Columna Clase ejecutiva: Dar al cine lo que es del cine


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Nacimos en los sesentas. Vimos a la televisión acceder al trono y derrocar al radioteatro, a la modestia artesanal del polígrafo caer rendida ante la omnipotencia de la fotocopiadora. Aprendimos a usar télex y aprendimos a olvidarlo.

Usamos fax. (Todavía lo usamos.) Asistimos incrédulos al parto mundial de las computadoras personales. La revolución que nos tocó, quién lo hubiera creído, fue tecnológica y desenjauló la fiera de la información.

La revolución tecnológica nos liberó y nos encadenó a Internet. De la invención de la rueda para acá, no hay generación que haya presenciado tanto en tan poco. Estamos abrumados.

Nacimos en los sesentas. Vimos cine perdidos en la inmensidad trasatlántica del Rex, vimos las calles del este poblarse de teatros, a la danza alzar el vuelo, tuvimos orquestas de estatura, festivales inéditos. Aprendimos a dar y recibir el arte nuestro de cada día.

Y hoy se dio el prodigio. Gustavo Fallas filma en Puntarenas su Puerto Padre y recibe el Zenith de Plata del Festival de Montreal, entre un turco y un alemán, y nos pone con orgullo rostro y nombre en la cinematografía mundial. Ernesto Villalobos filma el amor de un hombre por su gallo y Por las plumas será visto (¡cuándo en la historia!) por los televidentes norteamericanos. Laura Astorga lleva a Berlín las Princesas Rojas de su infancia centroamericana. De la nada. O de casi nada. Porque seguimos siendo un país sin ley de cine que ampare, impulse, propicie, proteja la aplastante contundencia de este talento.

Por eso es que el Primero de enero de Erika Bagnarello ya no se filmó aquí, sino en República Dominicana, donde encontró “oportunidad, financiamiento, posibilidades”. Y una ley de cine como se debe y como ya existe en casi todo país latino que se precie, abierto a producir este oro inteligente.

Nacimos en los sesentas. Asistimos con aliento contenido al nacimiento del arte audiovisual en Costa Rica.

Señores diputados, no defrauden a la historia. Cúbranse de honor aprobando la ley de cine.

Sostenbilidad y financiamiento