Columna Clase Ejecutiva: La vejez está de moda


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-Antes la gente se casaba para toda la vida.

-Sí, pero es que la vida no duraba nada…

Cuánto dura una existencia, cuándo empezamos a ser adultos y cuándo decididamente viejos, es una realidad que cambia con las épocas. Romeo se casó de dieciséis, Julieta rayando los catorce. Néstor, el venerable anciano de La Ilíada , reverenciado por su asombrosa longevidad, se calcula que frisaba ¡los cincuenta! Mamá se casó a los veintiséis, cuando ya la daban por solterona. Incluso mi generación contrajo nupcias recién pasados los veinte.

Hoy día, continuando con ese intento griego por parecernos a los dioses, hemos logrado (ciencia y medicina en mano), a falta de eternidad, estirar nuestra existencia.

No obstante, hay un pequeño lunar en esta historia: en esta particular transición hacia la vida centenaria encontramos a nonagenarios padres afanosamente cuidados por sus extenuados retoños… septuagenarios. Algo salió mal. Los septuagenarios están, si cabe, para que los cuiden, no para lo contrario. Y caemos en cuenta de que, por el momento, lo que hemos agregado a nuestra vida son más años de vejez. La juventud, al menos para las mujeres, sigue durando lo mismo. La menopausia de la Sara de Abraham dio su campanazo a una edad parecida a la que lo dio la nuestra. Nuestra fecundidad dura lo mismo y con ello, por nimiedades hormonales y otros devaneos del cuerpo, nuestra juventud también. (Aunque mal esté citar a Sara, excepción a la regla.)

Mientras descubrimos cómo prolongar la juventud (y no hablo de cosmética) no nos queda más remedio que intentar, al menos, ser viejos sanos.

A punta de hortalizas, arroz integral y caminatas se pueden conjurar, con un poco de suerte, hasta las maldiciones genéticas.

La vejez está de moda. Seremos muchos. Es la aventura del futuro. La inversión es ya.

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