que hizo algo para hacer justicia y salir adelante. En el público, una experiencia así da valor a otras personas que pueden sentirse identificadas con la historia. Y a mí, definitivamente, me quitó cualquier temor al estigma de víctima”.

Su historia es muy fuerte. ¿Hay otros casos en los que el taller haya contribuido en un proceso similar?

El programa ha funcionado también en una cárcel en Nashville. Fue impactante, pues muchas de las talleristas eran asesinas. Al final, varias de ellas dijeron que si hubieran tenido una oportunidad así cuando era adolescentes, posiblemente no estarían tras las rejas.

¿Y casos menos extremos?

Claro. Adolescentes a las que se les abren nuevas ideas sobre su futuro y se animan a estudiar carreras que antes no se habían planteado.

¿La experiencia de escribir, es válida para empresas?

Claro, es válida para adultos de distintas profesiones, porque les permite revisar sus prioridades, analizar su propio potencial. Le repito, estoy convencida de que una historia personal puede cambiar el mundo.

Libros y empresa

Gerentes lectores: El Incae ha mantenido en su plan de estudios un curso en el que se analiza la literatura de Shakespeare y de autores latinoamericanos, para discutir temas de negocios, tales como las empresas familiares en América o los valores del liderazgo en el género humano. Estos cursos han sido dictados por María Elena Carballo, ministra de Cultura en la administración Arias Sánchez (2006-2010), y Amalia Chaverri, (viceministra de Cultura, administración Pacheco De la Espriella 2002-2006).

Actúa Mujer: Un programa que impulsa el fortalecimiento de los valores de género a través del arte. Sus creadores también trabajan, por medio de las artes escénicas, proyectos artísticos, y talleres, entre padres e hijos, y están impulsando servicios de este tipo en empresas. Para contactarlos: Horacio Marín 8922-9297. Oficina 2222-54 56.

Fuente Entrevistas.

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