Arte & hábitat sui géneris
Costa Rica alberga una de las dos locaciones del mundo con la Certificación de Refugio Global de la Eco-esfera
Edición 825En una receta del menú de relajación, cita con la naturaleza y esa espiritualidad digna del arte, se encontraron los ingredientes de Monte Azul. Las instrucciones continuaban. Mezcle con estilo, agregue creatividad, sazone al gusto y prepare los sentidos.
Solo así se puede disfrutar a plenitud la experiencia de 360° de converger piezas de arte, naturaleza, colores, vida, música, reciclaje, talleres, sostenibilidad y gastronomía.
La idea fue “condimentada” hace más de dos décadas por Carlos Rojas Jara, uno de los socios. Años más tarde pudo consolidar esa visión en el valle del Chirripó, junto al empresario estadounidense Randall Langendorfer.
Pero no me crea. Anímese a realizar este recorrido verbal por Monte Azul, hotel que obtuvo la Certificación de Refugio Global de la Eco-esfera (GER por sus siglas en inglés), al cumplir con requisitos de sostenibilidad en las áreas de conservación, comunidad, cultura y comercio.
Monte Azul y el Parque Coral Isla Chumbe, en Tanzania, son los únicos lugares en el mundo en recibir este atestado emitido por la Fundación Zeitz, organización sin fines de lucro con sede central en Kenya, y con representación en Estados Unidos, Alemania y el Reino Unido.
Estación uno
En los pies del cerro Chirripó, el más alto del país, es imposible no inspirarse. Motivos sobran. Una ventana es la distancia entre el sonido del río Chirripó Pacífico y los conciertos nocturnos de chicharras, grillos y ranas.
La galería de arte se convierte en una parada obligatoria y es la excusa perfecta para alternar la mirada entre la imponente montaña y las pinturas de artistas nacionales y extranjeros.
Obras de Karla Solano, Henry Jackson (estadounidense), Álvaro Gómez (artista exclusivo de Monte Azul), José Pablo Solís, Manuel Neri (estadounidense), Federico Herrero, Ileana Moya y Esteban Fernández, entre otros, decoran las paredes.
Son más de 2.000 obras para venta y exposición. La pinturas desarrolladas en Monte Azul utilizan tintas diluidas en agua, elaboradas a base de cítricos.
La galería expone también serigrafías, grabados, fotografías y pinturas sobre papel, técnica mixta y lienzo. Ofrecen servicio de serigrafía con tintas 100% naturales y con papel reciclado.
Estación dos
Sin anuncio previo, la galería se convierte en sala de estudio y en un centro de talleres. Ahí mismo, y con la compañía artística, se imparten clases para la confección de acondicionador, champú y jabones biodegradables en 15 aromas diferentes (como café, mango y especies). Los productos son de uso diario y se comercializan en otras cinco empresas.
El aceite residual también se aprovecha para crear los detergentes biodegradables que se utilizan en el hotel boutique .
Los talleres de confección de jabones se complementan con el de monotipia, serigrafía, grabado, papel, preparación de cocteles y gastronomía.
Si al trabajar en el taller necesitara un poco de música ambiental, abra la ventana y sintonice el conjunto de aves que no logramos distinguir del todo porque se unieron para el recital. Si desea bajar el volumen, solo tendrá que cerrarla un poco.
Un romance con Morfeo
Para cuando llegue la hora del encuentro con Morfeo, podrá recibirlo en su propia galería de arte nocturna, pues cada suite está curada, y expone de 6 a 12 obras de diferentes artistas y en diferentes técnicas.
“La propuesta consiste en convivir con la obra. Experimentar a plenitud lo que significa tener un nuevo huésped en casa. Queremos que se convierta en una experiencia íntima”, señala Melissa Matamoros, curadora de la galería.
En total, 40 hectáreas conforman el proyecto y un 90% se dedica a la conservación permanente. Unos 3 km son destinados a senderos y usted puede escaparse para elegir las hortalizas que desea que le preparen. Monte Azul cuenta con una huerta propia y orgánica. Crían cabras para la elaboración de una línea propia de quesos y también conejos, para consumo propio.
Las luces en los jardines privados guían la mirada hacia la inmensidad y el silencio. Nos encontramos a 1.100 metros sobre el nivel del mar y a la altura de un encuentro con almas aventureras y artísticas que buscan una reconciliación con la voz de la montaña, del monte.

















