
josé díaz archivo gn pARA EF
País quiere más viajeros filántropos
Monteverde y Península de Osa quieren formalizar una vieja práctica que ya desarrollan varios hoteles
Edición 814Gerardo Vega y su equipo de colaboradores del Centro de Aprendizaje para la Conservación en Sarapiquí facilitan a estudiantes de tres escuelas vecinas recibir clases de inglés, así como aprender sobre valores y protección ambiental.
Lo logran gracias a un grupo de siete turistas extranjeros que durante todo el año, y desde 1993, llegan Costa Rica para hacer labores de voluntariado.
Otros viajeros que permanecen en el país apenas un mes, pagan alrededor de $400 para poder participar en proyectos comunales y convivir ese tiempo con una familia de Sarapiquí, en el norte de Heredia.
“Trabajamos en proyectos de servicio comunitario con nueve escuelas de la localidad pintándolas o atendiendo diversas necesidades. A los viajeros se les cobra una tarifa para los materiales”, comentó Vega.
Igualmente, el Hotel Finca Rosa Blanca destina 5% de sus ingresos netos para ayudar a las escuelas vecinas a solventar sus problemas básicos desde 1994.
Lo mismo han hecho los hoteles Lapa Ríos, Arenas del Mar, Punta Islita y otros desde hace muchos años sin llamarlo formalmente “filantropía del viajero”.
“Con este tipo de donaciones nos garantizamos que el dinero llegue directamente a la comunidad y evitamos que por la intermediación llegue un porcentaje pequeño de lo donado”, relató Glenn Jampol, presidente de Finca Rosa Blanca.
La experiencia de Sarapiquí y de estos hoteles se quiere repetir en la región de Monteverde y en la Península de Osa.
Destinos con necesidades
Un grupo de personas vinculadas con la conservación y el turismo –Instituto Monteverde y Fundación Corcovado– inició en noviembre pasado un proyecto para capturar parte del dinero que mueven los turistas hacia las comunidades que visitan.
En mayo arrancará un plan piloto que contempla la participación de empresas, municipalidades, escuelas y comunidad.
Además, se conformó un comité asesor que tendrá como tarea identificar los mejores modelos de filantropía, hacer el plan estratégico y definir proyectos comunitarios.
“Esto tardará entre dos y cinco años en madurar, y para que la institución que se crea pueda independizarse de cualquier asociación o fundación que la apoyó al inicio”, comentó Jannelle Wilkins, del Instituto Monteverde.
Es una excelente iniciativa, dijo Gerardo Vega, siempre y cuando las comunidades no crean que el filántropo va a resolver todos sus problemas, o que se genere un paternalismo per se que los haga pensar que sin ellos no camina nada.
Jampol también cree que el país requiere construir bases sólidas para recibir ese dinero y garantizar transparencia en todo el proceso.
46
millones de turistas de EE.UU. eligen empresas turísticas que donan ingresos a comunidad.
84%
de los viajeros filántropos dona entre $11 y $500 a individuos u organizaciones durante su viaje.
80%
de turistas entrevistados por encuesta de Crest dijo preferir hoteles socialmente responsables.
De hecho, Jampol, como presidente de la Cámara Nacional de Ecoturismo (Canaeco), apoya el plan, pero reconoce la necesidad de aprobar una ley que permita deducir de impuestos las donaciones y la filantropía.
Se refiere específicamente al sistema de exención tributaria conocida como el código 501 (c) (3) el cual favorece con la dispensa a organizaciones sin fines de lucro que operan con fines religiosos, caritativos, seguridad pública o literaria.
Viajero con conciencia
Según datos suministrados por Wilkins, se estima que en el 2007, los turistas estadounidenses movieron $229.000 millones en apoyo filantrópico.
Alejandra Monge, directora ejecutiva de la Fundación Corcovado, comentó que el año pasado el Centro de Viaje Responsable (Crest, por sus siglas en inglés) y la Universidad de Stanford, Estados Unidos, investigaron el mercado turístico de Osa y la labor por la sostenibilidad de las empresas que operan en la zona.
En Osa, la amplia biodiversidad contrasta con niveles de pobreza y migración. En el ámbito turístico –detalló Monge– destaca el ecoturismo que reúne a unos 100 hoteles pequeños (de entre 4 y 20 habitaciones) y la ausencia de cadenas hoteleras.
Según el estudio, el 60% de los ingresos por turismo se quedan en la comunidad y el sector paga el doble del salario respecto a lo que pagan otras actividades.
El informe determinó que los turistas que visitaron hoteles sostenibles en Osa estarían dispuestos a pagar hasta $170 más por la misma experiencia.
Para quienes promueven la creación en el país de una asociación o fundación que atraiga al turista filántropo, los resultados del estudio permiten visualizar un escenario positivo.
Lo anterior debido a que, según encuestas de Crest, el 80% de los turistas considera importante que los hoteles sean socialmente responsables.
Además, el 58% dijo estar a favor de colaborar en promedio con $58 para apoyar proyectos locales.
El estudio también especifica que más del 65% de los turistas de Estados Unidos y Australia y el 90% de los ingleses, considera que las empresas turísticas tienen responsabilidad de proteger el medio ambiente y ayudar a la comunidad.
En el caso de Monteverde, se trata de la quinta región más visitada de Costa Rica: recibe al año entre 200.000 y 250.000 viajeros, dijo Wilkins.
Aunque es conservacionista por tradición, las amenazas de contaminación y la escasa inversión a favor de la comunidad, colocan el destino en riesgo.
Sea Monteverde, Osa o cualquier otra región del país, lo cierto es que el proyecto se ve con buenos ojos.
Juan Carlos Ramos, presidente de la Cámara de Turismo, considera que estos recursos podrían ayudar al desarrollo de clases sociales y a diversas zonas del país.
Si fueran canalizados al sector turístico –destacó Ramos– coadyuvarían a consolidar programas como el de sostenibilidad, o bien permitirían el surgimiento de pequeñas y medianas empresas que en el caso del turismo, responden al 95% de las existentes.
El turista filántropo es aquel que ayuda a los pueblos que visita donando dinero o parte de su tiempo.
Talento local: Sus donaciones permiten mejorar calidad de vida y crear talento local. Por ejemplo, en Punta Islita el 85% del personal es de la comunidad, y se fomentan las microempresas. En Tortuguero, opera un proyecto de conservación para la tortuga marina.
Integración: El espíritu de esta filantropía es que el turista no actúe solo como quien da limosna, se debe integrar al proyecto comunitario para que funcione.
Rendir cuentas: El concepto debe catalogarse como un modelo de negocios, que rinde cuentas y genera información fluida a todos los actores.
Fuente Instituto Monteverde.




