Opinión

La educación científica

Emmanuel Hess

Apostar a la educación científica de calidad es una necesidad impostergable para el presente siglo. Se trata de preparar a nuestros jóvenes para los retos a los que se van a enfrentar como ciudadanos y profesionales un siglo lleno de adelantos científicos y tecnológicos.

A la vez, es indudable que los avances científicos van a demandar de todos sus ciudadanos competencias que se pueden desarrollar a partir de la educación científica. En este sentido, la observación, el planteamiento de premisas, la búsqueda de evidencias y la capacidad de argumentación son fundamentales en los ciudadanos que requiere el siglo XXI. Así, se hace fundamental enfocar los esfuerzos en una educación que promueva el pensamiento científico basado en la experimentación, y es por ello que lo que hoy se conoce como la educación científica basada en la indagación viene a ser una metodología bastante apropiada para que nuestros estudiantes se acerquen de una manera natural, espontánea y agradable a los conocimientos básicos, pero fundamentales de la ciencia moderna.

Todas las personas que hoy nos desempeñamos como profesionales, podemos preguntarnos: ¿cuántas veces tuvimos una experiencia de aprendizaje práctica en la clase de ciencias? Con mucha suerte podemos contar una actividad de este tipo por año escolar, o a lo mejor, nos la mandaban a hacer solitos en la casa, ayunos de la riqueza que ofrece el aprendizaje colaborativo, la discusión y argumentación grupal. Lo anterior nos recuerda que la ciencia nos la enseñaban desde el libro y la pizarra, pues aún en biología, el simple hecho de comprender la metamorfosis de una mariposa fue para muchos solo una clase teórica ¡Triste circunstancia con un país tan rico en biodiversidad!

Algunas iniciativas

Estrategia Siglo XXI, con el fuerte apoyo de la Academia Nacional de Ciencias, ha venido promoviendo en Costa Rica la metodología indagatoria como una alternativa a la forma tradicional de enseñar ciencias en nuestras aulas, inspirados y apoyados en la experiencia internacional de países como Francia, con su programa “Las manos en la masa”; Estados Unidos, con Hands-on activities ; Chile, con el programa ECBI (Enseñanza Científica basada en la Indagación), y el programa colombiano Pequeños Científicos, entre otros.

Hoy nos sentimos orgullosos de que Costa Rica ya haya incubado un programa similar, al que se le ha llamado “Aprender ciencia haciendo ciencia”.

Este programa que se viene gestando desde hace casi tres años con el apoyo de Estrategia, la Academia Nacional de Ciencias, y el decisivo involucramiento del Ministerio de Educación Pública, para el cual el MEP ha asignado ya un presupuesto significativo para que los maestros de I y II ciclo reciban una fuerte capacitación en esta metodología. Esta capacitación contará con el apoyo de una red de expertos internacionales, y tendrá además otro impacto muy importante en cuanto a que por medio de Conare se trabajará en conjunto con las universidades públicas para que, además, se genere en éstas una red nacional de expertos en este método.

Es en el interés de todos que podamos impactar la formación de nuestros niños y niñas desde muy temprana edad, no llenándolos de información, pues como bien escribió Montaigne en el siglo XVI, es mejor una mente bien ordenada que otra muy llena.

El pensamiento que se desarrolla a partir de la educación científica basada en la indagación, es sin duda un pensamiento organizado, que por supuesto no carece de contenidos, pero que acude a la curiosidad innata del ser humano para entusiasmarlos, para que por medio de la búsqueda guiada, puedan construir sus propios conocimientos científicos.

No se trata entonces solo de postar a las vocaciones científicas, sino también al pensamiento científico de manera que todos nuestros ciudadanos del siglo XXI sean capaces de resolver problemas, de proponer soluciones, de distinguir evidencias frente a tantos retos científicos y tecnológicos que se les han de presentar.

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