CLASE EJECUTIVA

Columna Clase Ejecutiva: Los mejores coleccionistas


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Tuve la oportunidad de visitar una casa en San José que alberga una colección de objetos valiosos, además de cuadros y esculturas de artistas costarricenses.

Los coleccionistas originales vivieron el apogeo de sus días entre las décadas del 50 y el 70, cuando se convirtieron en verdaderos mecenas del arte local, que luchaba por encontrar un lugar dentro de la cultura nacional. No olvidemos que no es sino hasta el año 1977 que se inaugura el Museo de Arte Costarricense (MAC), cuyo advenimiento instaura a ciertos artistas como íconos del arte en Costa Rica. La colección pasó eventualmente a manos de los herederos legales, quienes han decidido disponer de algunas de estas obras para insertarlas en el mercado local.

Recorriendo la colección, compuesta por unas 200 pinturas, igual número de obras en papel y unas 40 esculturas, saltan por aquí y por allá nombres de artistas que hoy se encuentran entre lo más representativo y apreciado del arte local: Francisco Amighetti, Lola Fernández o Manuel de La Cruz González. La legitimación que provee el MAC es un dato que no pasa desapercibido a las nuevas generaciones de coleccionistas, quienes ya se han adelantado a comprar las piezas más valiosas. Con esto en mente, se puede afirmar que entre el 90% y el 80% de esta colección está compuesta por obras y autores que jamás entraron a las colecciones del MAC, y que por lo tanto no han sido legitimadas.

Es interesante constatar este rol del MAC, que aunque previsible, constituye un fenómeno relativamente nuevo en el panorama del coleccionismo en nuestro país ¿Cuáles criterios siguieron entonces estos coleccionistas pioneros para escoger las obras que iban adquiriendo? No compraron para especular, pues no había un mercado del arte entonces, y hoy solo existe uno incipiente. Podríamos decir que al final siguieron la regla de oro de los mejores coleccionistas de arte del mundo: compraron basados en empatías personales con autores y obras determinadas. O sea, compraron con el corazón.

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