Clase Ejecutiva: A los padres que se drogan


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Yo, que no soy buena, le pregunté a una conocida, respetada profesional y consumidora ocasional de cannabis –cuando recién acababa de sumarse al gremio de los padres de familia–, a qué edad imaginaba que empezarían sus retoños a consumir. “A los dieciocho… ¡Ay, no, qué horror, a los veinte!” “¿A esa edad empezaste vos?” Claro que no.

Todos conocemos a alguien que se droga. No nos llamemos al engaño: muchas veces se drogan los hijos porque se drogan los padres. Hay quienes viven el hecho como una debilidad que ocultan, hay quienes lo reivindican como una justa transgresión a una sociedad represiva. Como sea. Hace nada se comprobó científicamente que incluso la hermanita menor de las drogas, la marihuana, ese estupefaciente “natural” (siempre me ha sorprendido el argumento: ¿naturales no son también una terciopelo, los hongos venenosos?), provoca daños en el desarrollo del cerebro de los adolescentes. No hablemos ya de ser el portillo para acceder a otras drogas, la ruptura de un tabú. (Quién ha dicho que todos los tabúes son malos: pensemos, si no, en el del incesto.)

Coincidiremos, incluso aquellos que pretenden la legalización de su consumo, en que para los menores de edad, resulta nocivo.

Insto, por lo tanto, a los padres de familia, a sostener un discurso coherente y a proteger a sus hijos. Si consideran legítima su posición, fundaméntenla. El daño que causa la doble moral también es muy destructivo. (Y no me restrinjo a las drogas ilícitas: cuántas familias que prohíben el alcohol a sus hijos menores, toleran en una fiesta bajo su techo que traigan y tomen los hijos de otros, lavándose las manos cual cándidos Pilatos.)

Y por favor, si sus hijos ya consumen, al menos refrenen su proselitismo. (¡Parece política: siempre buscan simpatizantes!) En una edad en la que desafiar la autoridad de los adultos constituye la más alta aspiración, nada más magnético que un líder negativo.

Si tuvimos hijos, velemos por su derecho a la salud. Si no nos sentimos capaces, mejor no los tengamos.

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