Opinión

Integración más robusta

Juan Daniel Alemán

A pesar de las dificultades económicas que afectan a la región, y que son motivo de particular atención, como secretario general del Sistema de la Integración Centroamericana (SICA) me siento optimista con los resultados del comercio intrarregional del 2010, según se desprende de la lectura del Boletín Estadístico de la SIECA (19.1), recién publicado electrónicamente.

Dicho boletín refleja el desempeño de las economías centroamericanas de los cinco países miembros del Sistema de la Integración Económica Centroamericana –subsistema del SICA–, al que Panamá está en proceso de adhesión. El boletín se encuentra a la disposición del público en www.sieca.int .

El 2010 fue especialmente difícil para los países centroamericanos que, a diferencia de los americanos del sur, no poseen el tipo de producción agrícola o mineral en gran escala de rubros apetecidos por los países del Oriente, los cuales, como bien se sabe, se han convertido en grandes importadores de bienes como la soja, por ejemplo.

Mientras el mundo creció un 4,8% en el 2010 respecto al 2009, China creció 10,5%, América Latina 5,7% y Centroamérica 2,9%, con Costa Rica y Nicaragua liderando el grupo con 4,2% y 4,5%, respectivamente.

Sin embargo, y según cifras proporcionadas por los bancos centrales, las exportaciones intrarregionales crecieron un 9,3% y las importaciones intrarregionales crecieron un 5,5%, dando así una clara demostración de dinamismo.

Como país vendedor, Guatemala lidera con un 36,9% del total, seguida por El Salvador con 26,4% y Costa Rica con 21,7%. Como país comprador, lidera El Salvador con 26,0%, seguido de Guatemala con 23,9%. El país cuyas exportaciones crecieron más rápidamente fue El Salvador, con un 18,8%, seguido de Guatemala con un 13,9% y luego Costa Rica, con un 7,0%. Y fueron las importaciones costarricenses las que más rápidamente crecieron del 2009 al 2010, con un 20,5%, aunque debe señalarse que mientras Costa Rica exportó $1.251.884.000, importó $649.928.000, o sea, un balance favorable de casi el doble.

La exportación costarricense (un 13% del total) cobra más importancia al ser evaluada, pues es mayoritariamente de carácter industrial, tanto de bienes finales como intermedios, que tienden a ser de un valor agregado alto, con participación importante de medianas y pequeñas empresas, muchas por la vía de los encadenamientos, que son tan importantes en una economía moderna como medio para aprovechar la capacidad productiva potencial, desconcentrar la propiedad y crear oportunidades de desarrollo para todos los subsectores empresariales.

Las cifras dan fe de que a pesar de que el comercio intrarregional no es suficiente para generar el crecimiento requerido por las economías centroamericanas en su globalidad, sí es un rubro importante y, posiblemente, crítico para muchas empresas, tanto productoras industriales como de productos frescos, en muchos casos claves para sectores en franco crecimiento, como el turismo.

Para otras empresas, su participación en el comercio intrarregional no es solamente un excelente laboratorio para salir con experiencia a competir en terceros mercados sino, además, una base de mercado amigable y familiar, que reduce el riesgo de competir en aquellos.

Comercio e integración

El comercio intrarregional demuestra ser dinámico y competitivo internacionalmente, como reflejo de una integración cada vez más abierta, donde los encadenamientos del sector manufacturero con los otros sectores se van poco a poco convirtiendo en la norma, como es el caso ya expuesto del turismo, pero también el ambiental o el de infraestructura, entre otros.

Sin duda, el fortalecimiento del comercio intrarregional a un ritmo de crecimiento mayor que el de la producción total denota un extraordinario esfuerzo empresarial, estimulado por la deseable transnacionalización del capital en el plano intrarregional, así como por el andamiaje institucional del SICA –del que SIECA es parte fundamental–, pero no suficiente, en virtud del importante desarrollo complementario de la integración regional, en sectores donde tradicionalmente no se había dado antes de 1991, año en que se crea el SICA.

Lo anterior sin duda fomenta encadenamientos productivos, sinergias y economías de escala. Asimismo, es notable el creciente papel que hoy en día desempeña la sociedad civil, incluyendo al sector empresarial.

Como las estadísticas comerciales lo demuestran, la integración funciona y crece. Los logros en áreas de trabajo menos visibles o tangibles son sólidos y dinámicos. Debemos los que trabajamos en integración hacer un mayor esfuerzo de divulgación y motivar al ciudadano centroamericano a utilizar nuestros medios de comunicación electrónica y leer lo que se publica en la prensa al respecto.

Sin embargo, la lucha sin fin y la visión de una Centroamérica unida sin llegar necesariamente a la integración política, aunque sí disfrutando de una próspera unión económica con la capacidad para generar la ciencia y la tecnología requerida y oportunidades para todos los habitantes, son motivo suficiente para seguir impulsando el proceso. Al fin de cuentas, todos ganamos.

Desintegrados somos ocho pequeños países; integrados no somos grandes en tamaño, pero si mucho más respetables como mercado y un bloque en los foros internacionales de ocho votos, nada despreciable. Por eso, ningún país puede quedarse atrás; no podemos perder la perspectiva estratégica, plenamente promisoria.

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