Anne Aronson busca una escolaridad feliz para niños y jóvenes


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Los profesores que gritan, las estructuras educativas cuadradas e inflexibles, los niños diferentes evaluados con pruebas iguales, el freno a la creatividad y la imaginación y muchas otras características más de escuelas y colegios de todo el mundo llevaron a Anne Aronson a plantear su propia visión académica.

Esta madre de cinco hijos llegó a Costa Rica hace poco menos de cuatro décadas, pero hace 23 años comenzó el proyecto al que consagró la mayor parte de su vida: The European School, en San Pablo de Heredia, un centro educativo humanista, enfocado en la formación artística y literaria, como impulso para el desarrollo integral de los alumnos.

“Quiero tener niños fuertes, que al terminar el colegio tengan alguna idea de quiénes son ellos y qué es lo que quieren hacer. Quiero que hayan tenido una escolaridad feliz”, explica Aronson.

Las herramientas para conseguirlo son pocas y sencillas: grupos de no más de 20 niños, atención personal a cada uno, mucho arte, mucha lectura y mucha libertad de la mano con una disciplina férrea en buenos modales para todas las actividades: desde la convivencia en el aula hasta la comida.

“No se permite traer ningún tipo de comida, tenemos un comedor donde casi no hay azúcar ni carne, nunca se fríe y hay un menú distinto para todos los días del mes. Es sumamente variado, al igual que la literatura. Hay dos tandas de comida al día, con una maestra por mesa; yo siempre estoy ahí y cuidamos los hábitos”, explica Miss Anne, como le dicen todos en la escuela.

“No hay quite con la comida, tienen que comérsela. Aprenden a comer berenjena, zucchini ... y eso es un tema. La comida en la casa es una manera para el niño de controlar a los papás, que piensan ‘¡Ay pobrecito mi chiquito no está comiendo, se va a morir!’. No se preocupe, no se va a morir de hambre ¡aprenden rapidito!”, asegura con una sonrisa.

Pero estas medidas se parecen tanto a su creadora que no incluyen enojo o regaños, simplemente son las reglas y quien entra sabe que debe seguirlas. Partiendo de ese acuerdo, toda negociación es posible.

“Aquí no se grita, no se castiga y no hay ningún motivo para hacerlo. A veces, en la mayoría de los casos, un niño que hace una travesura tiene una razón detrás, los padres se están divorciando, hay una enfermedad en la familia, el niño tiene problemas personales. Si uno entiende eso, ahí para el problema, y el niño queda muy agradecido”, dice.

Detalles con propósito

Detrás del menú variado, las lecciones de arte con estilo libre y las clases de literatura de todo el mundo hay un objetivo puntual: abrir la mente de los pequeños.

Hace 23 años recibió la aprobación del Ministerio de Educación sin mayores exigencias o supervisión, y lo agradece. “Vivimos en una época donde todo tiene que ser revisado, controlado, y eso como que le quita la creatividad a la gente”, dice.

Ante esto, le consultamos si esta falta de creatividad hace que todo terminando siendo igual y sentencia “Sí, igual y poco, porque si menos se hace tal vez menos problemas tenemos”.

Claro, la creatividad y libertad deben tener si no límites sí parámetros, y para The European School y su creadora, la evaluación de la propuesta llega cada año, con la “cosecha” de la generación saliente, que sin variaciones ha graduado al 100% de los estudiantes en Bachillerato Internacional, desde el primer año.

“La gran mayoría entran a kínder y salen hasta bachillerato. Tal vez por eso es que los promedios en el Bachillerato Internacional van subiendo año tras a año, porque son niños que han venido con nosotros desde el inicio y han tenido una escolaridad muy acompañada. Pienso que esa visión internacional de la literatura es lo que nos ha dado el empujón para ser exitosos en el Bachillerato”, asegura Aronson.

Además, el avance anual se mantiene casi inalterable: muy pocos niños repiten el año, casi todos en kínder o preparatoria, cuando los educadores encargados consideran que no tienen la madurez para avanzar.

“Ahora que ambos padres trabajan, no están en la casa y tienen un hijo único, es un desastre. Y es interesante que ahora los niños son más y más viejos: antes fácilmente en primer grado tenía niños de 6 años, ahora es casi imposible, les falta madurez. Nuestro promedio es 7 años iniciando primaria. En este momento tenemos un niño repitiendo en primer grado y es sumamente inmaduro. Es chiquitito todavía, entonces ¿para qué molestarlo con tener que escribir y forzarlo en cosas que no disfruta?”, señala.

Ese es el secreto: que los niños disfruten el aprendizaje para que sea verdaderamente provechoso, porque desde primer grado tienen asignaciones de lectura de textos internacionales todos los días del curso lectivo. ¡Imagínese el mal rato que pasarían si no pueden disfrutarlo!

Tal vez por eso, el énfasis del diseño está en los pequeñitos: su pabellón tiene los baños para su tamaño, los lavatorios e incluso un ventanal repleto de muñecas de diferentes partes del mundo, que reflejan el espíritu de la escuela. Y este año hay una novedad: entrará la primera generación que pasó por proceso selectivo, que evalúa más a los papás.

“En setiembre invitamos a desayunar –un sábado en la mañana– a los aspirantes padre, madre y el hijo. Ahí fuimos testigos de los berrinches. Niños berrincheros no queremos. Estoy muy ansiosa de ver cuál va a ser el resultado, porque este año vamos a tener a esos niños aquí por primera vez y vamos a ver si verdaderamente tuvimos el toque para elegir”, dice.

Ingresarán un máximo de 40, pues arman dos grupos de 20 en cada nivel, para asegurar dos condiciones que Aronson considera fundamentales: que todos puedan participar y que todos reciban atención directa.

“Tenemos niños que molestan a otros o hacen bromas de mal gusto, como en todas partes, pero lo detectamos antes de que sea un problema y lo paramos. Y si la maestra o la directora del área no consiguen un cambio de conducta, mandan al estudiante a mi oficina, ahí resolvemos todo. La última medida es decirles que tal vez debamos buscar otra escuela para él o ella y ya, porque ninguno quiere irse”, asegura Anne.

De hecho, esa valoración de la experiencia académica y social que brinda The European School es uno de los requisitos para permanecer en la escuela ( tanto para la población que pagan como para la gran cantidad de estudiantes becados de la comunidad.

“Si un niño no tiene esto, no puede seguir aquí. No quiero que vengan solo para decir que pueden tener a sus hijos en el Europeo, por estatus. Yo les presento la filosofía, para que sepan si quieren compartirla”, dice Anne.

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